toro de osborne

Sam3, Santa Pola

No somos pocos los que pensamos que el arte callejero o de exteriores, aquel que podemos contemplar mientras paseamos por las ciudades o conducimos por carreteras, no se lo valora ni se lo respeta lo suficiente, o no tanto como nos gustaría a algunos. Más si se elabora con cierta intención reivindicativa legítima, como es el caso de los detalles del Guernica de Picasso que el artista urbano Sam3 ha pintado esta semana en el toro de Osborne que se alza en la ciudad valenciana de Santa Pola, una imagen viral en las redes sociales. Él mismo ha explicado el motivo en su perfil de Facebook: “El monstruo de la guerra fue retratado en 1937 y Guernica es sólo uno de sus nombres, le gusta pastar donde hay inocentes y desarmados. Tauromaquia de cobardes. Reverencia a Picasso”. Es decir, lo suyo es una protesta contra la matanza de toros en las plazas españolas.

Pero no se trata de la primera vez que Sam3 hace algo parecido: años antes, en mayo de 2008, había pintado otros dos de estos toros, diseñados por el también artista Manolo Prieto en 1956 como valla publicitaria del brandy Veterano, para denunciar la responsabilidad en el estallido de la última gran crisis económica con la que se ha esquilmado al país: uno de ellos lo redujo a un novillo con su pintura en la misma Santa Pola, y al otro, a los puros huesos a las afueras de Madrid. Y hay que tener en cuenta que Sam3 no es ningún don nadie, pues ha dejado su huella artística en ciudades como Lisboa, Buenos Aires, Nueva York o Belén, en la que aportó su grano de arena a un proyecto de tintes políticos acerca de Israel con otros artistas internacionales.

Sam3, Santa Pola y Madrid

Sin embargo, pese a que la obra de Sam3 con estos toros sea la más conocida, otros los han utilizado para otras reivindicaciones. En 2005, el artista catalán Javier Figueredo le colocó manchas blancas al de la localidad cacereña de Casar para que pareciese una vaca suiza y le añadió un par de ubres rosadas en lugar de los genitales, y su acción tuvo dos réplicas ajenas, francamente cutres, en las cercanías de Logroño y de Barcelona, y el de esta última, que ya no existe, fue coloreado también más adelante como la bandera catalana. Y el mismo año en que aparecieron los dos toros demacrados de Sam3, el de la gallega Abavides fue bañado de color naranja como acción nacionalista simbólica contra España, y Greenpeace dibujó en uno situado a las afueras de Madrid, junto a la A-1, para pedir la reducción de las emisiones contaminantes del tráfico rodado.

En abril de 2011, el toro de Osborne que se alza en la Algaida mallorquina amaneció sin testículos y con los colores del arco iris, esto es, los de la bandera que representa al colectivo LGTBI, históricamente discriminado. Y poco después, tras ser repintado de negro, le brotaron flores coloridas y las palabras: “Ya es primavera en Son Munar”. De todas estas pinturas reivindicativas, la única que le reportó consecuencias desagradables fue a Figueredo, a quien condenaron a dos ridículos días de arresto domiciliario por su iniciativa.

LGTBI en Algaida y Greenpeace en Madrid

En la actualidad, queda menos de un centenar de toros de Osborne en toda España, y fueron declarados “patrimonio cultural y artístico de los pueblos de España” en 1994 por el Congreso, y en 1997, el Tribunal Supremo sentenció en favor de mantenerlos por “el interés estético o cultural” que entrañan. Quizá por ello y por cuestiones de identidad nacionalista hay quienes han considerado estas expresiones que se sirven de tan famosas vallas en forma de astado simple vandalismo. Pero tal vez debamos incluir su disgusto en la incomprensión, socioartística en algunos casos, que ocasiona la ceguera ideológica.

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