Desde la década de los 60, hemos visto un crecimiento masivo en la comprensión científica de lo que los animales piensan, saben y sienten. En estos días, además, son bastante frecuentes los titulares que presentan las últimas revelaciones respecto a lo que los animales son en realidad: los chimpancés reducen el estrés de sus amigos cercanos, los cerdos tienen algo parecido a personalidad y estado de ánimo, y los elefantes lloran a sus muertos —también lo hacen las ballenas—. Incluso para un lector casual termina quedando claro que, al igual que nosotros, los animales tienen vidas interiores.

¿Y los perros? Desde que comenzamos a convivir con ellos, beneficiándonos de la compañía mutua, la capacidad del mejor amigo del hombre para ladrar al cartero y buscar un palo ya es una prueba de inteligencia. Pero pueden ser mucho más brillantes que eso. Si bien, no obstante, también hay algunas cosas que mal interpretamos de estos amigos.

La cara de culpa

Probablemente ya estés familiarizado con la cara de culpa, tengas o no un perro, pues ocupa una buena cantidad de todos los gif de calidad de Internet. Si no la han visto, sugiero que tomes un descanso y la busques, bajo la advertencia de que son enternecedoras y muy adictivas de ver.

Los perros ponen esa cara cuando hacen pis en inapropiados lugares o rompen cosas que no deberían romper: la cabeza inclinada mostrando unos enormes ojos tristes.

Nathan Lents explicó recientemente en Psychology Today, que la gente que estudia el comportamiento animal llama a esa mirada: “arco de la disculpa” y que proviene de mucho antes de que los perros se domesticaran; es una parte esencial de la supervivencia canina.

Por ejemplo, los investigadores han observado que los lobos —parientes de los perros— adoptan también esta postura después de hacer algo que el resto de la manada considera socialmente inaceptable. Los perros simplemente han heredado este comportamiento y lo usan después de cualquier tipo de infracción por la que puedan ser castigados. Como animales sociales, que ansían la integración armoniosa en el grupo, el abandono o aislamiento es doloroso para ellos y ya se considera un castigo; y en realidad, lo que sienten, se parece más al miedo que a la culpa. No tiene nada que ver con la disculpa, sino más es una postura de sumisión, por eso los perros dominantes o los lobos alfa dentro de las manadas casi nunca usan la pose.

Así pues, tu perro no se siente exactamente culpable de haber mordido las patas de la mesa del salón, más bien tiene miedo porque tú mandas y puedes castigarle.

La empatía de los perros

En un estudio publicado en la revista Animal Cognition, un equipo de investigadores del comportamiento animal encontró que los perros son tan susceptibles al “contagio emocional” con los seres humanos como lo son con los miembros de su propia especie.

El estudio se hizo haciéndoles escuchar grabaciones de sonidos positivos y negativos de otros dos perros (ladridos juguetones, aullidos, etc.) y humanos (risa o llanto); y solo la escucha de estos cambiaba su comportamiento. Esto indica que los perros reconocen las diferentes valencias de los sonidos emocionales. Es decir, entienden lo que escuchan y saben diferenciar entre tristeza y felicidad. Además, los perros tendían a comportarse de la misma manera en respuesta al sonido de una emoción determinada, independientemente de si era canina o humana, lo que quiere decir que entienden por igual la tristeza o felicidad humana de la de su propia especie.

De hecho, hay material que demuestra que los perros entienden las palabras y la entonación de la voz humana, aunque la forma cómo lo dice es lo que importa cuando se trata de comunicarse con ellos. Es probable que no entiendan el mensaje, pero intuyen por el tono si este es bueno o malo.

«Científicos de Hungría escanearon los cerebros de varios perros, mientras que cada uno escuchaba el sonido de la voz de su entrenador. Descubrieron que sólo experimentan una sensación de recompensa cuando las palabras y la entonación indican elogio, independientemente de lo que digan».

Sí, su perro se le parece

Seguramente alguna vez habrás pensado que ciertas mascotas se parecen a sus dueños. Es una cosa sutil, tal vez ambos tienen sobrepeso o caminan parecido. Si lo hablas con un conocido igual te dice que es una locura, pero se equivoca; sí, la idea de que los perros se parecen a sus dueños realmente tiene alguna base: la investigación ha demostrado que las personas tienden a elegir las crías que comparten sus características físicas, en formas tanto obvias como sutiles. Las personas con sobrepeso son más propensos a tener perros carnosos, por ejemplo, pero incluso algo tan sutil como la forma de los ojos puede ser un factor. Nos atraen, en otras palabras, los animales domésticos que nos recuerdan a nosotros mismos.

Pero además, con el tiempo el perro se encarga de parecerse más a ti. La sensibilidad y capacidad para demostrar empatía del perro hace que tomen a menudo elementos de nuestra personalidad y los copien. “Por ejemplo, los perros reconocen e integran la información emocional de los seres humanos y ajustan su comportamiento a esas señales de comunicación”. Cuanto más ansioso y neurótico es el propietario, más probable es que el perro comparta esos mismos rasgos. Por otro lado, los perros de personas frías es más probable que sean relajados.

“Los propietarios y los perros son díadas sociales [un grupo de dos], e influye en uno el estrés del otro”, dice Iris Schoberl, investigador de la conducta animal en la Universidad de Viena. Los autores del estudio afirmaron también que la mitad humana de la relación es más influyente que la del perro. En otras palabras, somos más propensos a pasar en nuestros propios rasgos a nuestros perros de los que vamos a adoptar nosotros de ellos.

Amor incondicional o interés

Los ‘perretes’ son relativamente buenos estafando. Por supuesto, no mienten; no te dicen con palabras “no he comido” justo después de que alguien les diera, pero si puede sí se hará el loco al respecto a ver si cuela. También si eres dueño de uno sentirás que su amor fluctúa dependiendo de si hay comida de por medio o no.

Como nuestras mascotas pueden ser astutas y manipuladoras cuando quieren maximizar el número de delicias a ingerir, podría plantarse la duda razonable de si te ama a ti o solo a la comida que le das. Bueno, aunque eso depende bastante del perro, hay bastantes indicios de que sí sienten algo al verte… u olerte.

El olfato es el sentido más poderoso y quizás importante de los perros, así que resulta un lugar obvio para comenzar el estudio de la cognición social perro-humano. Pues bien, usando resonancia magnética funcional y los olores de los dueños, en este estudio, se intentó identificar la respuesta biológica y su dimensión. Lo que se encontró sugiere que los perros tienen una asociación positiva con el olor humano: experimentan cambios fisiológicos, incluyendo un aumento en la circulación de la oxitocina, una hormona que ejerce funciones como neuromodulador en el sistema nervioso central modulando comportamientos sociales, patrones sexuales y la conducta parental.

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