Ser gay o no serlo. Esa es la cuestión en muchos lugares de México, donde las personas homosexuales no están aceptados socialmente y, en muchos casos, tampoco por sus familias.

Mientras que muchos países ven las diferentes preferencias sexuales dentro de la normalidad, en lugares como México siguen siendo motivo de disputas y desencuentros en algunos estados de la República.

Uno de los ámbitos estudiados ha sido el laboral, en el que las personas gays han sido víctimas de actos discriminatorios. Al 20% de las personas de la comunidad LGBT se les preguntó sobre su condición sexual durante una entrevista de trabajo y un 14% fueron rechazadas para el empleo por su orientación o identidad sexual, según la primera Encuesta Nacional sobre Homofobia y el Mundo Laboral en México, realizada por el sitio web Enehache, la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la organización Espolea.

Una pareja gay que va de la mano por la calle puede sentir las miradas penetrantes de las personas que les rodean. No son insultados, ni amenazados físicamente, pero notan que están siendo observados. Dependiendo de la ciudad mexicana en la que se encuentren, la situación puede quedarse en un momento incómodo, o ir a más.

El presidente mexicano Enrique Peña Nieto promovió el pasado mes de mayo una iniciativa para formalizar los matrimonios de la comunidad LGBT en toda la República, pero el Congreso de los Diputados rechazó la propuesta de ley.

Sin embargo, la capital mexicana ha logrado dar un paso adelante. El pasado martes 10 de enero, la Constitución de la Ciudad de México aprobó el derecho al matrimonio igualitario. La ley ya había sido aprobada en 2010 con la enmienda al artículo 146 del código civil para el Distrito Federal, pero el artículo número 16 de la nueva Carta capitalina ratificó el derecho como constitucional.

Se reconoce en igualdad de derechos a las familias formadas por parejas de personas LGBTTTI, con o sin hijas o hijos, que estén bajo la figura de matrimonio civil, concubinato, o alguna otra unión civil

La Constitución de la Ciudad de México pretende ser un reflejo de la sociedad moderna que vive en la capital. Una gran ciudad abierta en la que las opciones de ocio son innumerables, así como los extranjeros que habitan en ella. Para los mexicanos que viven en otros estados de la República, la metrópoli es prácticamente el único lugar de México en el que pueden mostrar libremente sus preferencias, sin necesidad de esconderse.

¿Cómo es ser homosexual en la Ciudad de México?

Mónica Redondo
Mónica Redondo

Los transgénero se suben a las barras de las discotecas con sus mejores galas, mientras sus mayores fans lanzan gritos de júbilo a su alrededor con una canción de los años 90 de fondo. Así son algunas de las fiestas en la Ciudad de México, frecuentadas por personas de todas las preferencias sexuales.

La noche es uno de los momentos más divertidos y liberadores para los citadinos, también para la comunidad LGBT, quienes encuentran espacios para bailar, ligar y tomarse una copa. Como César, un mexicano de 29 años quien afirma haber nacido gay, pero el asunto "es lidiar con la aceptación".

César explica en entrevista con Hipertextual que la vida nocturna en la capital es muy variada y puede ir desde los antros que te piden 300 pesos (unos 13 euros) para entrar en barrios de alto nivel adquisitivo como Polanco, a otros locales por el centro de la ciudad, donde se puede encontrar "desde el hippie hasta el albañil, el periodista o el abogado".

Sin embargo, César afirma que las estructuras socioeconómicas en estos lugares están muy marcadas:

Dentro de la misma comunidad existe una cierta discriminación, por el extracto social o económico. Cuando estás ligando, las preguntas son a qué te dedicas, dónde vives y si has viajado. Los gays somos muy clasistas. Es un defecto que tenemos todos.

Los antros o bares son lugares en los que la discriminación es algo poco común. Hasta en distritos como Nezahualcoyotl, en el Estado de México, las mentalidades cerradas dejan de lado sus valores éticos y morales cuando cae la noche.

Uno de los espacios más famosos en la capital es un antro con más de 30 años de experiencia en el mismo distrito, donde no faltan los bailarines desnudos, los bailes privados y la diversidad sexual.

Es chistoso porque la misma sociedad en Nezahualcoyotl ya lo ubica como fuente de empleo, llegas a la una de la mañana y hay puestos de quesadillas y gente que te cuida el coche. En ese lugar somos clientes, pero es la misma sociedad que no ve bien que un hombre vaya a las 12 del día con su novio de la mano dando una vuelta por el mercado.

En casos como este, César advierte de un rezago por una parte de la sociedad. No hay amenazas verbales ni físicas, pero la incomodidad puede notarse en escenas de la vida cotidiana como en un viaje en metro, sobre todo si la preferencia sexual de la persona es muy evidente.

El problema es que la gente confunde gay-friendly con el hecho de ignorar, hacen como si eso no existiera. Si eso no afecta a su entorno cotidiano no hay problema. No dicen nada, pero no lo aprueban.

