Para hablar de los ordenadores modulares hay que comprender que, bajo el punto de vista desde el que ahora se trata lo modular, casi toda la informática de escritorio, y parte de la portátil, ha sido tradicionalmente modular. El caso de los ordenadores portátiles es más limitado, porque lo normal es que solamente permitan ampliar almacenamiento y memoria RAM. Pero los ordenadores de escritorio, exceptuando los «todo en uno», sí son modulares, desde la visión de, por ejemplo, Project Ara.

Son modulares porque permiten modificar y mejorar cuando se desee cada una de las piezas que lo componen. Por ejemplo, es posible cambiar la placa base, la tarjeta gráfica o el procesador, así como añadir y quitar memoria, RAM, discos de almacenamientos y lectores de DVD/Blu-ray. Project Ara se basaba en las mismas premisas, adquirir un smartphone en el que ir haciendo ampliaciones cada cierto tiempo.

Pero después llegó la modularidad a los smartphones, que parece ser la misma que se está dando en ordenadores de escritorio. Y lo que aportan respecto a la visión antigua es, además de utilidad, comodidad en el proceso de ampliación y (muy limitada) «manipulación». Ya no es necesario abrir una caja atornillada, no es necesario tocar cables o conexiones a una placa.

Samsung, con el ArtPC Pulse muestra que esa es exactamente su visión. Entrega un ordenador modular con un aspecto muy acabado, pero modificable. El ejemplo más claro es el que se aprecia en el vídeo. El usuario adquiere el ordenador y por defecto tiene en su parte superior un altavoz Harman Kardon 360º. Sin embargo, es posible desenroscarlo y añadir entre el ordenador y el altavoz, que tiene que ir situado en la parte superior por su diseño, una unidad de almacenamiento propietaria.

De momento sólo existen esos dos módulos, pero Samsung puede abrir la puerta a todo lo que se nos pueda ocurrir: cámaras, micrófonos, chips gráficos de tamaño reducido, etc. Es decir, los ordenadores modulares no dejan de ser un concepto ya existente en la informática pero refinado para el siglo XXI. Ya pasó la época en la que el gran público compraba sus ordenadores a piezas, eso ha quedado para la industria gamer. El usuario normal quiere la comodidad de un producto final, y eso obtiene. A cambio, pierde un amplio mercado de piezas universales, pero, como se ha dicho, es un mercado que cada vez importa menos.

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