La agencia espacial estadounidense ha puesto fin a los rumores que corrían como la pólvora desde hace una semana, cuando anunció la convocatoria de una rueda de prensa sobre una "sorprendente actividad" en Europa, una de las lunas de Júpiter. La NASA ha confirmado la existencia de géiseres de agua que salen disparados de la superficie del satélite hasta alcanzar los 200 kilómetros de altura, tal y como reveló inicialmente el telescopio Hubble en diciembre de 2012. Estas fumarolas de agua pueden cambiar la misión que explorará Europa durante la próxima década. La luna de Júpiter es una de las regiones del sistema solar con mayor probabilidad de albergar vida extraterrestre. Sin embargo, tal y como ha afirmado Steve Cole durante la rueda de prensa, "el hallazgo no tiene nada que ver con el descubrimiento de vida".

Europa es uno de lo satélites que Galileo descubrió en 1610 orbitando a Júpiter. La luna es considerada el lugar con mayor probabilidad de habitabilidad al contener, presumiblemente, un océano bajo la corteza helada de su superficie. La existencia de agua está relacionada con el origen de la vida en la Tierra, por lo que la detección de este líquido aumenta las posibilidades de que haya seres vivos fuera de nuestro planeta. Pero, ¿cómo podemos saber que hay un océano en el interior de Europa? El descubrimiento revelado hoy por la NASA es importante, precisamente porque cambiará las condiciones de una futura misión a este satélite de Júpiter.

Al igual que ocurre en Encédalo, la luna de Saturno, los géiseres de agua de Europa nos ayudarán a conocer más este océano interior. Y es que estos chorros conectan las profundidades del satélite jupiteriano con el espacio exterior. Cualquier sonda que sobrevuele Europa en el futuro podrá analizar estos géiseres para saber más acerca de las condiciones del hipotético océano que se esconde en su interior. Y, como consecuencia, los científicos tendrán más datos sobre el ambiente que podría albergar vida extraterrestre en Europa. Aunque, al menos de momento estas hipótesis no sean más que conjeturas sobre los misterios de la cuarta luna más grande Júpiter, bautizada así en honor a la amante de Zeus según la mitología griega.

El hallazgo de la NASA confirma los resultados preliminares que obtuvo el Hubble a finales de 2012. En aquel momento, el telescopio captó la primera evidencia de la existencia de "plumas" de agua (plumes, en inglés) que salían disparados de la superficie de Europa. En los últimos cuatro años, sin embargo, no se volvieron a detectar fumarolas gaseosas similares, por lo que se consideró que aquellos vapores observados en el polo sur de la luna jupiteriana habían sido un episodio pasajero e infrecuente. Los géiseres observados ahora son la "expresión más superficial" de estos chorros de agua que parecen emanar del interior del satélite de Júpiter. Un descubrimiento que nos permitirá estudiar con mayor detalle esta luna como potencial rincón habitable de nuestro sistema solar.

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