Gracias a sus invenciones e investigaciones, Nikola Tesla es considerado uno de los hombres más influyentes del siglo XX. Su trabajo durante aquellos años resultó esencial para el desarrollo socioeconómico de la población mundial, especialmente en los campos más científicos.

No obstante, el genio de origen serbio también hizo uso de sus capacidades para engañar y subsistir durante sus últimos años de vida. Fue durante los años treinta, mientras Tesla vivía en Nueva York y se alojaba en el Waldorf Astoria, hotel en el que acumulaba una considerable deuda de 10.000 dólares.

Para afrontar el pago, Tesla ofreció a los dueños del hotel una de las mayores joyas que podía ofrecerles: un rayo de la muerte. Eso sí, el genio serbio insistió en que ninguna persona no autorizada podía abrir la caja en la que se albergaba, pues podría llegar a producirse una explosión letal.

Años más tarde, tras el fallecimiento de Nikola Tesla, un científico del MIT (Massachusetts Institute of Technology) y un integrante de la Inteligencia Naval de los Estados Unidos, acudieron a la habitación del científico, donde se encontraba aquel preciado elemento.

Cuando abrieron aquella caja, encontraron una caja decádica, un elemento completamente inofensivo y muy común en los laboratorios. Esta caja decádica era utilizada por científicos e investigadores para trabajar con circuitos experimentales y alterar diferentes parámetros del mismo (como resistencias, capacitancias, etc.). Y, por supuesto, ni era un rayo de la muerte ni estaba valorado en 10.000 dólares, como Tesla hizo creer a los responsables del hotel.

Por suerte para Tesla, su engaño no fue descubierto hasta su fallecimiento, aunque quedará para siempre como una anécdota más en la historia del peculiar científico.

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