Que nos gusta más un descuento que respirar no es un secreto. Entrenados por el consumismo, los humanos dejamos atrás toda lógica cuando vemos un letrero con un símbolo de “%” escrito en alguna tipografía bien gruesa.

En el pasado teníamos solo la festividad de Reyes, donde nos hacíamos regalos, y poco a poco fuimos adaptando la de Navidad de la forma que estas cosas ocurren: los festejos y costumbres permean entre sociedades. Nos juntamos con dos épocas de regalos en dos semanas. Luego llegó San Valentín, y las semanas temáticas creadas por los centros comerciales. Los días de oro de aquí, la semana mágica de allá.

Desde hace unos años y con la llegada de Internet, las rebajas se han convertido en una parodia de sí mismas. ¿En cuantos años tendremos la "Navidad 2: Papá Noel ahora también llega en abril"? O quizá un "San Valentín 2: enamórate otra vez". Las posibles ideas son infinitas.

Todo comenzó con el Black Friday. Un día de descuentos creado por los propios comercios, y ajeno a tradiciones, que los medios de comunicación jalean porque necesitan como al agua los ingresos de afiliación que estos comercios significan. Ese “viernes negro” pasó a ser dos días, tres días, y en años recientes ha durado una semana o más. Y cuando acaba, tenemos el Cybermonday. Los descuentos no paran.

Más tarde, Amazon, como líder del comercio electrónico que es, reunió a sus directivos con menos sentido de la ironía en una habitación durante horas y crearon el Prime Day. Una festividad de descuentos variopintos aupada por los mismos mecanismos de generar entusiasmo y anticipación.

Hoy, de nuevo, la compañía fundada por Jeff Bezos vuelve a la carga. Para dejar a los repartidores a domicilio empezar a descansar sus doloridas lumbares, crea el “Digital Day” de la chistera. Centrado en películas, aplicaciones, música y compras puramente digitales, se trata otro día lleno de descuentos, rebajas y ofertas a las que no-nos-podemos-resistir.

Recordemos entonces que vivir en un estado en el que siempre hay rebajas significa realmente que nunca hay rebajas.

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