Como no podía ser de otro modo porque es lo que manda la costumbre en el Universo Cinematográfico de Marvel, su décima sexta entrega, Spider-Man: Homecoming, contiene un par de escenas poscréditos como guinda al satisfactorio espectáculo que uno ha visto justo antes. Esto suele servir para aguijonear las probables ganas que nos han quedado de ver más sobre este cosmos de superhéroes, de que la siguiente película se estrene lo antes posible sin conseguir saciarnos nunca. Y uno se percata al final de los créditos en esta nueva peripecia del adolescente mutado de que Marvel Studios es muy consciente de ello, y se permite el lujo de bromear acerca de las ansias de los espectadores por que continúen sus aventuras.

La primera escena añadida, en realidad, es intercréditos, ya que no han terminado cuando es insertada. En ella, vemos que Adrian Toomes (Michael Keaton), que se transforma en el Buitre con su traje alado de tecnología alienígena, ya es carne de prisión después de que le hayan capturado gracias a Spider-Man. Se encuentra en un pasillo con uno de los que eran sus compinches, Marc Gargan (Michael Mando), que también había sido detenido pero antes, en el Ferry de Staten Island por el FBI; y este le dice que corre el rumor de que Toomes conoce la identidad del hombre araña, y que debería revelarla por su propio bien. Sin embargo, la respuesta que Gargan obtiene es la que sigue: “Si supiera quién es Spider-Man, ya estaría muerto”.

spider-man: homecoming
Marvel Studios

La ambigüedad de sus palabras es manifiesta, así que los espectadores no saben qué es lo que quiere decir con ellas exactamente. Quizá se proponga ocuparse del trepamuros él mismo en el momento en que tenga oportunidad de salir de prisión, o quizá se siente en deuda con nuestro joven mutante por haberle salvado la vida en su último enfrentamiento, al impedir que la explosión del material extraterrestre acabara con él: no debemos pasar por alto que Toomes es un hombre honorable pese a sus villanías, lo cual se demuestra cuando, antes del baile de instituto al que Peter Parker acude con la hija de este, Liz (Laura Harrier), le brinda al muchacho en el coche la oportunidad de irse a su casa sin un rasguño si no se entromete en sus negocios de nuevo.

Sea como sea, además de sugerirnos hacia dónde podría ir las próximas tramas sobre Spidey, esta escena sirve sin duda para dejarnos claro que su identidad civil está segura porque Toomes no tiene ninguna intención de abrir la boca al respecto. Sin embargo, no es lo único que nos hace suponer con ella, pues bien nos podríamos tomar el retorno de Gargan, que luce el tatuaje de un escorpión en el cuello, como que en un futuro podría ser un personaje de mayor importancia si se convierte precisamente en el Escorpión, uno de los supervillanos contra los que lucha Spider-Man y cuyos desmanes aún no hemos contemplado en la gran pantalla, y que incluso pudiera albergar al simbionte del terrible Venom en alguno de los filmes por venir.

spider-man: homecoming
Marvel Studios

Y no sólo eso sino que, con los rumores de años que hay sobre una posible producción de Marvel centrada en los Seis Siniestros, los supervillanos reunidos para eliminar a Spider-Man, por lo pronto ya se conocen tres de una de sus combinaciones: el Buitre, el Escorpión y Shocker (Bokeem Woodbine), el camarada de Toomes llamado Herman Schultz, que hereda los guantes especiales después de que su jefe se cargara a su anterior portador, Jackson Brice (Logan Marshall-Green), cuando este le amenazó con hablar más de la cuenta.

Así, no cabe duda de que esta escena de los créditos es la que entraña toda la chicha que en Marvel Studios estaban dispuestos a regalarlos, porque en la segunda no quieren más que tomarnos el pelo. Se trata de una parodia de los vídeos educativos públicos que realizó el Capitán América (Chris Evans) antes de ser perseguido por los acontecimientos de Civil War (Anthony y Joe Russo, 2016), y que a algunos de nosotros nos resulta inevitable que nos recuerde al Troy McClure de Los Simpson (Matt Groening, James L. Brooks y Sam Simon, desde 1989). En esta ocasión, el Capitán habla sobre lo valiosa que es la paciencia, que unas veces es recompensada, y otras, como en este caso, no: Marvel nos saca la lengua a los seguidores más fieles de su universo cinematográfico, que persistimos con el culo en la butaca del cine hasta que concluyen los créditos, aguardando esta guinda. Así que no nos queda más que sonreír.