Si tuviésemos que reducir los tipos de espectadores solamente a dos, lo más probable es que hablásemos de aquellos que se sientan a ver una película en el cine o en su sofá para entretenerse, un interés del todo legítimo, y los que acudimos a las salas de proyección o nos acomodamos en casa frente a la pantalla que sea buscando algo grande que nos impresione de veras, que se revele como una demostración del ingenio audiovisual y narrativo de un cineasta y de sus aptitudes para brindarnos genuinas verdades emocionales. A los primeros quizá no les importe mucho la tremenda conmoción que el director indoestadounidense M. Night Shyamalan nos ha producido a los segundos con el volantazo más impresionante de Split, su último filme de estreno.

Lo insólito, sin embargo, llega en el momento en que uno se topa con dizque críticos de cine, de quienes se supone una preparación antes de analizar cualquier película, que ni se han preocupado por informarse lo bastante para comprender Split de la forma adecuada sino que les da igual hasta el punto de que a la profesionalidad de otros en este sentido la consideran el fervor de quien se santigua antes de ir a comulgar. Un respetable espectador común no tiene por qué haber visto la filmografía precedente de Shyamalan para examinar su nueva obra con una amplitud de miras justa, a no ser que se lo proponga por un sencillo rigor intelectual, pero esto es una obligación para cualquier crítico que se precie, al menos en lo que respecta a lo más granado de la misma.

De lo contrario, tal como ha ocurrido, se arriesgan a ir lanzando molestos spoilers desde su privilegiada tribuna y sus redes sociales que destruyen el efecto pretendido por el realizador con determinadas escenas de Split, y eso es cargarse la experiencia cinematográfica de los espectadores atentos, algo inadmisible en la profesión. No por nada se advirtió directamente en los pases de prensa que el propio Shyamalan había rogado que no se escribiese sobre lo que sucedía en el epílogo del filme antes del estreno: porque cambia toda la esencia de este, lo relaciona con uno anterior, matiza o completa sus explicaciones y apunta a un futuro muy estimulante para sus seguidores.

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'Unbreakable' - Touchstone Pictures

Al meollo: en la última escena de Split aparece el personaje de David Dunn tomándose un café en público, mientras se habla en las noticias de la televisión de lo sucedido durante el resto de la película con la Horda que vive en Kevin Wendell Crumb (James McAvoy), villano que a la clienta de al lado le recuerda a quien se conoce como Mr. Glass desde hace casi diecisiete años. Igual que aquí, Bruce Willis interpreta a Dunn en el cuarto y quizá mejor largometraje de Shyamalan, Unbreakable (2000), un filme con un acercamiento más realista a la figura de los superhéroes nacidos en los comics. Esta sencilla aparición es suficiente para que a los cinéfilos que siguen de cerca al cineasta casi les estalle la cabeza de gusto por todo lo que significa.

Está claro que el universo narrativo de Split y Unbreakable no sólo es el mismo sino que, además, por fin vamos a disfrutar de la secuela de la película sobre Dunn que tanto han animado a rodar a Shyamalan desde que comentó que le gustaría mucho llevarla a cabo: Split, que sirve por sí sola como desarrollo dramático, es la presentación del nuevo villano con el que se enfrentará Dunn, el filme sobre su origen, como los hay de los superhéroes en el UCM. Y la razón de que lo de Willis y su personaje no puede tratarse de un simple cameo es el sinsentido de que la historia de la Horda y del tío abusador de Casey Cooke (Brad William Henke y Anya Taylor-Joy) terminen de este modo, es decir, Shyalaman aún no han ofrecido satisfacción a los espectadores respecto a ambos, y para eso se van a tener que ver las caras con Dunn. ¡Chúpate esa, Marvel!

Por otro lado, poco antes de que llegue la Bestia, Dennis deposita con suma delicadeza un ramo de flores sobre uno de los andenes de la estación en que lo ha comprado, y como la doctora Karen Fletcher (Betty Buckley) menciona en una de sus sesiones que el padre de Crumb abandonó a su familia largándose en tren, podemos presumir que ese tren es el mismo en el que viaja Dunn al comienzo de Unbreakable, el que descarriló y él fue el único superviviente sin un solo rasguño, desvelando sus poderes sobrehumanos, como se desvelan los de Crumb en otro tren como la Bestia.

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Carteles de 'Split' y 'Unbreakable'

Y no sólo eso porque, tratándose de un único universo fílmico, las teorías de la doctora Fletcher acerca de la evolución humana a través del sufrimiento y el trauma, con una automodificación del cuerpo, hacia “lo desconocido y lo sobrenatural” también pueden aplicarse a los poderes de Dunn, o sea, aquí nos cuenta Shyamalan por qué nuestro superhéroe es como es; sin desdoblamiento de la personalidad, claro.

Además, por si estas referencias no nos dejan contentos, hemos de señalar que en el epílogo de la última película se escucha un tema muy reconocible de la banda sonora que James Newton Howard compuso para Unbreakable, y en el propio cartel de Split hay una pista monumental que la relaciona con el filme sobre Dunn: las líneas del cristal que se quiebra, que en Unbreakable aludían a la fragilidad de los huesos de Mr. Glass, y en Split, a la ruptura y la fragmentación de la personalidad de Crumb y, en un nivel más abstracto, a las heridas emocionales que rompen y modifican el carácter de una persona.

El alcance de todo ello, como se aprecia con facilidad, es superlativo en su filmografía, y de esta circunstancia debía haberse dado perfecta cuenta un crítico avezado sin que el mismo director lo confirmara, cosa que ya ha hecho en su mayor parte, pues ha ser capaz de transmitírselo a los cinéfilos y a los sencillos espectadores que lean sus análisis. Simple y llanamente, porque es su trabajo, y porque no debe arriesgarse a hundir de ninguna manera la alegría que la última revelación de Split puede implicar para los seguidores de M. Night Shyamalan a los que Unbreakable les hipnotizase gratamente de principio a fin años atrás.