De personas desaparecidas está el mundo tristemente lleno, gente anónima por lo general, sólo conocida por aquellos de su entorno cercano o virtual. Y de entre las causas que se barajan para sus desapariciones, el hecho de que hayan sido víctimas de algún tipo de violencia suele ser la más segura o plausible. También para individuos como Jimmy Hoffa, quizá el personaje público más famoso en tal circunstancia. A la huida, por otra parte y como es lógico, se le atribuye que se esfumen los considerados prófugos de la justicia, caso de los criminales nazis en busca y captura tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, como Alois Brunner o el archiconocido doctor Josef Mengele, ambos oficiales de las SS o Schutzstaffel, de los que muchos años después se notificó su fallecimiento. Pero a ninguna de estas dos causas se le supone la desaparición del décimo séptimo Primer Ministro de Australia, objeto de este texto.

Vida y obra política de Harold Holt

Holt nació en Stanmore, un suburbio de Nueva Gales del Sur al oeste de Sydney, en agosto de 1908. Estudió Derecho en la Universidad de Melbourne, para la que ganó una beca, y allí destacó en deportes como el fútbol australiano o el críquet y en oratoria antes de licenciarse en 1930. Ya ejerciendo como abogado, se unió en 1933 al conservador Partido Unido de Australia, sucesor del Partido Nacionalista a partir de 1917 y, desde 1945 y hasta hoy, Partido Liberal de Australia, y tras tres intentos, se convirtió en uno de los parlamentarios más jóvenes de la historia australiana en 1935, es decir, a los veintisiete años: a la tercera fue la vencida.Gracias a él se relajó la llamada “política blanca australiana” por la que se impedía la entrada en el país de personas “no blancas”

Pero en mayo de 1940 decidió luchar como artillero en la Segunda Guerra Mundial, hasta que varios ministros fallecieron en un accidente aéreo en Canberra y el Gobierno de Australia le reclamó para que volviese a centrarse en el servicio político. Fue Ministro de Trabajo de octubre de 1940 y al mismo mes de 1941, y estuvo a cargo de la Investigación Científica e Industrial hasta agosto de ese mismo último año. Entre 1948 y 1956, ocupó el cargo de Ministro de Inmigración, y gracias a él se relajó la llamada “política blanca australiana” por la que se impedía la entrada en el país de personas “no blancas”. Volvió a asumir la cartera de Trabajo entre 1949 y 1958, y como Tesorero, a partir de ese último año, instituyó la Reserva del Banco de Australia y puso en marcha el proceso para que el Estado integrase sus divisas en el sistema decimal.

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Harold Holt y Lyndon Johnson - lbjlibrary.tumblr.com

Había sido Vicepresidente del Partido Liberal durante una década, hasta que fue elegido Primer Ministro y líder del partido en enero de 1966. Su Gobierno ahondó en la relajación de la política blanca, equiparando los requisitos de inmigración para determinado número de extranjeros no europeos a los que se exigían a los naturales del viejo continente, en 1967 decidió no devaluar el dólar australiano con la libra esterlina tal como se venía haciendo desde hacía décadas, convocó un referéndum constitucional en el que se votó que la Commonwealth tuviese poder para legislar acerca de los indígenas australianos, y apoyó enérgicamente las acciones del presidente estadounidense Lyndon Johnson en la Guerra de Vietnam. Y más tarde, tras veintidós meses a la cabeza de Australia, se evaporó.

Cómo desapareció el gobernante del que nunca se volvió a saber

Un día de diciembre de 1967, Harold Holt fue a la playa de Cheviot, en Point Nepean, situada al oriente de la bahía de Port Phillip, muy cerca de Portsea, con otras cuatro personas, entre ellas, su vecina Marjorie Gillespie. A pesar de que el mar estaba inquieto y el oleaje era fuerte, Holt decidió zambullirse y nadar, asegurando que conocía aquella playa como la palma de su mano. Al rato, sus compañeros le perdieron de vista. Entonces, subieron a un acantilado desde el que escudriñar mejor la revuelta superficie del agua y trataron de encontrarle, pero fue en vano.

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Cheviot Beach - Mapio.net

Era un excelente nadador, pescaba, buceaba y le apasionaban los deportes náuticos, pero su salud se había resentido en el año de su desapariciónTres buzos acudieron a su petición de ayuda, y poco después, la policía y equipos de búsqueda y rescate. Una hora más tarde, alrededor de 200 personas se afanaban en dar con él, incluso con helicópteros; miembros del ejército, de la marina y de los guardacostas. Pero no había ni rastro de Holt, así que, dos días después, el Gobierno no tuvo más remedio que declararle “presumiblemente muerto” a sus cincuenta y nueve años, aunque la búsqueda continuó durante otras tres semanas, y el viceprimer ministro John McEwen se convirtió en primer ministro interino. Tres días después del anuncio, se celebró el funeral en Melburne, al que acudieron dignatarios como Lyndon Johnson, Carlos de Inglaterra o el primer ministro británico, Harold Wilson, y muchos otros, y fue retransmitido por televisiones de todo el mundo.

