A principios del siglo XIX la industria del cine en Hollywood crecía a pasos agigantados. La evolución de la misma y la introducción de nuevas tecnologías para la confección de filmes está ligada a la historia de un hombre que forjó un imperio entorno a él: Max Factor. Este nombre está ligado en nuestros días más a una línea de productos de belleza, específicamente cosméticos, que a un empresario que hizo historia entre las estrellas, y aspirantes a serlo, en la entonces floreciente meca del cine.

Max Factor, de origen polaco, siempre destacó por su innovación, y el calibrador de belleza o micrómetro de belleza (Beauty Micrometer) es uno de los tantos inventos que realizó durante su vida y profesión. Claro que, por sus características, nos asombra este invento que data del 1935.

El calibrador de belleza tenía la finalidad de detectar los defectos o imperfecciones que podían escapar al ojo humano; su ajuste alcanzaba hasta 325 posiciones distintas con una precisión de una milésima de pulgada. Una vez detectadas esas imperfecciones, un maquillista experto podía corregir los defectos con productos cosméticos.

En la nota vemos al mismísimo Max Factor y a la actriz Marjorie Reynolds utilizando el calibrador de belleza que, como podemos ver, tenía un aspecto muy peculiar; al instrumento se le comparó entonces con una máscara de béisbol, pero resulta inevitable que hoy no nos recuerde por su forma a Pinhead de Hellraiser y por su excentricidad a la pistola maquilladora de Homero.

Max Factor tenía, aparte de su línea de productos, un salón de belleza en Hollywood Boulevard en donde era habitual que lo visitaran las actrices más reconocidas de la época como: Ben Turpin, Gloria Swanson, Mary Pickford, Pola Negri, Jean Harlow, Claudette Colbert, Bette Davis, Norma Shearer, Joan Crawford o Judy Garland. Ahí llegó a desarrollar estilos propios para sus clientas y, por ende, marcar la moda entre la farándula.

Pese a que muchos de los inventos de Max Factor prosperaron y convirtieron su empresa en un emporio, el calibrador de belleza no corrió la misma suerte. Pudo haber sido por su aspecto o su base en mediciones de la frenología o simplemente que los maquillistas y el mismo inventor confiaron más en su instinto que en las mediciones milimétricas para realzar la belleza de las estrellas de Hollywood, lo que llevó al mecanismo a pronto caer en desuso y ser recordado más como un aparato curioso que por un invento innovador.

A pesar de este capitulo no tan afortunado para Max Factor, la compañía aseguró entonces que el dispositivo ayudó a Mr. Factor a comprender mejor la cara y belleza de las mujeres, aspectos a los que dedicó la mayor parte de su carrera. Así pues, a este polaco radicado en Los Ángeles desde 1904, se le deben inventos tales como el brillo para labios, los labiales de larga duración, el maquillaje a prueba de agua y un sinnúmero de invenciones más.

La historia de la empresa de este hombre tuvo muchas etapas: la propia con Max Factor, más tarde sus hijos y familia estarían al frente de este emporio durante varias exitosas décadas y se convertiría en una empresa internacional y por último para 1991, Procter & Gamble compró la compañía y sigue siendo, como sabemos, una marca reconocida.

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