Apenas faltan unas semanas para que llegue el día de elecciones en Estados Unidos y los ánimos ya están caldeados. Más allá de las cuestiones políticas, el mundo moderno nos plantea algunas cuestiones cuanto menos curiosas. Por ejemplo, en un país donde se toman tan en serio la democracia ¿cómo consiguen que todos sus ciudadanos tengan la oportunidad de votar? La cuestión no es sencilla, especialmente si te encuentras "atrapado" en un cubículo que orbita a más de 300 kilómetros sobre tu país. Pero el problema está resuelto y los astronautas ejercen su derecho a voto como cualquier otro. Así es como lo hacen.

El voto de un astronauta

El sistema es verdaderamente simple. Desde hace años, y dependiendo del estado, los ciudadanos estadounidenses tienen varias posibilidades de optar al "voto ausente", es decir, votar desde fuera de su estado o país de residencia. Los astronautas no son una excepción. El sistema, grosso modo, funciona enviando mediante diversas entidades y modalidades para recibir las "papeletas", rellenarlas y enviarlas de vuelta a las autoridades competentes, quienes ejecutan la votación. En el caso de los astronautas que quieren votar, este proceso funciona enviando dichas papeletas por correo electrónico seguro a la estación espacial internacional, en PDF.

Desde allí, los astronautas rellenan su voto y lo envían de vuelta al Control de Misión, situado en el Johnson Space Center de Houston. Desde allí, el voto, secreto, se les hace llegar a las autoridades para que ejecuten la votación al igual que cualquier otro voto ausente. Es curioso porque este tipo de votación, como decíamos, es posible debido al estado en el que se realiza, Texas, que permite el voto ausente justificado desde 1997. La gran mayoría de astronautas residen (por cuestiones logísticas) cerca de Houston, así que pueden acatarse a la ley sin problemas.

Democracia espacial

El movimiento que defiende el derecho de voto de los astronautas comenzó en los noventa con Susan Clyton, esposa de Clayton Anderson, uno de los astronautas de la misión STS-117, en 2007. El primero en usar este sistema fue el astronauta David Wolf, desde la MIR rusa, en 1997. Hasta la fecha, varios son los astronautas que han ejercido su derecho de voto desde el espacio sin ningún tipo de incidente. Los astronautas, por cuestiones obvias, valoran su intimidad por encima de todo. Aunque técnicamente un voto vale lo mismo que cualquier otro, en un país tan mediático como Estados Unidos esto supone una media verdad.

Un astronauta es considerado un auténtico héroe. Aunque hay astronautas más amigables con los medios que otros, el voto de un astronauta, al igual que el de otra figura pública de relevancia, es capaz de condicionar el voto de un gran número de personas. Por eso, tanto las autoridades de la NASA como los mismos astronautas ponen especial empeño en que sus votos sean lo más discretos y privados posibles. Esto puede ser especialmente relevante si tenemos en cuenta que hay una transmisión de datos a distancia (mucha distancia), lo que hace que la información sea vulnerable.

Pero, como explicábamos, la NASA utiliza correos electrónicos codificados y certificados para que las papeletas puedan ser abiertas y manipuladas solo por los astronautas y las autoridades competentes. De esta manera se aseguran de que la democracia siga siendo un derecho privado e íntimo. Es también un hecho curioso ver que parece más fácil votar desde la Estación Espacial Internacional que desde otros sitios en la superficie terrestre. Por ejemplo, hasta la fecha es casi imposible votar desde alta mar o desde lugares incomunicados. En el caso de España, con unas llamativas terceras elecciones en ciernes, la cuestión también resulta importante. Un astronauta español no podría ejercer su derecho a voto desde el espacio. Al fin y al cabo, la principal barrera en contra sigue siendo la vía de comunicación; seguida por las leyes electorales, por supuesto. Pero volviendo a los astronautas, ¿qué ocurrirá cuando tengamos que votar, por ejemplo, desde Marte? Ojalá podamos enfrentarnos a esa pregunta cara a cara.