Sony presenta en sociedad el Sony Xperia M5, un dispositivo de 399 euros con el que pretende arañar en la gama media del sector. Este es su análisis a fondo.En todas las compañías del sector, los productos de gama alta son los que más destacan del portfolio. Son los más potentes, los más innovadores y los que más avanzan año tras año. Emergen de la tierra cual admirada bandera. Y reflejan, tanto positiva como negativamente, la situación y el poderío de un fabricante en la industria.

En cambio, son los productos de gama media y baja los que realmente sustentan los cimientos de esa bandera y los que aportan las sólidas bases que permiten elevarla a lo más alto. Cuidarlas y trabajarlas, aunque tengan menor exposición pública, resulta de vital importancia para avanzar con paso firme hacia el futuro.

Con el Sony Xperia M5, la compañía nipona aborda justo este complejo problema**. No es el dispositivo de gama alta que aparecerá en anuncios y patrocinará los próximos eventos. Su papel es otro. Uno de menor exposición pero, al mismo tiempo, de gran importancia.

Desafortunadamente, el campo de batalla en el que se adentra es uno de los más complejos del paradigma actual. Su precio de 399 euros lo sitúa a caballo entre la gama media y la gama alta, una frontera en la que también compiten smartphones con mayor exposición pública —como los flagships de años anteriores (Samsung Galaxy S6 o Sony Xperia Z3), disponibles en múltiples distribuidores por precios muy próximos a los 399 euros—.

¿Será el Xperia M5 lo suficientemente bueno como para hacerse un hueco entre la intensa competencia de su segmento?El diseño omnibalance es la Biblia que dicta el aspecto de todos los productos de Sony Mobile. Las líneas inauguradas con el Sony Xperia Z continúan presentes en los principales smartphones de la compañía, y el Xperia M5 no es una excepción. Ofrece las mismas líneas rectas, esquinas pronunciadas y construcción en cristal que sus hermanos, una elección que tiene múltiples ventajas y, a su vez, numerosos inconvenientes:

  • Es muy atractivo. El diseño omnibalance de Sony resulta muy atractivo y, sobre todo, original. Además, en el Sony Xperia M5, los laterales están fabricados en policarbonato glossy, un detalle que le proporciona un toque distintivo respecto a sus hermanos.

  • ¿Momento de renovarse?. El diseño omnibalance se introdujo en 2013 con el primer Sony Xperia Z, y desde entonces ha sido el molde que ha definido los sucesivos smartphones de la compañía nipona. Tras tres años, estas guidelines de diseño continúan siendo atractivas, pero la necesidad de renovación comienza a ser una realidad.

  • La ergonomía sigue sin ser su punto fuerte. Al igual que el resto de dispositivos de la familia Xperia, la ergonomía es uno de los puntos más débiles del Sony Xperia M5. Los gruesos marcos que rodean la pantalla y las pronunciadas esquinas —aunque estén redondeadas— perjudican su manejo, especialmente cuando se utiliza con una única mano. Esto no significa que usar el Xperia M5 se convierta en una terrible pesadilla, pero sí es cierto que la industria ya ha evolucionado hacia tamaños y cuerpos más compactos que permiten un mejor uso del dispositivo.

Mención especial merece la resistencia a líquidos y polvo. El Xperia M5 cuenta con certificación IP68, por lo que, técnicamente, es posible sumergir el dispositivo hasta un metro de profundidad durante treinta minutos sin que se deteriore. No obstante, su verdadera utilidad no reside en la inmersión del dispositivo; la verdadera utilidad es poder utilizarlo en entornos húmedos —como un gimnasio o una cocina— sin riesgo, una virtud infravalorada con frecuencia.

Igual de infravalorados están los procesadores diseñados por MediaTek, siempre en desventaja técnica y numérica respecto a las soluciones de Qualcomm y Samsung. No obstante, el Helio X10 que Sony ha decidido incorporar en el Xperia M5 ofrece unos resultados realmente buenos tanto en el apartado gráfico como en el procesamiento (GPU y CPU, respectivamente). Junto con los 3 GB de memoria RAM, ofrece una experiencia homogénea, consistente y veloz en todo momento. Obviamente no está al nivel de la gama premium —tampoco sería justo exigírselo—, pero sí ofrece unos resultados muy buenos en todas las situaciones.

Sensaciones similares emergen respecto a la pantalla del dispositivo, con una diagonal de cinco pulgadas, tecnología IPS y una resolución Full HD (440 pixeles por pulgada). La imagen es nítida en todo momento, los colores son vibrantes y el brillo es lo suficientemente alto como para facilitar la visión de contenidos en entornos muy luminosos —como el terrible sol primaveral que azota a Sevilla durante los últimos días—.

