Decía Slava Rubin fundador de Indiegogo, en el marco del Startup Village en Moscú, que "el ser humano ha compartido desde el primer momento, sólo que ahora se ha hecho mucho más interesante". Con incentivos quizá. Es curioso cómo se desarrollan los acontecimientos en la vida del ser humano, que un día ponemos algo de moda y ya nos pensamos que hemos descubierto la cura a todas las enfermedades. Pero lo cierto es que, por norma general, solemos mirar hacia atrás, recalca Rubin: "nos hemos convertido en seres autónomos con el paso del tiempo, gente que no ha necesitado nada de su alrededor, pero que se está dando cuenta del mundo que tiene a su alrededor". Como en la moda, todo vuelve, y la economía no iba a ser diferente.

En otras palabras: no hemos inventado nada. Ese afamado concepto de economía colaborativa no es otra cosa que una forma de ponerle nombre a una virtud inherente al propio ser humano desde que existe en este mundo. El problema ha venido de la mano de la industria que se ha construido a su alrededor. O lo que es lo mismo: la creación de un modelo económico que antes sólo era una costumbre. Pero, si nos fijamos, a día de hoy algunas de las tecnológicas más poderosas del mundo se han construido en base a ese pilar que, como también comenta el fundador de BlaBlaCar, Nikolas Burson: "un día se le llamó economía colaborativa, pero realmente esto no cambia del día a la mañana, forma parte de un proceso que va evolucionando con el tiempo". O sea, la virtud de no inventar nada, pero a la vez cambiarlo todo en un corto espacio de tiempo, al menos para los estándares de la industria financiera. Para Ekaterina Frolovicheva de Sberbank, hay otro problema añadido y es que "los bancos y todo el entorno deben entender cómo funciona ese sistema". Sector conservador por naturaleza, ellos quieren estar ahí, pero tienen que entender su encaje. Quizá, donde mejor lo han entendido ha sido en China, donde han tomado la delante por encima de cualquiera e incluso están exportando nuevos modelos de negocio. No exentos de polémica en cualquier caso, puesto que ya son algunas las voces que claman por una burbuja en la economía basada en necesidades inocuas y pasajeras.

¿Economía colaborativa igual a destrucción?

Partamos de una dato concreto: Uber y Airbnb dejaron de pertenecer a este tipo de economía hace mucho tiempo. Ya sea por una cuestión económica y de encaje legal, más que por una voluntad propia, estas abandonaron el nido para ser compañías de toda la vida. Y sin embargo, han traído la polémica bajo el brazo.

Una pregunta recurrente es la de por qué conllevan destrucción de otro tipo de negocios. ¿Acaso esto no es lo se ha hecho toda la vida? Un modelo de negocio sale para dejar entrar a otro. Ley de vida aplicada a la empresa, como comenta Slava:

La gente siempre habla de cuando se está perdiendo algo porque los mercados son pequeños y están continuamente evolucionando. Pasó con las películas en DVD y ahora el mercado de consumo de cine en casa es más grande gracias a las plataformas de Streaming. Al final, el cierre de mercados abre otros mucho más grandes".

Todo cambio en un mercado lleva consigo ganadores y perdedores, sólo hay que saber cómo se desarrollan estos. Pero especialmente cómo entiende la ley dichos sectores. Y de esto sabe mucho BlaBlaCar, que se ha tenido que enfrentar a la ley en España en un par de ocasiones. Su CEO, Nikolas, apunta a que "los reguladores quieren parar todo, pero se está convirtiendo cada vez en algo mucho más complicado". Pero también saben que no pueden ignorar las leyes existentes. "No todas, al menos" esgrime Nikolas. "El beneficio de la innovación es mayor que todas las cosas que había antes, ellos deberían abrazar los cambios y adaptarlos al sistema". ¿Dónde queda el límite entonces? Quizá, al igual que el propio modelo, también se ha inventado y sólo hay que hacer una revisión. Veremos qué pasa.