En China, el Festival de Medio Otoño de este año ha traído un regalo especial para sus ciudadanos: un impresionante meteoro iluminó el pasado cuatro de octubre los cielos del país. Numerosas cámaras grabaron el inusual evento, dejando un maravilloso vídeo con el que disfrutar de algo tan poco frecuente como llamativo. ¿Qué sabemos de este meteoro chino?

Una bola de fuego cruzó China

Provincia de Yunnan, cuatro de octubre, una fecha que coincide con la celebración del festival de la cosecha o Festival del Medio Otoño en China, con la llegada de la luna llena. A las ocho de la tarde de pronto, una bola de fuego cruza el cielo de la provincia, iluminando durante unos largos segundos el cielo. Al final de su corto pero intenso vuelo estalla, creando un una luz cegadora, como si de un pequeño sol se tratase. El bólido de China no llegó a caer en el suelo, como se aprecia en las imágenes recogidas por los videoaficionados. Y menos mal.

Según recoge la NASA, que lleva estudiando y registrando este tipo de elementos desde 1988, el dichoso meteoro alcanzó una velocidad de catorce kilómetros por segundo y explotó a treinta y siete kilómetros de altura con una fuerzaa equivalente a 540 toneladas de TNT, es decir, medio kilotón de potencia. Hay que aclarar que en el caso de que hubiera llegado al suelo, probablemente no lo hubiera hecho con semejante intensidad, ya que gran parte se habría desintegrado mucho antes. Por los vídeos grabados, este bólido nos recuerda al de Chelyabinsk, que sorprendió a los rusos en 2013, causando más de 1.000 heridos, según las autoridades.

meteoro china

Entre los problemas causados por el meteoro de Chelyabinsk se cuentan daños a los edificios e, incluso, quemaduras "solares" causadas por el brillo de la explosión. Algunos expertos afirman que los bólidos y sus explosiones aéreas podrían ser más dañinos para la vida que los propios meteoritos, que son aquellos cuerpos que terminan por caer en la Tierra. En cualquier caso, por el momento, el meteoro de China ha quedado en un espectáculo sin más, ya que no se ha reportado ningún herido ni daño material relacionado con su explosión.

Es el vigésimo en lo que va de año

Aunque no es el primero, ni mucho menos, este meteoro ha sido especialmente llamativo, uno de los más visuales que hemos podido contemplar en mucho tiempo. Según la NASA, en lo que llevamos de 2017 ya se han documentado veinte bolas de fuego surcando los cielos. Pero este tampoco ha sido el más potente. Atendiendo al Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra, el bólido que ostenta ese récord, este año, se observó en mitad del océano, al sur de Australia, en el Atlántico, cerca de las Islas Bermudas. Su potencia alcanzó nada menos que los 2,9 kilotones. Por supuesto, sólo los satélites estaban ahí para registrar el evento, aunque es una zona bastante "concurrida" para ser alta mar.

Para que nos hagamos una idea, son cientos los bólidos registrados a lo largo del año en todo el planeta, aunque no todos son apreciables a simple vista. Por supuesto, muy pocos son tan vistosos como este meteoro chino, cuya composición química probablemente fuese rica en magnesio, cobre y hierro, por sus colores, aunque todavía no lo sabemos. Es interesante la comparativa entre este meteoro, que se registró con una fuerza notable, pero que fue mucho menor que el de Chelyabinsk, el cual alcanzó los 440 kilotones de potencia a unos veintitrés kilómetros de altura. Las agencias espaciales siguen muy interesadas en estudiar este tipo de elementos.

En el caso de que otro elemento como el de Rusia estallase, o, aún peor, cayese sobre la superficie terrestre, podría provocar un trágico desastre. Especialmente si lo hiciese en una zona poblada. Por otra parte, los expertos también están preocupados por los meteoritos de potencial catastrófico. Para ello existen equipos y propuestas científicas serias trabajando en el hipotético caso de que tuviéramos que defendernos de un evento así. Y es que, por el momento, no hay razón para preocuparse. Podemos seguir disfrutando de las estrellas fugaces y los bólidos que iluminan el cielo otoñal sentados tranquilamente en el porche de nuestra casa.