La mañana después de la victoria de Donald Trump, la democracia estaba muerta. O eso pensaron miles de personas en mi muro de Facebook, que continuaban con una vigilia de frases condenatorias hacia la democracia y fotos de Adolf Hitler.

Recordé que tanto esas personas como el mismísimo Socrates llegaron a repudiar este sistema, pero aunque el maestro griego no viviría para decirlo de seguro estaría pensando que:

La democracia nos trajo a monstruos como Adolf Hitler

Uno de los hechos más famosos sobre nuestro actual sistema de gobierno ha sido tratado por medios de alto calibre como los «peligros de la democracia» o «la fragilidad«, aquello que nos pone en riesgo de encontrarnos con uno de esos dictadores tan imponentes como sus mostachos.

No sé cuánto sepas de historia, o si siquiera distingues entre el fascista y el comediante, pero cuando nos imaginamos la llegada de Hitler al poder vemos a cientos de miles de personas con el cerebro lavado aplaudiendo y saludando. Su ascenso al poder llegó planificado justo como te lo imaginarías: un poco de suerte y muchísima intimidación.

Asumiendo el poder en 1932, las elecciones serían únicamente un año después, y como todo gran régimen totalitario, debía concentrarse en conseguir la mayoría de votos para justificar una dictadura.

El Tercer Reich llegaba finalmente a unas elecciones consiguiendo el voto popular, aunque no exactamente como lo visualizas. Usando propaganda desmesurada, acoso, matones violentos en las urnas de votación y papeletas tan trucadas que hasta los historiadores sentirían vergüenza.

—Nadie se dio cuenta, ¿verdad?

Al final pudieron salir únicamente con un 42% de los votos a favor, y considerando lo democrático que suenan las palabras de represión y miedo podemos decir que todavía la mayoría de Alemania prefería un gobierno sin tantos escuadrones de la muerte y líderes psicópatas.

Uno de los peores errores que cometemos es pensar que líderes como estos pueden llegar de manera legal y totalmente amistosa, no obstante deberíamos escuchar frases como las de Jean Jacques Rousseau para comprender otro tipo de líderes:

Si hubiera una nación de dioses, éstos se gobernarían democráticamente; pero un gobierno tan perfecto no es adecuado para los hombres.

Esperemos que simplemente sea una anécdota graciosa para dentro de cuatro años

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