En la última rueda de prensa del año, el presidente Barack Obama se lanzó directamente contra Rusia, culpando al Gobierno de Vladimir Putin de interferir en el proceso electoral estadounidense celebrado el noviembre pasado.

Igualmente prometió tomar represalias contra Rusia por el presunto ataque cibernético: "Algunas de ellas [de las medidas] pueden ser explícitas y públicas; otras quizá no", dijo Obama.

El presidente mencionó que en la cumbre del G-20, en China, le pidió a Putin que detuviera los hackeos. Más tarde aseguró que en "Rusia no pasa nada sin que se entere Vladimir Putin" y que los ataques cibernéticos provienen de la cúpula más alta del Gobierno ruso.

Un año antes de la elección presidencial, la CIA y el FBI reportaron intentos repetidos por vulnerar los sistemas de diversas instituciones estadounidenses, incluida la Casa Blanca, mediante correos pishing. Ambas agencias señalaron como responsables a dos grupos de hackers vinculados al Gobierno de Vladimir Putin.

John Podesta, miembro del equipo de Clinton, mordió el anzuelo en un correo falso, dando así acceso a los hackers a reveladores correos electrónicos entre los cuales había transcripciones de discursos de Hillary Clinton para el grupo financiero Goldman Sachs y estrategias para desprestigiar al precandidato demócrata Bernie Sanders en las elecciones primarias.

Obama señaló:

El hackeo ruso lo que hizo fue darle más problemas a la campaña de Hillary Clinton que a la Trump.

El aún presidente no perdió la oportunidad de lanzar una piedra a los medios de comunicacion estadounidenses al reprochar la cobertura que tuvieron los mencionados correos de Clinton durante las elecciones. "Fue una obsesión", dijo.

Desde Moscú, el vocero presidencial, Dmitry Peskov, exigió pruebas de las acusaciones de Obama, la cuales calificó de "no fundamentadas" y mencionó que el asunto comienza a ser "inapropiado."