El 15 de septiembre, la agencia espacial china ponía en órbita su segunda estación espacial, la Tiangong-2. Un acontecimiento histórico para el país asiático, que sigue acelerando su programa espacial.

Su predecesora, la Tiangong-1, lleva en órbita desde 2011 y tras recibir tres misiones y la visita de 6 “taikonautas” —el término que China utiliza para los astronautas— fue puesta en hibernación en junio de 2013.

Tras estar en órbita durante más años de los esperados, China anunció que a finales de 2016 o inicios de 2017, maniobraría la estación hacia una reentrada controlada en la atmósfera, donde se desintegraría.

Con la fecha exacta sin establecer, astrónomos de todo el mundo empezaron a ver un comportamiento errático en la Tiangong-1 ya desde hace meses, y ahora China confirma que, efectivamente, han perdido el control de la misma.

Wu Ping, vicedirectora de la agencia de viajes tripulados, anunció que la Tiangong-1 seguía en una órbita de 370 kilómetros de altura, y que seguirían monitorizando de forma continua la misión desde la Tierra, pero sin saber exactamente cuando y dónde caerá. Lo que sí asegura, es que “la mayoría del laboratorio espacial se quemará durante la caída”.

Teniendo en cuenta que el 71% de la superficie terrestre es agua, y que la inmensa cantidad del 29% restante está despoblado, es difícil que cause algún daño de llegarse a producir. Es un extremo muy improbable.

2001: odisea en Fiji

El caso recuerda al de la MIR soviética, que tras operar desde 1986 fue desorbitada en 2001 en tres etapas. La primera la situó en una órbita de 220 kilómetros de altura, para buscar conectar con un recién lanzado Progress M1-5 lleno de combustible.

El 23 de marzo, el M1-5 inició sus motores para poner una órbita descendiente que hizo a la MIR estrellarse en el Pacífico Sur, cerca de las costas de Fiji.