Adriana Cordeiro tenía 29 años cuando dio a luz a su bebé. Jose Bernardo nació en Custódia (Brasil), semanas antes de que todo el mundo comenzara a hablar sobre una enfermedad invisible y temida. El recién nacido tenía la cabeza más pequeña de lo normal. Pero su familia no comprendió el por qué hasta que comenzó a leer y escuchar la historia de un extraño virus. Los primeros casos de zika fueron confirmados en los estados de Bahia y Rio Grande do Norte en abril de 2015. El pequeño Jose era uno de los afectados. Tenía microcefalia, una condición por la que los bebés presentan una cabeza con un diámetro inferior a lo normal. Durante el primer mes de gestación, Adriana había sufrido un pequeño sarpullido y unas décimas de fiebre. Aquellos síntomas indicaban la infección por zika. Pero ni ella ni los médicos sospechaban lo que ocurría.

El número de casos de microcefalia y malformaciones en Brasil comenzó a aumentar con el brote de zika

La historia de Adriana Cordeiro y su hijo Jose es la de muchas familias en Brasil. Entre 2000 y 2014, el registro de recién nacidos en el país detectó una media de 157,3 casos anuales de microcefalia. En octubre de 2015, cuando el virus ya circulaba gracias a la picadura de mosquitos del género Aedes, el estado de Pernambuco alertó a las autoridades brasileñas de un inusual incremento de bebés nacidos con microcefalia y otras malformaciones congénitas. En solo tres meses, la región había confirmado 26 niños que contaban con una cabeza más pequeña de lo normal. Días más tarde, los estados de Paraíba y Rio Grande do Norte daban nuevas señales de alarma. El número de casos de microcefalia iba en aumento. Y todas las sospechas se enfocaban en la misma dirección.

Primera evidencia en mamíferos del daño del zika

En abril de 2016, cuando se cumplió un año de los primeros casos confirmados en Brasil, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos confirmaron que existía una relación entre el zika y los problemas de microcefalia. Semanas después, la Organización Mundial de la Salud apuntaba en el mismo sentido: la evidencia científica disponible permitía asociar la infección vírica con un diámetro menor de la cabeza de los recién nacidos. Un estudio, publicado hoy en la revista Nature, aporta la primera prueba experimental de que, tal y como se temía, el virus del Zika causa la microcefalia. El equipo dirigido por Alysson Renato, de la Universidad de California, y por Jean Pierre Schatzmann, de la Universidad de São Paulo, infectó a ratones hembras embarazadas con dos cepas víricas diferentes, una procedente de África y otra de Brasil. Al terminar el período de gestación, los científicos comprobaron que los recién nacidos presentaban signos de microcefalia, como sucede en la especie humana.

"Lo que ahora demostramos es que el Zika es suficiente para causar estos defectos en los recién nacidos", explica Alysson Renato

"Antes de nuestro estudio, existía una correlación entre la infección por zika y la microcefalia y las malformaciones congénitas. Podría haber sido otro factor, también asociado con la enfermedad, el que fuera responsable de esos problemas. Lo que ahora demostramos es que el Zika es suficiente para causar estos defectos en los recién nacidos", explica Renato a Hipertextual. A juicio de la investigadora, "la infección por zika es mucho más agresiva. El virus mata a las células neuronales muy, muy rápido. También hemos visto en nuestro modelo animal que el zika es capaz de infectar otros tejidos a la vez. Los medios han difundido las imágenes dramáticas de los bebés con microcefalia, pero nuestros datos sugieren que eso es solo la punta del iceberg. El daño que causa el virus es mucho peor, dado que los animales recién nacidos presentaban un fuerte parón en su crecimiento". Schatzmann comenta a este medio que su grupo ha desarrollado un modelo animal que puede ser usado en el futuro para estudiar la resistencia del virus o desarrollar vacunas contra la infección.

Pablo Martínez de Salazar, científico del Instituto de Salud Global, valora las conclusiones como "muy interesantes". "Demuestra en un modelo animal el tipo de patología que se asocia con el zika, fundamentalmente la microcefalia", comenta a este medio. El especialista en microbiología sostiene que el trabajo se ha realizado en modelos animales, por lo que para tener la "prueba definitiva" sobre el efecto del zika en las malformaciones congénitas deberemos esperar todavía unos meses. Será entonces cuando se conozcan los resultados de unos estudios de carácter prospectivos, que analizarán un número suficiente de mujeres embarazadas y casos de microcefalia para determinar que existe una relación de causalidad. Martínez de Salazar también señala que el trabajo en Nature realiza un análisis en profundidad, pues ven las vías y las células que se alteran, además de relacionarlo con el tipo de cepa vírica que se ha observado en Brasil.

zika
En el estudio publicado por Li y colaboradores en Cell Stem Cell, se observa el impacto del zika en el tamaño de los cerebros de fetos de ratón.

En ese sentido, Schatzmann aclara que el artículo muestra que existe una elevada muerte celular en los cerebros de los fetos analizados. Dicha muerte de las células nerviosas se produce, de acuerdo a sus resultados, a través de dos mecanismos principales: la apoptosis y la autofagia. El científico de la Universidad de São Paulo añade que el trabajo determina "la relación causal en un ambiente totalmente controlado", además de lograr el establecimiento de un modelo de experimentación para estudiar con mayor profundidad el zika y sus efectos.

Los resultados refuerzan la idea de que el virus causa la microcefalia observada en los bebés

"Sugieren que puede haber parte del virus que condiciona [el éxito de la infección] y también diferencias en el hospedador", apunta Martínez de Salazar. Renato explica a Hipertextual unas conclusiones reveladoras. "Nuestros datos sugieren que las cepas del virus brasileño que circulan han mutado y que ahora se ha adaptado a las células humanas, en particular a las células embrionarias humanas del sistema nervioso", afirma. Los resultados muestran que, posiblemente, el éxito del ataque del zika no se centre únicamente en el tipo de virus que afecta, sino también en la respuesta inmunológica de los pacientes. A pesar de que estas conclusiones no pueden ser generalizadas, dado que el trabajo se realiza en ratones, los investigadores sostienen que el modelo animal puede ayudar a desarrollar terapias y vacunas contra el zika.

Los resultados de Renato se unen a otras dos investigaciones publicadas hoy en la revista Cell Stem Cell y en Cell. En sendos estudios, se demuestra cómo el virus es capaz de invadir y destruir la placenta de ratones hembras gestantes. Como resultado, el zika provoca daños en los animales recién nacidos muy similares a la microcefalia y las malformaciones congénitas observadas en seres humanos. Los trabajos presentados refuerzan la evidencia creciente de que el virus Zika causa la microcefalia, de acuerdo a las conclusiones obtenidas en los ratones. Será cuestión de tiempo y de más investigaciones que la Organización Mundial de la Salud declare que, además de la correlación observada, existe una asociación de causalidad entre la enfermedad y este grave problema de salud infantil.