En el mundo muggle, la magia se llama ilusionismo y es un arte escénico, subjetivo, narrativo y espectáculo de habilidad e ingenio, que consiste en producir artificialmente efectos en apariencia maravillosos e inexplicables mientras se desconoce la causa que los produce. Estos efectos (desapariciones, transformaciones, uniones, lecturas de la mente y otros), que fingidamente hacen parecer realidad lo imposible, se conocen como efectos, juegos de magia, ilusiones y vulgarmente como trucos.

Dentro de la magia caben diversas especialidades: fantasistas, prestidigitadores, prestímanos, cartománticos, escamoteadores y reyes de la evasión con o sin ataduras, que protegen sus espectáculos con el compromiso del secreto profesional.

El concepto de, vamos a decir magia, existe seguramente desde tiempos inmemoriales, pero la primera vez que se habló de un mago fue en Egipto; se descubrió un papiro que se llamaba Westcar, en el que aparecía un mago llamado Dyedi que estuvo en la corte real de Khufu (Keops. El mago hacía, según el papiro, un truco consistente en cortar la cabeza a un ganso y, al decir unas palabras mágicas, devolverlo a la vida para que volviese a caminar otra vez como si nada.

Sin embargo, la magia antigua en su mayoría no era como la conocemos hoy día. Antes, se usaba para meter miedo a la gente, engañarlos o aprovecharse de ellos y se asociaba con la brujería y el carterismo. De hecho, según aquel texto, Dyedi era toda una leyenda. Se le atribuían ciento diez años de edad, unos apetitos que rivalizaban con los dioses y su mera presencia inspiraba temor.

No fue hasta después de muchos siglos que la magia empezó a entenderse con un género de diversión y a los magos como profesionales del entretenimiento. En el siglo XVII encontramos la primera vez que se utiliza la magia profesional como método para entretener a las personas. En el siglo siguiente, XVIII, nace el teatro de variedades. No obstante, el padre de la magia moderna es Robert-Houdin. Antes de él, los ilusionistas realizaban sus actos en mercados y ferias, pero Robert-Houdin actuaba en teatros y fiestas privadas por lo que empezó a usar la vestimenta de frac para encajar en el ambiente.

En lo que respecta al mago o ilusionista de hoy, los Harry Potter que pueblan nuestro mundo muggle, basan su arte en el trabajo duro para preparar su espectáculo e ingenio para engañar a nuestros sentidos. Isaac Jurado, un mago de profesión residente en Barcelona, nos ha dicho que se puede tardar 7 u 8 años para que un truco quede lo suficientemente bien: «La verdad es que en mi caso, las preparaciones suelen ser lentas, desde que empiezo, hasta que la magia esta como a mi me gusta pueden pasar 7 u 8 años, lo más complicado es la naturalidad, que todo el acto quede de tal manera que no parezca que se sigue un guion o que se note el truco. Y eso te puede llevar años, pero la verdad es que acaba siendo un trabajo muy satisfactorio».

Y lo cierto es que la gracia de la magia está en su capacidad para engañar a las personas más inteligentes y astutas. Como él dice: que no se note el truco. «De alguna manera, la magia va en contra de las leyes naturales y ese es uno de los factores por los que la gente disfruta cuando la ve. Quiero decir, si hago aparecer un elefante, frente a los ojos atónitos de 100 espectadores, seguro que se van alucinados a sus casas, ya que eso es algo que las personas no suelen ver en sus vidas cotidianas. Luego está la otra parte, no deja de ser un reto el descubrir cómo se hizo aparecer el elefante. Por eso la magia es tan atractiva».

Y esto es un punto importante, la mayoría queremos saber siempre el truco, es atractivo y a la vez muy frustrante no poder desvelar el misterio. Al menos Hermione explicaba cómo funcionaba el giratiempo. Si no nos van a volver a ver a nosotros en particular, ¿por qué dejarnos con la incertidumbre?

Los magos no explicamos los trucos por una obviedad: porque se iría la magia. El truco es lo único que tenemos los magos para aparentar que hacemos algo imposible. Tampoco repetimos las magias por un motivo más emocional. Vivir un juego de magia, es parecido al amor a primera vista. En primera estancia piensas que es maravilloso increíble, perfecto… Pero, si lo miras mucho más rato, deja de ser perfecto y comienzas a sacarle defectos. Es decir, que los magos preferimos que los espectadores vivan una primera experiencia muy intensa y se queden con ganas de más.

Al final, los magos o ilusionistas, no serán exactamente como Harry Potter, tal vez no es lo mismo sin escuela de Magia y Hechicería, ni siquiera en este caso se puede afirmar que "venga en la sangre"; pero es un arte casi ancestral que atrae a algunas personas para convertirlos en creadores de maravillas. «Yo no decidí hacerme mago, sino que surgió de una manera natural. Desde que era muy niño me sentí fascinado por la magia. Recuerdo haber visto en la televisión a magos que hacían cosas increíbles (volaban, hacían aparecer y desaparecer monedas, personas, etc.) y me fascinaba la idea de poder hacer algo así yo también. Se podría decir que yo no elegí la magia, sino que la magia me eligió a mí».

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