La maquinaria de Hollywood es una incansable buscadora de éxitos comerciales que engulle lo que haga falta, provenga de donde provenga, con la clara intención de hacer negocio y arrasar en taquilla. Eso no quiere decir que allí no dispongan de cineastas con talento y propósitos artísticos, que no existan maravillas en el cine comercial ni que, y a ello voy, un remake tenga que ser necesariamente pésimo y ni tan siquiera inferior, pues hay ocasiones en las que se ha mejorado bastante el planteamiento original.'Secret in Their Eyes' no adapta la novela de Eduardo Sacheri, sino que es un remake en toda regla

Pero no es lo que ocurre con un filme que se ha ido estrenando en todo el mundo durante los últimos meses: Secret in Their Eyes (2015), la nueva versión llevada a cabo por el estadounidense Billy Ray de la exitosa El secreto de sus ojos (2009), un peliculón del argentino Juan José Campanella que se llevó más de cuarenta premios cinematográficos, incluyendo el Oscar a Mejor Película Extranjera.

Se trata de un remake con todas las de la ley: no utiliza el mismo material que se convirtió en una obra apasionada y magnífica con Campanella, la novela La pregunta de sus ojos, del también argentino Eduardo Sacheri; toma como punto de partida la primera versión y nos ofrece una mudanza al contexto de Estados Unidos tras los atentados del 11-S, decente pero rutinaria y fría, más propia de un telefilme la mayor parte del tiempo que de una producción para la gran pantalla, con la sobriedad que parece habitual en Ray, pues ya había dado muestras de ella en sus únicas dos películas anteriores, Shattered Glass (2003) y Breach (2007), dos dramas correctos basados en hechos reales de la vida pública cuya puesta en escena es tan plana que, resultando interesantes por su historia, el espectador no lo se percata de ello jamás a lo largo del metraje.

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Juan José Campanella y Billy Ray - Zambio.com

Manifestar que no se nos ocurre un cineasta menos adecuado para dirigir este remake quizá se considere excesivo, pero no hay duda alguna de que el más apropiado no podemos decir que sea: El secreto de sus ojos nos atrapa gracias a su enorme corazón, a su gran verdad emocional, a su delicioso romanticismo maduro y soterrado, a su narración minuciosa y despiadada, al gusto que dan algunas virguerías visuales de Campanella, las pocas que le permite su agradecida mesura, y esos diálogos sabrosos y efervescentes de unos personajes inolvidables de tan carismáticos. Y Ray, que también se ocupa del guion, se revela incapaz de convidarnos a nada de eso en la suya, e intuíamos que sucedería así por sus antecedentes.Da cierta pena la falta de química entre un digno Chiwetel Ejiofor y una desganada Nicole Kidman, nada que ver con la de los inmensos Ricardo Darín y Soledad Villamil

Pero no está sólo en su frustrado empeño. Ni la aceptable fotografía de Daniel Moder se puede comparar con el gran trabajo de color que hizo Félix Monti para Campanella, ni la banda sonora de Emilio Kauderer pasa de ser un mero acompañamiento frente a la hermosura de la que Federico Jusid y él mismo compusieron para El secreto de sus ojos, ni al trío de intérpretes protagonistas se los agarra demasiado inspirados o bien dirigidos. De hecho, uno siente hasta cierta pena al contemplar la categórica y morrocotuda falta de química entre un digno Chiwetel Ejiofor y una desganada Nicole Kidman, nada que ver con la indiscutible eficiencia de los inmensos Ricardo Darín y Soledad Villamil, que ya la habían demostrado antes en El mismo amor, la misma lluvia (1999), otro filme de Campanella.

Resulta difícil creer la gran apatía de Kidman en Secret of Their Eyes, pero si consideramos además cómo Ray ha empeorado la dinámica de los personajes y sus motivaciones, quizá alcanzaríamos a comprenderla. El suyo, Claire Sloane, llega a antojársenos incluso antipático de tan indispuesto e inane que es casi siempre, todo lo contrario que la Irene Menéndez Hastings de Villamil; Jessica Cobb, a la que encarna una insuficiente Julia Roberts y que equivaldría al Ricardo Morales del intachable Pablo Rago en la película primera, sufre una suerte de incoherencia en su comportamiento a causa de un giro capital de la trama; y al Ray Kasten de Ejiofor le quitan la complejidad del Benjamín Esposito de Darín y unas motivaciones más hondas al trasformar la relación familiar de la víctima primigenia en otra cosa con la que no puede identificarse.

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'El secreto de sus ojos' - 100 Bares, Tornasol Films, Haddock Films, Telefe

Y no se entiende en absoluto que decidiera convertir a su compañero, el Bumpy Willis de Dean Norris, en una comparsa a años luz del entrañable Pablo Sandoval al que dio vida ese actor portentoso que es Guillermo Francella, trasvasándole torpemente lo que era el oro de sus intervenciones a Cobb y hurtándonos una de las mejores secuencias del filme argentino. Pero lo más imperdonable de todo, entre tantos errores, es la completa mediocridad de los diálogos, siendo que los del guion original contenían una riqueza, una vivacidad y un ingenio que los hacían deliciosos de principio a fin.Billy Ray ha tallado más lo que ya era una extraordinaria escultura narrativa de Juan José Campanella hasta dejarla raquítica y amorfa

Da la sensación de que, si Campanella había tallado un bloque de mármol y había dejado al descubierto una extraordinaria escultura narrativa que se hunde profundamente en nuestras entrañas y en nuestra memoria como espectadores, Ray ha seguido tallando y no se ha dado por vencido hasta verla raquítica y amorfa. Así, el misterio no intriga, la indignación no brota ni estalla, la tragedia no nos sacude y, si lo hace, es con la solidez ridícula de un cojín lleno de plumas. Y esta es la razón de que hubiera sido bueno que se lo pensara dos veces antes de aceptar dirigir esta película, pues no hay duda de que no debería haber tocado El secreto de sus ojos ni con un palo.