La digitalización de los sectores y los negocios cada día es más rápida y, como era de esperar, abre el abanico de posibilidades a un sinfín de opciones y modelos de negocio. Y si la intromisión de las startups ya ha revuelto unos cuantos patios, poco le podía faltar a los restantes.

Una de ellas, de la cual se viene hablando desde hace tiempo, es la del insurtech. Y la estructura es la misma que en experiencias anteriores: seguros + tecnología. Sin sorpresas. Aunque no hay que confundirlo con uno de las primeros fallos de la era fintech: añadir una app resultona a una actividad que podríamos llamar analógica no cuenta. Los bancos han tardado unos cuantos años en comprender este concepto y, en diferentes grados, han luchado contra ello. La buena noticia es que, poco a poco, están comprendiendo que la innovación viene por otro camino. Del lado de cientos de startups que surgen en los diferentes ecosistemas y con la innovación nacida dentro de las propias empresas.

La ventaja es que el fintech ha abierto una gran parte del camino a la nueva oleada tecnológica y, además de aprender de su experiencia, permite abrir la mente a los inversores. Sólo en 2015, última cifra registrada, el sector de los seguros vinculados a la tecnología logró levantar casi 3.100 millones de dólares a nivel global según Everis. Una evolución mucho más rápida y con más importe que la registrada por el negocio del fintech en el mismo tiempo. De hecho, los problemas pueden ser hasta similares: los mayores retos a los que se enfrenta ese nuevo sector es al de la recién nombrada inversión, como cualquier otro realmente, pero sobre todo a la regulación. Al igual que ocurriese con el negocio de las finanzas, el complejo mundo de los seguros requiere la adaptación a sofisticados y complejos modelos de gestión y administración.

De forma paralela, se añade el hecho de que están surgiendo nuevos tipos de negocios que requieren nuevos tipos de cobertura de seguros. Y en esto las grandes se están poniendo al día.

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Un filón para startups, pero con truco

Las inversiones en startups en el sector insurtech ascendieron a algo menos de 100 durante el año pasado. Una cifra nada desdeñable teniendo en cuenta lo nuevo del negocio y que realmente son bastante pocas las que están operando.

En España, según cifras de octubre de 2016 de Spanishfintech, existen 45 startups dedicadas íntegramente al sector insurtech. Algunas más populares que otras y algunas de más reciente creación que otras pero todas pertenecen al nuevo y flamante sector.

Pero como ocurriese en otros tipos de negocio, hay subdivisiones que se comen gran parte del pastel. Si el mundo e-commerce está saturado de millones de pequeños marketplaces poco escalables o el del turismo con los comparadores de precios, algo similar ocurre en el sector de los seguros. De todas las opciones que han surgido en el panorama emprendedor español, 19 son diferentes tipos de comparadores. De coches, motos, sanidad o seguros de vida; muy útiles, necesarios, pero simplemente comparadores. No deja de ser una evolución de los marketplaces adaptados a un sector muy específico y de nicho. Kelisto o el famoso Rastreator serían sólo dos ejemplos populares dentro de esta amplia gama.

Al igual que pudiese suceder en el sector fintech, otro de los hitos en modelo de negocio insurtech estaría en el área de los consejos para usuarios. Fintonic, en la delgada línea de los dos mundos, puede encuadrarse en este concepto. Al igual que Wazypark, dedicado al sector de los conductores de coche. El problema es que, hasta aquí, la innovación tecnológica no es demasiado disruptiva, ni arriesgada.

Son muy pocos los que venden producto forma directa; después de todo, gestionar una empresa de seguros, ya sea tecnológica o no, requiere grandes cantidades de financiación. Soluciones tecnológicas para personas con alzheimer, con Alzup, o cualquier enfermedad de este tipo serían un nicho de mercado a explotar por esta tecnología. La presencia digital de las personas, o su necesidad de desaparecer de ella en caso de requerirlo o por un fallecimiento, es una frontera que la línea de los seguros tradicionales tienen por explorar. Bajo Llave permite crear una suerte de testamentos digitales tras la necesidad creciente de los últimos tiempos. La cuestión es que, aunque las opciones sean muchas, el margen de maniobra que tienen aún es limitado y no permite muchas posibilidades. Centrarse, por tanto, en los problemas asociados a la propia tecnología es una diferenciación que para los primeros del negocio se antoja bastante viable.

Sus opciones, de momento, se encuentran en el terreno de la firma digital o en el desarrollo de software. En España ya son seis los ejemplos de empresas, Codeoscopic o Sisnet entre ellas, que se dedican a proveer de servicios a terceros en cuestión software. La gestión de grandes cantidades de datos, información y sistemas de almacenamiento son vitales y esenciales a la hora de entrar a innovar en este sector. Es, además, pilar fundamental para los próximos años. Y por otro lado, una de las tecnologías más complejas y sofisticadas, tanto para el fintech como para el insurtech en materia de seguridad: blockchain.

Sin duda, el camino para este sector está aún muy verde, comparado con el fintech. La búsqueda de su camino y de la estabilización de los modelos de negocio deben aclararse mucho, pero está claro que el insurtech dará mucho de que hablar. Porque hasta las grandes aseguradoras están preparándose para lo que se les viene encima.