Nos encontramos en 1918, último año de la Primera Guerra Mundial —también conocida como Gran Guerra—. El Imperio alemán, en un intento por avanzar exponencialmente en la batalla, **envió al mar múltiples submarinos del tipo UE II.** 329, para ser exactos. Estos submarinos surcaron los mares y los océanos intentando derribar parte de la flota naval de sus rivales, logrando el éxito en múltiples ocasiones.

El submarino U-118 logró acabar con dos embarcaciones en su historiaEntre esos 329, destaca la historia del U-118, un submarino de tipo UE II que formó parte de la Primera Batalla del Atlántico. **Este submarino comenzó sus labores en mayo de 1918, partiendo desde Hamburgo**. Pasó más de cuatro meses sin derribar ningún barco enemigo, hasta que el septiembre de ese mismo año, logró su primer objetivo. Un mes más tarde, el mismo submarino logró anotarse otro derribo en las costas inglesas. En aquel momento lo desconocían, pero el inminente fin de la Primera Guerra Mundial supondría que aquel derribo sería el último producido por aquel mortífero submarino.

El 11 de noviembre de 1918, la Primera Guerra Mundial llegó a su fin, y, como consecuencia, **el submarino U-118 fue transferido a Francia meses más tarde**. Mientras este era remolcado poco después a través del Canal Inglés, las sujeciones se rompieron como consecuencia del temporal, lo que provocó que el U-118 viajara por sí solo por aquellas aguas. Horas más tarde, el submarino encalló en la playa de Hastings (Sussex, Reino Unido), justo enfrente del hotel Queens.

Los responsables trataron de desplazar el submarino hacia el mar con el objetivo de continuar su camino, pero la proximidad de hoteles y de la población impidió el uso de técnicas más agresivas que permitieran su desplazamiento. Fue entonces cuando **se desató la euforia y miles de visitantes comenzaron a aproximarse a aquel submarino**, el cual trabajó para Marina Imperial Alemana. Era un símbolo, un reflejo de lo que la Primera Guerra Mundial, recién finalizada, había sido. Todos querían verlo.

Pocos meses después, los guías que realizaban las visitas, fallecieronLos responsables turísticos de la ciudad **comenzaron entonces a realizar visitas guiadas** y ofrecer excursiones a la zona superior del submarino. El objetivo era recaudar fondos para aprovechar el éxito de aquella espontánea atracción. No obstante, el juego duró muy poco.

Aquel submarino alemán **llegó a las playas de Hastings envuelto de veneno**. Sus baterías —dañadas con el paso del tiempo y de la guerra— contaminaron los interiores del mismo, causando la muerte de los guías pocos meses después de su llegada a las playas inglesas. Los turistas continuaban realizando fotos a aquel monstruoso elemento de combate de más de 80 metros de longitud, pero las visitas fueron completamente prohibidas.

A finales del año 1919, el submarino U-118 fue destruido y vendido por piezas, pero aquel inofensivo submarino dejó huella en las playas de Hastings y, sobre todo, en las familias afectadas por su silencioso veneno.

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