“¿Buscas chamba?”, dice un anuncio en la esquina de Bucareli en el corazón de la Ciudad de México, y sería un anuncio como cualquier otro de no ser porque este sólo pide dos cosas: tener ganas de vender y ser sociable. Nada más.

Se trata de un empleo en Mi Valedor, una empresa mitad editorial y mitad organización social que busca dar un oportunidad a quienes parecen haber perdido toda esperanza: las personas en situación de calle.

Mi valedor es un* Street paper* que busca que algunos de los miles de personas que viven en una situación precaria se autoempleen vendiendo ejemplares de la revista y algún día puedan reinsertarse en la sociedad. A estas personas se les conoce como "los valedores."

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El modelo es simple: a los valedores se les vende cada ejemplar a 5 pesos para que los vendan a un precio de 20, es decir por cada revista vendida los valedores ganan 15 pesos.

Detrás de este proyecto están María Portilla, Ana Nieto, Delphine Torres, Paula García, Regina Rivero y, por supuesto, los valedores, que además de distribuir y vender forman parte de la revista, literalmente. En ocasiones, sus historias, textos y dibujos forman parte del contenido que trata temas y problemáticas de la Ciudad de México.

La inspiración vino cuando María Portilla hizo una estancia en Londres donde conoció la revista The Big Issue y decidió junto con sus amigas crear algo similar en México, específicamente en la delegación Cuauhtémoc, que concentra el 50% de la población callejera de la ciudad.

¿Por qué "valedor"? "Queríamos una palabra que usaran ellos, que se identificaran y porque es muy de la Ciudad de México, todo el contenido editorial gira alrededor de la Ciudad de México. Valedor significa amigo pero también protector. Nos gustó mucho este doble sentido."

Además de ser los pilares de la imagen y canal de venta de la revista, los valedores asisten cada martes y jueves a talleres y capacitaciones que les ayudan a recuperar habilidades que la vida en la calle les arrebató: clases de teatro, yoga, dibujo, expresión corporal y otras actividades que entusiasman a los valedores y que les ayudan a hacer productos para la revista.

Además de protector y camarada, valedor significa que se es valioso, o al menos eso es lo que me explica otro de los vendedores, José Luis, quien completa sus gastos vendiendo Bon Ice:

Te hacen valer como una persona y que depende de ti que quieras trabajar. Si es bonito porque te dan un valor, ya el hecho de salir en una revista, en un volumen, te hacen sentir agradable. No seré perfecto, pero al menos salí en la revista de recuerdo y ahí está mi foto. Y a mi chavito y mi sobrinito o si tengo hijos van a decir: “Mi papá fue un valedor”. En otros lados no te toman en cuenta.

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Por ahora los valedores constantes suman 15, más algunos casos que se van y vuelven. Mi Valedor busca reclutar en albergues y comedores, sin embargo, la mayoría de los valedores superan los 35 años. ¿Por qué? “Creo que porque llevan tantos años en la calle que ya quieren salir de su situación”.

Mi Valedor se sostiene de patrocinios, comenzó operaciones e imprimió los primeros volúmenes gracias a la campaña de crowdfunding en Fondeadora. Sin embargo, Internet también les ha servido para difundir el proyecto y la problemática que atacan. “Nos ha servido mucho para que la gente vea un valedor, lo reconozca y le compre”, dice María.

¿Qué pasa si los valedores no venden todas sus revistas? Mi Valedor responde vía mail:

A través de las primeras ventas de los valedores, vamos dando cuenta de su ritmo de venta. Entonces, los asesoramos y aconsejamos para que compren una cantidad que no les agobie; o sea, que se pongan metas alcanzables. Son microempresarios a fin y al cabo, entonces es muy importante darles la oportunidad de ser responsables y tomar sus propias decisiones. Cuando no les está yendo bien en las ventas, hay varias maneras de apoyarlos: vamos a eventos y ferias de publicaciones independientes, pueden observar a otros valedores o pueden recibir acompañamiento adicional.

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De acuerdo con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) garantizar los derechos de las poblaciones callejeras es sumamente difícil porque estas personas suelen vivir en la clandestinidad, perpetuando así la pobreza y la violencia que viven desde la vulnerabilidad.

Así que si te encuentras con un valedor, no olvides hablar con él y escuchar lo que tiene que decir.