El único punto débil, compartido con frecuencia con sus hermanos mayores, es el contraste. Los tonos oscuros no son tan profundos como en otros paneles de su segmento, aunque, probablemente, sea un detalle que pase desapercibido para el grueso de usuarios que adquieran este dispositivo.

El aspecto fotográfico es uno de los más promocionados y elogiados desde el seno de la compañía. Durante años, la compañía ha publicitado sus dispositivos de gama alta como “la mejor cámara en un smartphone” y, en cierto sentido, nunca han dejado de estar en lo cierto. Los dispositivos de Sony siempre han montado módulos fotográficos de primer nivel, demostrando así el fuerte papel que ejerce la compañía en la industria. De hecho, fabricantes como Apple o Samsung emplean con frecuencia los sensores fotográficos de Sony por su notable superioridad en el sector.

El problema es que la compañía nipona, a pesar de ser el fabricante de estos sensores, nunca ha logrado refinar el software que regula y controla sus increíbles módulos fotográficos. Mientras Samsung y Apple han invertido grandes sumas de dinero en perfeccionar los ISP (chips de procesamiento de imagen) y los diferentes aspectos del software, Sony parece haber quedado atrás, resultando en smartphones con cámaras increíbles totalmente desaprovechadas y arruinadas por su entorno.

Por suerte, con el Sony Xperia Z5, Z5 Compact y Z5 Premium, la compañía dio un firme paso hacia delante en este sentido, un paso hacia delante que también es parcialmente apreciable en el Sony Xperia M5. Y es que este dispositivo monta el mismo módulo fotográfico que sus hermanos mayores, ofreciendo, por lo tanto, unos resultados relativamente parejos.

En términos generales, el módulo elegido por Sony ofrece unos resultados muy buenos —considerando sobre todo el segmento en el que compite—. No obstante, al apreciar las imágenes en detalle, los clásicos problemas fotográficos de Sony comienzan a nacer, aunque con menor notoriedad que en modelos anteriores. El más perceptible es el procesado, que continúa destruyendo parte del detalle de los objetos (especialmente en imágenes de baja luminosidad).

En la zona anterior destaca **un módulo fotográfico de 13 megapixeles con una apertura f/2.0. Los resultados finales parecen más próximos a los de una cámara principal que a los de una secundaria, lo cual es una buena noticia porque, por fin, será posible tomar selfies de mayor calidad.

Todos los componentes analizados hasta ahora se nutren de la energía almacenada por la batería de 2.600 mAh que acoge el Xperia M5 en su interior. Esta es capaz de dar vida al dispositivo durante una jornada sin ningún tipo de dificultad. De hecho, lo más probable es finalizar la jornada con un holgado porcentaje (alrededor del 20%). Unos datos sorprendentes considerando el descenso desde los 3.000 mAh de sus hermanos mayores.

No obstante, la autonomía es una medición muy subjetiva. Depende en gran medida del uso que se haga del dispositivo y de las condiciones que le rodeen (cobertura, luminosidad, etc.). Pero, a pesar de ello, sí es posible afirmar que el Xperia M5 ofrece unos resultados bastante sólidos en relación al segmento en el que compite.

Conclusión

El Sony Xperia M5 es uno de los mejores dispositivos que ha fabricado Sony en los últimos años. Su cámara no es perfecta, su diseño es algo monótono y su pantalla reclama a voces un aumento de contraste. Por suerte, todos esos tenues puntos débiles quedan eclipsados por sus múltiples puntos positivos y, sobre todo, por su reducido precio.

El problema, tal y como planteaba al comienzo de este análisis, es el duro segmento en el que penetra el Xperia M5. Por arriba, los flagships de años anteriores oscurecen su cielo; y por abajo, productos tan solventes como el Moto G debilitan su suelo. ¿Será suficiente la propuesta de Sony para combatir en este difícil escenario? Solo el tiempo dictará sentencia.

Pros

  • Diseño. Los productos de Sony siempre han mostrado un diseño atractivo y cuidado. El M5 no es una excepción.
  • Pantalla. A pesar de su contraste, la pantalla del Xperia M5 es realmente buena en aspectos como el brillo, la resolución y el color.
  • Cámara. Aunque sigue sin ser perfecta, el módulo seleccionado por Sony ofrece unos resultados muy buenos en relación al segmento.

Contras

  • Sonido. De poca calidad, situado en la zona inferior y de un volumen relativamente bajo. El altavoz principal tiene un gran margen de mejora.
  • Diseño. También aquí. Aunque resulta atractivo, la monotonía comienza a hacer mella.