Muchos tienen el primer encuentro con ella cuando esas manos arrugadas y familiares te mecían de bebé. Venas marcadas y tatuajes de antigüedad son lo poco que recuerdo, pero en una abuela que jamás conocí —o por lo menos nunca tuve la mentalidad para hacerlo— tengo esos pequeños destellos de vejez.

Corto de dos abuelas, jamás me sentí muy desprovisto de ese amor inigualable que sólo ellas ofrecen porque mis padres se aseguraron de proveer por otros medios. Esos padres míos muy devotos, y muy motivados que una vez a la semana organizaban una reunión de oración —de hecho puedo verlos reunidos en la sala mientras escribo este artículo (vivo con ellos después de todo)— donde pude conseguir entre viejitas solitarias todo el cariño que un niño necesita.

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Sobretodo recuerda: nunca me metas en un ancianato

Una en específico habita en mis memorias. Se llamaba la señora Marcela, y con sus ochenta y tantos era uno de los miembros más activos de la comunidad. Algunos citaron en su entierro el cafecito de las mañanas que amaban tomar con ella, pero para ese momento muchos se habían olvidado de todo esto.

Era un niño que correteaba por los pasillos de su nuevo hogar, el mítico y espantoso ancianato. Asistí a mi corta edad al menos tres ocasiones, y me cuesta visualizar a la misma abuelita en cada una de ellas. Sus palabras se acortaron, o más bien fueron acortadas, siendo lo último que recuerdo de ella unas lágrimas amargas sobre el horripilante himno de Cuba que se escuchaba a unas cuantas cuadras: "Huí en balsa y ahora me meten aquí por venganza".

Se muy poco sobre la vejez pero estoy dispuesto a seguir aquella frase pase lo que pase. Y al parecer hay otra persona que piensa lo mismo que yo.

Cuando la madre del fotógrafo Tony Luciani perdió la habilidad de cuidarse a sí misma, su hijo asumió el cargo, decidiendo usar sus poderes artísticos para incluirla en sus obras como su modelo favorita. Los resultados son conmovedores, mostrando como la edad y la demencia desaparecieron:"Me di cuenta de lo viva que se sentía al participar" y como "Su juventud y excentricidad comenzaron a mostrarse".