El divorcio de sus padres John L. Nelson y Mattie Shaw, pianista y cantante respectivamente del grupo de jazz Prince Rogers Trio del que heredaría el nombre, supuso el primer contacto del rapaz con la música. Un piano, que Nelson no pudo llevar consigo al irse del hogar familiar, sirvió como pregón a una vida cargada de éxitos gracias a su talento. Sin formación alguna, Prince comenzó a tocar las sintonías que sonaban en la televisión gracias a su privilegiado oído. A los siete años logró componer su primera pieza para, más tarde comenzar a dominar la guitarra, gracias a un regalo de su padre ya en la adolescencia.

El acoso habitual de sus compañeros de clase, que le apodaban “Gazoo” debido a su baja estatura, frondoso pelo y los peculiares atuendos que lucía, no amedrento las ganas del joven Prince a que la gente fuese partícipe de su talento, pronto entraría al estudio de grabación de la mano de Pepe Willie, un familiar lejano con el que grabaría sus primeras maquetas. Él ya había creado una banda en la que tocaba el piano y la guitarra con música que bebía de muchos estilos, no sólo música negra: Wind & Fire, George Clinton, Jimmy Hendrix o Miles Davis.

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Fueron varios los trabajos que grabó en el estudio de Chris Moon en Minneapolis hasta que Owen Husney, hombre de negocios, se interesó por las dotes del joven. Su talento como manager logró atraer a Warner Bros. Records, A&M Records, y Columbia Records. Prince tuvo la oportunidad que siempre había querido de crear música, la Warner le ofreció el control creativo de tres discos. For You sería su primer álbum de estudio en el que de forma arrogante alardeaba de que él mismo había tocado los 27 instrumentos que sonaban en la grabación. Desde aquel entonces tuvo una obsesiva fijación por la producción musical, llegó a gastar el doble del presupuesto acordado y tan solo era su primer trabajo. Su modesto éxito obligaba al “principe” a refutarse en el siguiente trabajo y justificar la inversión de Warner Bros. Y llegó.

Tras formar su propia banda junto a varios músicos, Prince presentó su autodenominado disco “Prince” con dos éxitos de R&B todavía hoy inmortales como Why You Wanna Treat Me So Bad? y I Wanna Be Your Lover. Esta última canción estuvo durante dos semanas en el top Hot Soul Singles. Sirvió a Prince para redimirse de su primer trabajo, no muy orgulloso de su sonido. Este álbum de transición estuvo marcado por las pruebas del artista con una grabadora de 4 pistas y un grupo de músicos, muy jóvenes, con los que trabajar.

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Lujurioso, desatado, confluyente y efervescente. La década de los ochenta estuvo ligada a Prince. Dirty Mind, uno de los discos más importantes de la época, brindaba al oyente un festín de funk y new wave conectado por lo lascivo. Todos los temas tenían connotaciones o eran alegorías al sexo con toques punk que trasladaría a sus próximos trabajos hasta adoptar trabajos más reivindicativos, sinfónicos y psicodélicos con Purple Rain, Parade o su obra cumbre Sign ‘O’ the Times. Al polifacético artista no se le podía hacer sombra por aquellos años pese a ser una década permanentemente marcada por un abrumador desborde creativo en multitud de géneros que, hasta día de hoy, escuchamos y sentimos. Era salvaje, chispeante, te hacía vibrar. Su tema Purple Rain copó el número 2 en la Billboard Hot 100. Batman, lanzado en 1989, era el broche a una década en la que el joven bajito de pelo afro se convirtió en una de las estrellas más exitosas de la historia de la música.

El rock ‘n’ roll, el R&B, el funk y el pop tenían nombre propio en los ochenta.

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Del cohete que no paraba de acelerar hasta el infinito en los ochenta a los altibajos, a lo intermitente, a las disputas, al recuerdo. La consecución de su reinado nunca llegó y su fama y popularidad se iban diluyendo pese al incesante esfuerzo creativo de Prince. El que fue calificado como el mejor guitarrista del mundo por Eric Clapton, o el único artista que podía rivalizar con el genio creativo de Miles Davis, según el propio Miles Davis, entró en una espiral de disputas con Warner Bros. que le hacen, en última instancia, cambiarse el nombre por el símbolo que tras su muerte inunda las redes sociales. The Symbol, The Artist o El artista antes conocido como Prince era el nuevo nombre artístico de Prince Rogers Nelson, aunque sus fans adoptaron el clásico "O(+>" símbolo. Su primer tema bajo este nuevo "nombre", The Most Beautiful Girl In The World, fue todo un éxito. Tal vez el último, pese a que su genio no descansa y sus fans no dejaban de perseguirle.

Su extravagancia marcaría sus últimos años, desde hacerse Testigo de Jehová — lo que le hizo rechazar una operación de cadera que necesitaba — a perseguir legalmente cualquier vídeo de él en YouTube o demandar a sus propios fans por ponerse fotos de él como avatar. Dejó de cantar sus odas al sexo y se hizo vegetariano. Profeso negacionista de Internet, cerró su última web oficial en 2010 al quejarse del negocio establecido mientras entonaba una demonización de cualquier dispositivo conectado e inteligente por "llenar la cabeza de números". Comenzó a innovar en la distribución de sus trabajos, a veces por Internet — antes de que lo interpretase como algo totalmente perjudicial —, a veces a precio de ganga como obsequio al comprar el diario.

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Tras varios años de oscurantismo, Prince tocó en los Grammy Awards y comenzó una gira en 2004. En 2007 la estrella volvió a brillar con más fuerza que nunca en el enorme escenario de la Super Bowl XLI. Más de 140 millones de almas conectaron con el genio de la música. Billboard declaró la actuación como la mejor que se ha celebrado nunca en el evento deportivo por excelencia y la revista TIME lo incluyó en la lista de las personas más influyentes del mundo.

Compositor, cantante, guitarrista, pianista, transgresor, influyente. La estrella de Prince no se apaga en nuestra memoria.