La violencia y la seguridad son términos que los mexicanos tenemos presentes en nuestras cabezas la mayor parte del tiempo. Los medios de comunicación y la realidad de las calles nos recuerdan que lo mejor es ser poco ingenuos, cautelosos y reservados.

Fuera de las agresiones a las que puedan ser más vulnerables algunos grupos de la población, la inseguridad permea toda la sociedad y un asalto, un secuestro, una extorsión o más, le puede pasar a cualquier persona sin importar su situación socioeconómica u otros rasgos. De hecho, México es uno de los tres países más peligrosos del continente junto a Colombia y Venezuela.

Aunque en todos los países hay robos y asaltos, para entender la violencia en México es necesario saber que el imperio de la delincuencia está vinculado siempre de alguna manera con los cárteles de droga que controlan extensos territorios del país.

DEA
DEA

Los cárteles de la droga no se dedican únicamente al cultivo, elaboración, distribución y venta de estupefacientes, sino que han diversificado sus actividades a negocios como el robo, el secuestro, las extorsiones, la explotación sexual, la trata de personas, la venta de armas, el contrabando. Sin olvidar el "derecho a piso", una especie de impuesto que permite a las personas e industrias trabajar "en paz" en las zonas controladas por el grupo criminal, y el cobro de tránsito que los migrantes y transportistas deben pagar para circular por los territorios de los cárteles.

Incluso, algunos cárteles también se dedican al robo de hidrocarburos, metales, minerales y material radioactivo. La defensa del territorio para los zares del crimen es fundamental. Las áreas en disputa suelen ser las que tienen más potencial para la producción y extracción de recursos naturales, los territorios fronterizos con Estados Unidos, Guatemala y Belice, y puertos importantes para el comercio al exterior, así como las zonas turísticas con mayor afluencia.

En la defensa por "su territorio", los narcotraficantes han tenido que "innovar" en las maneras de comunicarse e intimidar a quien atente contra su forma de vida: los narcomensajes. Estos, aparecen normalmente junto a los trozos de lo que alguna vez fue una persona y son una advertencia directa a otros grupos criminales, políticos o empresarios. Entre más visible sea, mejor. Un asesinado exhibido en un lugar público, no sólo es una eficaz herramienta de comunicación, también se ha convertido en la imagen que tenemos muchos mexicanos de las zonas más conflictivas del país, como el fotógrafo Fernando Brito lo expresó en su galardonada serie Tus pasos se perdieron en el paisaje, la violencia extrema es parte del paisaje mexicano.

Fernando Brito
Fernando Brito

¿Qué genera la violencia en México?

La buena intención de "combatir la violencia" es tan ingenua como suena, porque es un problema sistémico. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) identificó siete causales para la violencia en México:

  • Corrupción y vínculos de las autoridades con los cárteles de la droga. También al aumentar la detención de líderes del crimen se fragmentan las organizaciones y se crea subgrupos que compiten entre ellos donde antes existía hegemonía y relativa "paz".

  • Militarización del país. La guerra contra las drogas desplegó al ejército, marina y policía nacional a las calles, instituciones que tienen quejas por no acatar los derechos humanos y de hacer ejecuciones extrasumarias a supuestos criminales.

  • Autodefensas. Según la CIDH, los grupos de ciudadanos armados que han optado por defenderse a sí mismos ante la indiferencia de las autoridades sólo perpetuan la violencia porque no tienen que rendir cuentas y se convierten en instituciones fácilmente corruptibles.

  • Las empresas privadas de seguridad, pues perpetúan prácticas de ajustes de cuentas sin involucrar a las respectivas autoridades.

  • La desigualdad del país, que no sólo hace propensas a las poblaciones más pobres a caer en las garras del crimen organizado, también estas cuando son víctimas de algún delito las instituciones de justicia resultan ineficientes para alcanzar o tratar con poblaciones marginales.

  • Impunidad. El 98,8% de los casos en México se quedan en la impunidad creando un esquema donde los delincuentes siguen delinquiendo porque sus actos nunca tienen consecuencias.

  • Armas ilegales. El número de armas que entra al país es elevado, la CIDH calcula que hay 20 millones de armas ilegales en México, que podrían ser más en cantidad y potencia de las que tienen las autoridades mexicanas para combatir al crimen.