Las áreas acuáticas cubren alrededor del 70% de la superficie de nuestro planeta. Históricamente, el desarrollo humano está vinculado a los cuerpos de agua, de los cuales se aprovechó, y se sigue haciendo, la riqueza de alimentos y productos que se extraen de ellos. Además, las aguas se han conquistado desde hace mucho tiempo en búsqueda de rutas comerciales o con fines bélicos y de invasión. Con el paso del tiempo no todas las naves han sobrevivido a las inclementes sorpresas de los mares y ríos (y humanos).

Por tal motivo, existen miles de restos subacuáticos que albergan los secretos de épocas completas, con tesoros tanto monetarios como culturales. Un resto subacuático puede ser una ciudad hundida, sitios arqueológicos y pecios. Estos últimos son descritos como "pedazo o fragmento de la nave que ha naufragado" o bien "Porción de lo que contiene una nave que ha naufragado." Siendo más estrictos, se dice que los pecios deben cumplir varios requisitos:

  • Que el barco se haya hundido (que haya perdido su pérdida total y efectiva).
  • Que haya perdido sus cualidades por el deterioro (que no pueda flotar y navegar).
  • Que no tenga propietario conocido.

Para no confundirse con lo anterior, en el sitio Naufragios.es se explica así:

Todos los buques mercantes o de pesca hundidos en el mar que ya no tienen propietario y que presentan un notable deterioro son pecios. Así de simple.

Teniendo esto en claro, corresponde mencionar que la UNESCO tiene un gran interés por los pecios, así como por las zonas arqueológicas y las ciudades sumergidas. Estos sitios son considerados Patrimonio Cultural Subacuático debido al gran valor histórico y cultural que representan, pero también por los rasgos distintivos que tienen frente a los restos arqueológicos terrestres.

Los tesoros

Para los cazadores de tesoros, los naufragios y pecios son de gran interés por lo que se puede obtener de ellos con su venta a coleccionistas. La UNESCO reconoce que estos cazadores representan una amenaza para los pecios, naufragios y zonas arqueológicas subacuáticas pues los alteran y saquean, con lo que se pierde valiosa información histórica. Otro factor que los pone en peligro es la pesca de industrias y pescadores que emplean técnicas de arrastre.

El océano con más pecios conocidos es el Atlántico. Uno de ellos es el SS Andrea Doria que sufriría una trágica colisión con el SS Stockholm en 1956. Así mismo el más que famoso Titanic que naufragó en su viaje inaugural en abril de 1912.

En el Mediterráneo se encuentran los restos del Britannic que naufragó el 21 de noviembre mientras cruzaba el canal de Kea (mar Egeo) en el archipiélago griego. En el caso del Mediterráneo español se encuentra el Isla Gomera, carguero que se hundió frente al Cabo de Palos en 1946. También se le conoce como "Naranjito" debido a su cargamento el día que se hundió.

Otro con un trágico final (más aún) es el del Aikoku Maru que reposa en las aguas del océano Pacífico. Este fue una nave utilizada como crucero auxiliar de la Armada Imperial Japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. Fue hundido por los estadounidenses durante la Operación Hailstone. El pecio descansa en las aguas de la laguna de Truk.

La conservación de estos y los demás pecios es importante por la historia y cultura que encierran. Su descanso bajo el agua debe estar protegido jurídicamente y operacional, tal y como lo indica la UNESCO con el fin de preservar este Patrimonio de la Humanidad. Otro punto importante que señala este máximo órgano internacional es que la conservación del Patrimonio Cultural Subacuático también debe ser gestionada pues implica un bien cultual que puede generar grandes ganancias para las regiones donde se encuentran, así como por su valor educativo.