Los saltos generacionales se han terminado. Con la propuesta Microsoft sobre la mesa y las últimas revelaciones de Sony, debemos dar por muerto el modelo de cambiar de consolas cada 4-5 años y que estas representen un salto brutal de una generación a otra, que es lo que hemos estado viviendo estos años. Ahora, se vira más hacia el modelo del PC conservando algunas de las ventajas de la consola: siguen siendo sistemas cerrados pero sus mejoras son incrementales y más cortas en el tiempo, o al menos esa es la premisa inicial.

Hay muchos flecos pendientes todavía frente a la estrategia de sacar una *nueva* consola cada 3 años en vez de cada 7 u 8. Las primeras, la respuesta del mercado y de los consumidores ante la necesidad dar el salto a un modelo que, a día de hoy, tiene menos alicientes que un salto generacional, y en segundo, la respuesta de los desarrolladores ante un panorama que les obliga a mantener juegos para tres consolas diferentes, compatibles entre sí, pero limitadas unas a otras respecto a las posibilidades, máxime cuando debe respetar las bondades del juego online de forma idéntica independientemente de la versión de consola que tenga el jugador.

Aunque todavía es pronto para decirlo, con el tiempo el lastre de ir arrastrando consolas con menor potencia gráfica que el último modelo puede dar como resultado una paradoja similar a la que se da con los ports a PC: que precisamente ese lastre reduzca las posibilidades de un título por tener que dar cabida a todo el mercado. Parece que no es la intención de Microsoft o de Sony, pero todos sabemos que tarde o temprano, la industria pedirá decir adiós a la actual PS4 y Xbox One S.

Entonces volvemos al punto de partida: no tenemos generaciones, pero sí una transición más lenta a favor de ser ecuánimes y favorecer ese parque de consolas que todavía vale millones para los desarrolladores. El problema es que a día de hoy el salto, siendo realistas, no supone una ventaja a grandes rasgos como para justificar una consola más potente. El parque de TVs 4K con HDR es limitado, y ya no hablemos del contenido. Y claro, todavía está por ver que las mejoras incrementales sean capaces de mover 4K a los tan apreciados 60fps.

No habrá ningún juego exclusivo de PS4 Pro. Debido a que PS4 Pro y la PS4 son miembros de una misma familia, ambos sistemas serán totalmente compatibles con todos los títulos pasados, presentes y futuros de PS4, incluyendo PlayStation VR.

Sony ha publicado un FAQ que más para responder dudas es para tranquilizar al público. Microsoft hizo lo propio en el E3. El movimiento es tan lento que, para la inercia que tenía el mercado respecto al modelo generacional, el salto no es tan cualitativo como cuantitativo. No es que esperásemos una PS4/Xbox al nivel de un PC Master Race para mover todo en 4K a Ultra, pero lo cierto es que los anuncio de las nuevas consolas, sin nuevos títulos que demuestren su potencial frente al modelo base deja el anuncio en descafeinado, sin tener un impacto en el público como el que genera un salto generacional.

Por otro lado, dar la espalda a los usuarios generaría una fragmentación que, sin un salto generacional, sería inabarcable para el parque de consolas. Es cierto que este es el primer movimiento para cambiar el modelo. Pero demasiado tibio, demasiado sobre la marcha, improvisado y corriente.

Si el cambio generacional se va a cambiar por el incremental, todavía tienen que demostrar que merece la pena. Mientras tanto, seguimos con la sensación de estar en la generación de la transición, de la improvisación y de intentos de querer contentar a todos en vez de apostar por un salto tan cualitativo como cuantitativo, porque si esta es la alternativa al modelo generacional, tampoco estábamos tan mal.

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