El próximo 31 de diciembre no disfrutaremos de un día normal de veinticuatro horas. El año terminará con un segundo adicional o leap second, un ajuste que se ha realizado en veintiséis ocasiones desde 1972. La última, en 2015, aunque en 2012 también disfrutamos de un segundo añadido.

El segundo adicional se añade para acompasar el reloj atómico con el tiempo rotacional terrestre

La adición de un segundo más ha sido consensuada mediante una decisión del Servicio Internacional de Rotación de la Tierra y Sistemas de Referencia (IERS), perteneciente al Observatorio de París, según ha informado el U.S. Naval Observatory de Washington, Estados Unidos. De este modo, el reloj de Nochevieja marcará de forma excepcional y única las 23:59:60.

Este segundo adicional, que puede ser añadido en el horario UTC durante los meses de junio y septiembre, sirve para acompasar el reloj atómico con el tiempo rotacional terrestre. En otras palabras, el planeta Tierra frena imperceptiblemente su rotación debido a la interacción gravitacional con la Luna y otros cuerpos celestes.

La adición del también conocido como segundo intercalar tiene un interés mediático importante, pero también puede causar ciertos quebraderos de cabeza. Como recogía Sergio Ferrer en El Confidencial, el ajuste puede provocar ciertos problemas informáticos. Los sistemas emplean protocolos NTP para sincronizar sus relojes, por lo que añadir un segundo adicional puede desencadenar la caída de algún servidor. En 2012, Linkedin, Mozilla o Foursquare experimentaron algún problema de este tipo.

La estrategia que siguió Google en 2015 fue alargar los segundos previos al adicional añadiendo imperceptibles milisegundos para evitar problemas. El cambio del segundo intercalar es una medida sencilla para ajustar los horarios con la velocidad de rotación terrestre. Sin embargo, algunas voces apuntan que en el futuro podría plantearse el establecimiento de un horario dual para evitar los efectos negativos de este segundo adicional sobre la tecnología e internet.