Cuando César buscaba un departamento con su antiguo novio, los agentes de bienes raíces nunca les catalogaron como pareja aunque los dos se dieron varias muestras de cariño durante las visitas a los pisos. Los veían como dos amigos que quisieran rentar un lugar para vivir. "Piensan que mientras no lo vean, no pasa", recalca.

En la capital existen historiadores, antropólogos o filósofos que forman parte de la comunidad gay y que abordan la agenda LGBT de forma directa. Uno de los ejemplos es Ignacio Lanzagorta, politólogo y antropólogo social que escribe en varias revistas sobre temas relaciones con la homosexualidad.

En un articulo de la revista Nexos, por ejemplo, describió cómo fue su experiencia en un lugar de encuentros sexuales clandestino o, en otro, cómo la sociedad mexicana afronta la homosexualidad.

Este tipo de personajes son muy seguidos en las redes sociales por sus pocos pelos en la lengua y su naturalidad a la hora de hablar de temas relacionados con la diversidad sexual.

La Ciudad de México es, en muchos sentidos, un ejemplo de diversidad social y aceptación, amparadas por las leyes políticas. Pero que la capital goce de una cierta libertad sexual, no significa que todo el país vaya por el mismo camino.

El mismo César habla sobre amigos suyos procedentes de Monterrey o Guadalajara, quienes acabaron mudándose a la metrópoli para poder vivir tranquilamente su sexualidad. Para ellos es preferible llegar a un lugar nuevo a tener que esconderse en su ciudad de origen, donde todo el mundo les conoce.

Malvenidos al norte

Mónica Redondo
Mónica Redondo

Uriel tiene 26 años y nació en Chihuahua, aunque lleva 8 años viviendo en Ciudad Juárez. La mentalidad en el estado norteño es muy diferente a la de Ciudad de México.

En la capital, alguien puede mirar repetidamente a una pareja homosexual y mostrar su desaprobación, aunque cada día forma parte más activamente de la normalidad de la sociedad. Sin embargo, en otros estados las criticas y el bullying son prácticas comunes.

"Muchos amigos gays no les cuentan sus familias sobre su sexualidad, y hasta tienen miedo de que les vean conmigo. Muchos de ellos están hasta casados", explica Uriel en entrevista con Hipertextual.

El norteño ha sido víctima en varias ocasiones de insultos por el hecho de ser homosexual, aunque Uriel afirma que nunca ha dejado que estos le afecten en su vida diaria ni le perjudiquen.

Yo estudié una carrera totalmente machista. En una ocasión me quisieron hacer bullying en la universidad y un chico me empezó a llamar mariquita en tono despectivo. Un día le contesté y le dije que madurara, y desde ese momento dejó de molestarme.

Lo mismo ocurrió mientras trabajaba en un restaurante, donde sus compañeros le insultaban en algunas ocasiones. De nuevo, su capacidad de respuesta fue suficiente para acabar con los ofensas.

En el caso del norteño, hasta la Iglesia se ha entrometido en su sexualidad. Un cristiano se le acercó en una ocasión y le dijo: "Creo que el poder de Dios te va a hacer cambiar". Uriel le contestó que Dios así le quiere y, que si no fuera así, ya le habría enviado alguna desgracia.

Sin embargo, el joven admite que muchas personas no son tan inmunes a los insultos y las críticas, sobre todo por parte de la familia.

Un amigo mío le contó a su mamá que era gay, y ella se puso fatal y lo corrió de casa. Cuando logró regresar, el padrastro le empezó a hacer bullying y la mamá nunca se metió de por medio.

La mentalidad es diferente en la ciudad de Chihuahua a Ciudad Juárez, una ciudad fronteriza donde hay mucho turismo estadounidense, explica Uriel. El turismo dotó de cierta apertura a la ciudad, donde se pueden encontrar más bares gays que en Chihuahua. A pesar de ello, la diferencia con Ciudad de México parece abismal:

La primera vez que fui a Ciudad de México me deslumbré, hay mil bares gays, mil transexuales caminando por la calle, y parejas de la mano. Me pregunté por qué no puede ser así en todos lados.

Uriel estuvo trabajando para una asociación llamada Compañeros, que se dedica a apoyar a personas con VIH. Allí conoció a algunas personas transexuales y conoció por primera vez la crítica situación a la que se enfrentan diariamente. "Sufren bullying, las golpean, y las que se dedican a la prostitución son maltratadas".

Por desgracia, el problema se repite en casi todos los estados de la República, incluida la Ciudad de México. En el 2016, 19 transexuales fueron asesinadas en México.

Mónica Redondo
Mónica Redondo

Las mejoras avanzan a paso lento, y es difícil conseguir la aceptación a nivel nacional. Sin embargo, el reconocimiento del derecho al matrimonio igualitario en la Constitución de Ciudad de México y otras reformas políticas en otros estados del país muestran una clara intención por cambiar las cosas.

Hasta Uriel, procedente de uno de los estados más conservadores, es consciente de un cambio social, sobre todo en Ciudad Juárez. Los homosexuales cada vez tienen menos miedo a mostrar su amor en público y, aunque no faltan las miradas y comentarios de desaprobación, cada vez son menos personas las que esconden su sexualidad.