Por supuesto, el sentido común nos indica que Holt se ahogó aquel día. Era un excelente nadador, pescaba, buceaba y le apasionaban los deportes náuticos, y en varias ocasiones se había referido públicamente en sus discursos a lo importante que era contar con una buena condición física. Pero, como suele decirse, los años no pasan en balde, y la salud acaba siendo precaria: a principios de 1967 había sufrido un colapso en el propio Parlamento por una deficiencia vitamínica, y sólo dos meses antes le habían prescrito analgésicos para soportar el dolor de una lesión en el hombro; su médico le había aconsejado que no nadara hasta que sanase, cosa que Holt había ignorado por completo.

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En Cheviot Beach, en memoria de Harold Holt - Mapio.net

Su desaparición ha dado pie a que los conspiranoicos se pongan las botas lanzando teorías disparatadasY por si esto no fuera suficiente indicativo, resulta que estuvo a punto de ahogarse también a comienzos de ese mismo año durante una sesión de buceo en Portsea. Pero, aunque la causa de su desaparición parezca tan clara, tratándose de un primer ministro, el hecho es demasiado jugoso para aquellos que acostumbran a especular a lo loco y dar por ciertos sus propios disparates. Algunas de estas hipótesis sin fundamento fueron que se había suicidado a causa del abatimiento por su creciente impopularidad derivada de su posición ante la Guerra de Vietnam; que había fingido su muerte para poder huir con quien, en verdad, era su amante, Marjorie Gillespie; que era espía del Gobierno chino y había sido recogido por un submarino del país; o que la CIA había acabado con él porque estaba considerando retirar las tropas australianas de Vietnam o porque se oponía a la instalación de bases militares estadounidenses en Australia.Algunos han llegado a afirmar que Holt era un representante alienígena en la Tierra y que un ovni se lo llevó cuando nadaba aquel mediodía

Pero las mejores posibilidades las aportaron otras personas. Como los que afirman que Holt era un representante alienígena en la Tierra y que un ovni se lo llevó cuando nadaba aquel mediodía. O como el ex miembro de la marina Gary Simmons, quien afirma en el montón de cartas que se ha dedicado a enviar a personalidades políticas de todo el mundo que el Primer Ministro fue asesinado por personal del Gobierno australiano en su casa, un día antes del episodio playero, y que él mismo se encargó de retirar el cuerpo y lanzarlo al mar. Lo que pasa es que, no sólo ha sido incapaz demostrar nada de lo que dice, sino que también justifica sus supuestas acciones aludiendo a una “ley suprema del Universo” que le quita la culpa.

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Busto de Harold Holt de Victor Greenhalgh en los Jardines Botánicos de Ballarat - Wikipedia.org

Además, para echar una mano en el esclarecimiento de este misterio, el periodista neoyorkino John Keel aseguró que “los elementales” habían predicho el fallecimiento de Holt en las llamadas profecías de Mothman, y un gurú hindú contó, representado por un integrante del Parlamento de la India, que había tenido una serie de visiones en las que había visto con claridad dónde había sido enterrado el cadáver del Primer Ministro en el fondo del mar, presumiblemente después de su asesinato; pero, como era de esperar, nada fue hallado según sus indicaciones.Lawrence Newell, el inspector de policía que investigó el caso, declaró: “Creo que fue a nadar en unas condiciones en las que fue muy imprudente, y eso es todo”

Sea como fuere, en apoyo de la sensatez y no de la conspiranoia y las camisas de fuerza, en septiembre de 2005, el forense estatal Graeme Johnstone concluyó, tras estudiar toda la documentación sobre el caso, que lo más probable es que Holt se ahogara aquel día en la playa de Cheviot y que su cuerpo fuese arrastrado mar adentro o que, incluso, los tiburones se diesen un pequeño festín con él. Es más, el acceso a la zona de Cheviot había sido restringido por los militares, y existen numerosos registros, hasta centenarios, acerca de su peligrosidad para embarcaciones y bañistas. Lawrence Newell, el inspector de policía que investigó la desaparición en su momento, lo resumió muy bien: “Creo que fue a nadar en unas condiciones en las que fue muy imprudente”, dijo, “y eso es todo”.

Aparte de la obra política de este hombre opuesto al socialismo pero defensor de una distribución más equitativa de los recursos económicos, al que el historiador político James Jupp señaló como un reformista del liberalismo victoriano, lo que a los australianos les queda de él es la expresión “hacer un Harold Holt”, que se refiere a cuando alguien desaparece de repente y sin explicación alguna y se emplea sobre todo para ausencias en reuniones sociales, y diversos monumentos conmemorativos, como la placa atornillada al fondo marino de la playa de Cheviot, en la que puede leerse lo que sigue: “A la memoria de Harold Holt, primer ministro de Australia, que amaba el mar y desapareció por aquí el 17 de diciembre 1967”. Y nunca más se supo.