Cuando decimos que los robots van a poder sustituir al ser humano en prácticamente todas las tareas que realiza laboralmente, no mentimos. A menudo se alega que la inteligencia artificial nunca va a ser tan potente como la mente humana, pero experimentos como el de AlphaGo demuestran lo contrario. La parte creativa es, a menudo, otra de las que genera escepticismo, pero ya hay software que escribe libros. También se duda de los robots en tareas que requieren de cierta precisión médica, y de nuevo la realidad ha superado a la ficción.

El robot Smart Tissue Autonomous Robot, más conocido como STAR, por sus siglas, ha sido creado por el Children's National Hospital con el objetivo de conseguir automatizar los procesos de cirugía de tejidos blandos de los que, como sabemos, forman parte los músculos, los tendones y los ligamentos. Para ello emplea visión 3D y un algoritmo programado con técnicas de sutura muy establecidas. Hasta ahora se utilizaban robots controlados por humanos como Da Vinci para evitar, por ejemplo, problemas quirúrgicos causados por el pulso humano o la falta de precisión.

Sin embargo, STAR es capaz de funcionar autónomamente una vez se le asigna un patrón que seguir, y no sólo eso, sino que es capaz de decidir las distancias de sutura y cuando y cómo hacerlas. Los resultados se han conseguido gracias a la optimización realizada sobre sus algoritmos, programados en base a la experiencia de su equipo de desarrollo. Y es en este sentido donde no sólo ha llamado más la atención, sino que se ha mostrado como una altervativa real (con muchas mejoras por implementar) a humanos, pues STAR ha demostrado que puede igualar o superar a cirujanos con 10 años de experiencia en cirugía de tejidos blandos.

De momento toda la responsabilidad recae sobre las técnicas programadas, sin que intervenga la inteligencia artificial en ningún momento. Sus creadores, eso sí, no son reacios a la idea de introducirla en el futuro. Si han conseguido esto en un estadio inicial, solo hay que soñar con lo que STAR pueda conseguir. Todavía requiere de supervisión, y precisamente el reto es saber por cuánto tiempo será necesaria.