Ya son unas cuantas las experiencias de startups enfocadas a gestionar "flotas" de mayordomos virtuales que hemos visto alrededor del mundo. En Estados Unidos tenemos a Magic, en México a Yalo y en España se tiene el caso de Yexir. Finalmente, esta última ha terminado cerrando porque si empezaban a cobrar por sus servicios perdían usuarios; pero sin monetizar les era complicado mejorar la inteligencia artificial para operar.

Y esta es precisamente la situación a la que se ha enfrentado Kiwi, una startup que, nacida en Colombia, ha tenido que hacer un cambio de negocio para no correr la misma suerte que Yexir. Fundada por Felipe Chávez, Yeisson Oviedo y Sergio Pachón, Kiwi nació con una actividad similar a la que Yalo tiene en México. Felipe Chávez, co-fundador de Kiwi, nos cuenta que ellos "empezaron con un servicio que era para toda la ciudad, en el que podías pedir lo que se quisieras. Nos dimos cuenta de que era un modelo bastante costoso de operar, sobre todo en Bogotá y DF". Al igual que le pasa a sus compañeras, repartir a domicilio es muy costoso y requiere muchos recursos; por lo que la escalabilidad se hace más compleja.

Era tiempo de hacer un cambio. A principios de este año decidieron centrarse únicamente en las universidades, de estudiantes para estudiantes:

"En este momento, Kiwi es un servicio en el cual tú puedes pedir algo de comer y otro estudiante toma tu pedido, va al restaurante, lo compra y te lo trae en 20 minutos. Y solo funciona en los campus de las universidades en las que estamos."

Con unas 400 órdenes diarias y 450 repartidores afiliados, Kiwi ya está en cinco universidades de Colombia, México y Chile. Pronto llegará a la de Berkeley, en Estados Unidos. Y para el año que viene en unos 50 nuevos campus de América y Europa. Aunque quizá, el sistema europeo les resulte más complicado de afrontar.

Y a futuro no descartan abrirse a otras comunidades cerradas, como empresas. En las cuales también se ahorran esas grandes distancias de las ciudades. Porque Kiwi se centra únicamente en los restaurantes o servicios locales, con los que han llegado a acuerdos para cobrarles comisión -un 15% de lo solicitado- por cada pedido cerrado a través de la aplicación. "Y ya son varios los restaurantes a los que les hemos doblado la facturación", explica Felipe.

Kiwi app

La clave: los estudiantes

La capacitación que había que dar a los repartidores en las ciudades es un ahorro comparativo con la experiencia de las universidades. Además de otras cuestiones, como la fidelidad: "en los repartos de ciudad mucha gente prueba por la novedad y luego no vuelve, pero en la universidad es diferente", nos comenta Felipe, "incluyendo la seguridad, por la que había que hacer procesos de selección exhaustivos". Pero, sea como fuere, lo cierto es que aunque los estudiantes siempre han sido los postulantes a repartidores más populares de este tipo de aplicaciones, en este caso son prácticamente obligatorios.

"En la universidad todo ha sido todo mucho más fácil puesto que son estudiantes del entorno, con los que se tiene un nivel de confianza mucho mayor. Y además, los estudiantes no solo trabajan por dinero, también lo hacen por pertenecer a una comunidad."

Siendo el 94% de los pedidos vinculados a comida, el 6% restantes está asociado a otros servicios en los que se incluye, en muchos casos, ir a sacar dinero a un cajero. Los estudiantes, entonces, se dividen en dos grupos: los que no tienen tiempo ni de almorzar y necesitan que les traigan las cosas, y los que necesitan dinero y trabajan entre clase y clase. Kiwi se vincula a ambos grupos ofreciendo, además, una forma de conectar personas y el incentivo de que el 100% de los ingresos del pedido van a parar al repartidor.