Si las personas con las que interactuamos todos los días tuvieran acceso a nuestros pensamientos la comunicación cotidiana sería un proceso desastroso. Si un policía nos detiene por cualquier razón, no duraría en arrestarnos luego de escuchar una inmensa y creativa serie de insultos dirigidos a su persona. Y este es apenas un ejemplo banal: los políticos se quedarían sin trabajo, las relaciones durarían pocas semanas y la honestidad sería un requerimiento para cualquier interacción. Existe una película que explora un concepto similar llamada The Invention of Lying, pero ya estoy divagando.

En un mundo como el descrito arriba, la privacidad desaparecería, resultando en una peligrosa distopía a lo Black Mirror. Científicos de la NASA han desarrollado un ingenioso sistema capaz de leer las mentes de los seres humanos, con lo que nos acercamos un poco más a un escenario aterrador.

Funciona de la siguiente manera: los seres humanos poseen pequeños sensores como botones debajo del mentón y en secciones de la garganta. Cuando reflexionamos, sea hablando con nosotros mismos o leyendo un libro silenciosamente, esos pequeños sensores imitan la modulación de las palabras que usamos al pensar. Estos minúsculos movimientos pueden ser traducidos para decodificar el lenguaje interno, haciéndolo explícito, es decir, con la tecnología adecuada, todos nuestros pensamientos pueden ser leídos decodificando el movimiento de estos sensores.

Durante un experimento se logró controlar a un par de robots a través de órdenes las cuales eran traducidas a partir de los pensamientos de los sujetos de prueba. Adhiriendo sensores a sus gargantas, los científicos fueron capaces de traducir los minúsculos movimientos que sucedían en sus gargantas en palabras como «izquierda, derecha, norte, sur, este, oeste» utilizando un sofisticado software desarrollado previamente.

Este experimento sucedió en el dos mil cuatro. Desde entonces, el presupuesto que sirvió para realizarlo fue reasignado, lo que significa que los inventores del sistema no pudieron seguir desarrollándolo. Sin embargo, Charles Jorgensen, el científico detrás del experimento original, afirmó en una entrevista que sus avances han sido retomados por varios expertos alrededor del mundo.

Una de las razones por las cuales esta tecnología no ha causado un impacto global es que los aparatos para detectar el lenguaje «sub-vocal» son poco prácticos. Jorgensen quería desarrollar un teléfono con el que nos pudiéramos comunicar a través de nuestros pensamientos, pero la tecnología no ha llegado al punto en que podamos detectar movimientos minúsculos en la laringe con facilidad.

Antes muerto que usando uno de estos aparatos para nerds.

Sin embargo, en el caso de personas que hayan perdido la habilidad para hablar como los que sufren de esclerosis lateral amiotrófica, esta tecnología podría ayudarles a comunicarse más eficientemente.

En el futuro cercano podemos aspirar a que sean desarrollados sistemas más novedosos de reconocimiento sub-vocal, acompañados con sus dispositivos respectivos. Lo importante es que ya se han hecho varios avances para llevarnos allí, pero todavía habrá que esperar unos años a que esa tecnología sea perfeccionada.

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