Una de las películas sobre las que más se ha debatido en los últimas semanas es Get Out (2017), el primer largometraje que ha realizado el cómico estadounidense Jordan Peele, un thriller sobre Chris Washington (Daniel Kaluuya), un joven afroamericano que va de a la casa familiar aislada de su novia blanquita Rose Armitage (Allison Williams) para conocer a sus padres, Missy y Dean (Catherine Keener y Bradley Whitford) y a su hermano Jeremy (Caleb Landry Jones), y el ambiente se enrarece allí cada vez más por su presencia hasta que la verdad terrible sale a la luz y se monta la marimorena. La crítica internacional ha sido casi unánime en sus alabanzas del filme, y con una producción de menos de cinco millones de dólares, lleva recaudados casi 250 en todo el mundo: una rentabilidad asombrosa.

Las motivaciones de la temible familia Armitage para hacer lo que hacen no son ningún secreto para los espectadores que han visto la película: se sirven de jóvenes negros con buena planta, mujeres y hombres a los que atraen al lugar con el falso amor de Rose, para someterlos con la hipnoterapia de Missy, exhibirlos ante los clientes del oscuro negocio que tienen montado, subastarlos entre ellos y trasplantarles la conciencia del que ha pujado más por cada uno mediante una operación cerebral, que lleva acabo Dean como neurocirujano que es. De ese modo, podrán vivir conscientemente mucho más de lo que la naturaleza y la medicina general les permite, con su anfitrión como un simple pasajero inútil, y no se sabe si es posible repetir el trasplante a otro cuerpo una vez que el primer huésped haya envejecido. De ser así, la inmortalidad está al alcance de su mano si no sufren contratiempos.

Esas son las razones económicas y vitales de su comportamiento, pero hay también un doble sustrato ideológico que solamente se apunta durante el metraje y acerca del que conviene reflexionar para comprenderlo mejor. Por lo que se nos cuenta, el procedimiento de la coágula fue desarrollado unas décadas atrás por el abuelo, Roman (Richard Herd), que ha poseído el cuerpo del joven Walter (Marcus Henderson) con la cirugía y forma parte de él. Su hijo Dean, que más tarde perfeccionó el método, es quien le habla a Chris cuando le enseña la casa y las fotografías que cuelgan de sus paredes de lo fundamental: Roman perdió en su juventud una carrera de atletismo en la fase de clasificación para los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 contra Jesse Owens, el afroamericano que ganó cuatro medallas de oro delante de las narices del racista Adolf Hitler.

déjame salir
Blumhouse Productions / QC

Esta experiencia debió de influirle para idear su procedimiento. No debemos olvidar, por otra parte, que en Estados Unidos existía una numerosa corriente de simpatizantes de los nazis, ni los despiadados experimentos de estos últimos con víctimas inocentes. Y es que tanto la familia Armitage como su clientela muestran sutilmente un racismo basado en la admiración de una pretendida superioridad física de los negros, nunca intelectual, y en el derecho de los blancos a utilizarlos a su antojo y beneficiarse de ella sin escrúpulo alguno. De ahí el interés de Jeremy durante la primera cena sobre los deportes que practica Chris y sus comentarios acerca de que, si entrenara en serio, sería “una maldita bestia”, y de que él practica el jiu-jitsu, para lo que no importa la fuerza sino la mente y la estrategia según dice. Su mirada de borrachín es codiciosa, tanto como la que tiene en sus ojos la clientela que no pierde de vista al invitado al día siguiente.

Su grupo está formado por esos liberales blancos de Estados Unidos que experimentan la necesidad de dejar clarito que no son racistas diciendo toda clase de comentarios políticamente correctos, alabando exageradamente a los negros que sobresalen en la sociedad, como el ex presidente Barack Obama o el golfista Tiger Woods, y en el fondo siguen siendo una panda de burgueses hipócritas tan racistas como sus antecesores tratantes y compradores de esclavos. Y, si se une esto con el negociete sectario de los Armitage y el delirante vídeo explicativo de Roman que emiten para los secuestrados, he ahí la sátira social de Get Out, cuyo título es lo que le grita Andrew Logan King (Lakeith Stanfield) a Chris para que huya en el momento en que el flash de su cámara de fotos saca a la superficie su conciencia original: “Get out! Get out!”, es decir: “¡Vete! ¡Vete!”

Cuando atropellan al ciervo en el viaje hacia la casa familiar, Chris experimenta una malsana fascinación e inquietud por el animal agonizante debido a su culpabilidad por el fallecimiento de su madre en un atropello y fuga: él podía haber hecho que la buscaran y haberle salvado la vida pero no lo hizo, y por eso tiene pesadillas; y cuando Georgina (Betty Gabriel), a quien le trasplantaron a la abuela Armitage, se lanza contra el coche en el que huye Chris y la atropella, él no puede dejarla tirada y se la lleva consigo en el asiento del copiloto, poniéndose en peligro. E imperdible es que Dean manifestara odiar la plaga de los ciervos y que luego Chris usase la osamenta del que habían disecado para acabar con él; y la frase brutal de este al enseñarle la cocina con Georgina allí mismo: “Mi madre [la abuela] amaba su cocina, así que mantenemos un pedazo de ella aquí”. Un pedazo de su cerebro, por concretar un poco más.