La pesadilla de Uber, que por una vez no viene de las incesantes protestas de los taxistas del mundo, se desataba cuando Susan Fowler publicaba en su blog personal un complejo artículo en cual que explicaba con plenos detalles su pésima experiencia dentro de las filas de la compañía de Kalanick siendo mujer en un mundo que aún es de hombres. Los peores rasgos de las empresas de antaño volvían a resurgir de la peor forma posible como una consecución de una constante machista.

A Kalanick le faltó tiempo para ponerse manos a la obra y anunciar una investigación independiente y, con un poco de suerte, a largo plazo, ponerse a la altura de las exigencias sociales en cuanto a igualdades sociales se refiere. El problema es que la investigación ha sido encargada a Eric Holer, un fuerte dentro de las filas de Uber destinado a crear lobby de la compañía en los estamentos políticos de Estados Unidos. Pese a todo, no adelantemos acontecimientos sobre el devenir de la proporción de mujeres versus hombres en las oficinas de Uber.

En lo que sí ha tenido cierta repercusión es en el tema de los usuarios. Algunos indignados con lo acontecido han puesto pies en polvorosa y han querido salir de la aplicación. No decimos que para siempre, puesto que estos arranques sociales suelen durar más bien poco, ya que la inexistencia de un servicio que iguale los precios de Uber siempre es un efecto reclamo para volver al redil. La cuestión es que los que lo han hecho se han encontrado una sorpresa: antes de cerrar la cuenta han podido ver un interesante mensaje en el que se cuenta lo sucedido, las medidas que están tomando para solucionarlo y su esfuerzo por lograr la igualdad de género en la empresa.

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Quizá más de uno se lo piense dos veces y se arrepienta de borrar su cuenta; otros simplemente optarán por no usar la aplicación durante un tiempo hasta que el enfado se les pase o se les olvide. Lo que primero pase.

Efecto leve, pero efecto al fin y al cabo

Parece que no, pero las decisiones de empresa siempre tienen efecto sobre el volumen de descargas y usuarios. Cuando no son decisiones, sino que son acontecimientos y sucesos que se vinculan directamente a la actividad de la empresa, especialmente de índole negativa, las cifras siempre se resienten. Es probable que el texto de Flowler no tenga especial repercursión a largo plazo para Uber en las Apps Stores del mundo, pero en la compañía de transporte por ciudades aún se están resintiendo de lo que ocurrió hace escasas semanas.

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Ante la decisión de Trump de prohibir la entrada de inmigrantes a Estados Unidos y el posicionamiento en contra del gremio de los taxistas, Uber tomó la posición de seguir trabajando y, ya de paso, bajar los precios durante las horas de huelga. Craso error del que aún se están arrepintiendo.

En cuestión de minutos las valoraciones negativas subieron como la espuma alcanzando sus máximos históricos, para luego volver a su estado natural; recordemos de nuevo la mala memoria del usuario con este tipo de cosas.

¿Utilidad de estas valoraciones? Ninguna, puesto que Uber es una empresa demasiado popular y mediática, pero recuerda a las grandes empresas quién tiene la palabra en última instancia.