daniel day-lewis

Televisa.com

Desde que hace dos semanas nos sorprendió la noticia de que el actor londinense Daniel Day-Lewis se retira de la profesión a sus sesenta años, las reacciones han variado desde la lástima hasta el más que comprensible escepticismo. Lástima porque probablemente estemos hablando de uno de los mejores intérpretes de su generación y aún tendría mucho que dar de sí, y escepticismo porque quién sabe lo que decidiría si algún director de renombre le ofreciese otro de los papelones que ha conseguido durante estos cuarenta y seis años, que se dice pronto, de carrera en el cine y la televisión, muy en especial con la edad que tiene.

Si bien su primer papel se lo dieron para el filme Sunday Bloody Sunday (John Schlesinger, 1971) con casi tres lustros, aquel con el que se inició su trayectoria más relevante fue el de Colin en la oscarizada Gandhi (Richard Attenborough, 1982). Luego llegaría, entre otros, su teniente John Fryer en el remake The Bounty (Roger Donaldson, 1984), su Johnny en My Beautiful Laundrette (Stephen Frears, 1985), su Cecil Vyse en A Room with a View (James Ivory, 1985) y su Tomás en The Unbearable Lightness of Being (Philip Kaufman, 1988). Pero el que le consagró de veras fue el de Christy Brown, artista irlandés con parálisis cerebral, en My Left Foot (Jim Sheridan, 1989), por el que se llevó a casa su primer Oscar como actor protagonista, además del BAFTA correspondiente.

'The Age of Innocence' - Columbia

Más tarde, se puso en la piel de su reconocido Nathaniel Poe, heroico cazador mestizo norteamericano, para The Last of the Mohicans (Michael Mann, 1992), y quizá la mejor película en la que ha participado sea The Age of Innocence (Martin Scorsese, 1993) como Newland Archer. Por su Gerry Conlon, encarcelado tras confesar por coacción su pertenencia al IRA, de In the Name of the Father (Sheridan, 1993) volvió a ser candidato al Oscar. Y tras su John Proctor de The Crucible (Nicholas Hytner, 1996) y su Danny Flynn de The Boxer (Sheridan, 1997), la Academia de Cine estadounidense volvió a nominarlo por su inconmensurable Bill Cutting de Gangs of New York (Scorsese, 2002), el terrible gángster neoyorkino que le proporcionó su segundo BAFTA y que probablemente será el personaje con el que más se le relacione siempre.

Su Daniel Plainview de There Will Be Blood (Paul Thomas Anderson, 2007), un prospector de petróleo capaz de vender a su madre para lograr sus fines, le hizo merecedor de otro Oscar, otro BAFTA y su primer Globo de Oro. Y por su caracterización del más célebre presidente de Estados Unidos en Lincoln (Steven Spielberg, 2012) le dieron de nuevo los tres galardones. Pero todavía nos queda por ver cómo ha construido al Charles James de la nueva película, aún sin nombre, que ha dirigido Anderson este 2017, así que está por ver si debemos incluirle entre los papeles por los que será recordado.

'Gangs of New York' - Miramax

Quizá el escepticismo por la retirada de Day-Lewis no sea más que un síntoma de la esperanza de que no sea verdad pero, si uno se fija en su trayectoria, podrá percatarse de que ha participado en veintidós películas solamente en cerca de medio siglo, pues es un actor de método que siempre se ha tomado sus creaciones interpretativas con suma seriedad, escogiendo muy bien sus papeles y dejándonos atónitos con varias de sus encarnaciones. No por nada la revista Time se refirió a él en noviembre de 2012 como “el actor más grande del mundo”. Así que no habrá tomado la decisión a la ligera. Lo que ocurre es que, si los grandes no deberían morirse nunca, mucho menos abandonar la profesión cuando pueden seguir ofreciendo maravillas de sí mismos.

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