Platón dedica gran parte de su obra maestra, "La República", a cómo se debe educar a la clase de los "guardianes" en una sociedad provechosa. Sócrates y sus interlocutores analizan todos los obstáculos a tratar cuando se intenta que las fuerzas de seguridad sean eficientes y justas: abolir la codicia en su alma, evitar que vivan en la pobreza para que no caigan en la tentación de abusar de su poder, educarlos desde pequeños en las artes y las ciencias para asegurarse que sean ciudadanos ejemplares, etc.

Es claro que medidas de este estilo son difíciles de aplicar. Platón lo sabía, por lo que afirmaba que debíamos tomar su República como un modelo a seguir, más que tratar de copiarlo de manera dogmática.

Tristemente, la mayoría de fuerzas policíacas a nivel mundial están plagadas de problemas que inhiben su capacidad de hacer cumplir la ley: corrupción desmedida, participación en actividades delictivas, bajos sueldos, material de trabajo risible, etc.

Solo había presupuesto para la mini-moto, el arma se la tuvo que comprar él "por la calle".

A pesar de esto, la policía japonesa es un ejemplo de que sí es posible contar con una fuerza de seguridad eficiente, inteligente y confiable; pero (spoilers) no es nada fácil.

Todo empieza con el estatus social de la profesión de policía. A diferencia de lo que sucede en otros países en que los oficiales son considerados fracasados sin otra opción, en Japón los policías ganan un sueldo decente, más alto que el que cobran la mayoría de empleados públicos.

Su entrenamiento es extremadamente riguroso y creativo. Los aspirantes sin título universitario deben entrenarse por un año, a los graduados de educación superior les corresponden seis meses. Comparado con otros regímenes prácticos, en Estados Unidos el proceso de preparación promedio para convertirse en oficial dura ocho semanas.

Ocho semanas ni siquiera es suficiente para volverse bueno en Call of Duty y a ellos ya les dan un arma.

Los cursos obligatorios en la academia de policía (existen cincuenta y siete escuelas policíacas en Japón albergando a ochenta mil aspirantes cada año) incluyen: caligrafía, arreglo de flores, ceremonia de té, escritura de poesía y flauta japonesa. También se requiere a los oficiales alcanzar el nivel de cinturón negro en Judo o una distinción similar en Kendo.

Un oficial de policía japonés es entrenado para ser un ciudadano integral y ejemplar, en vez de una máquina violenta capaz de seguir órdenes sin quejarse.

Luego del entrenamiento anual, los oficiales graduados deben pasar por cuatro meses más de entrenamiento práctico antes de ser encargados con trabajos reales en las calles. Todos estos procesos son estrictos para asegurar que solo los ciudadanos que consideren el ser policía su vocación puedan obtener el prestigioso empleo.

Además de desalentar a los potenciales criminales.

Gracias a esto, Tokyo, la ciudad más grande del mundo, cuenta con niveles muchos más bajos de violencia que otras estructuras urbanas similares. Los policías japoneses son considerados individuos respetables de confianza por la mayoría de los japoneses.

Sumado al estricto control de armas que se encuentra activo en todo el país, las muertes por armas de fuego son casi inexistentes.

Japón se encuentra en el puesto número nueve del índice global de la paz. Y tenemos razones para creer que esto se debe a su ejemplar fuerza policial.

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