Debe de resultar difícil separar a Lena Dunham del personaje al que interpreta en Girls, la exitosa serie de la HBO que fue su tercer y triunfal intento de crear una ficción televisiva. Por lo que sabemos de ella, es probable que Hannah Horvath tenga mucho de su personalidad, y la serie, de sus vivencias. Porque sólo lo que transmite verdad, aunque sea en un rango sutil, ha de ser tomado tan en serio como su reputada productora a Girls.Sólo lo que transmite verdad ha de ser tomado tan en serio como la HBO a 'Girls'

Decir que se trata de “una serie de chicas” sólo revela que uno no entiende nada, y tampoco encuentro una razón válida por la que el protagonismo femenino sólo le pueda interesar a las mujeres, una idea poco inteligente y bastante ridícula. Girls es una serie emocional y sexualmente cruda, divertida y algo excéntrica, y no es de extrañar que hayan comparado a Dunham con Woody Allen, y no sólo por la verborrea un pelín neurótica, la torpeza, la hipocondría y algún trastorno más importante de su personaje neoyorkino, sino también por su interés en radiografiar con cierta lucidez las relaciones amorosas de la juventud.

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Pero a Dunham no se le ha visto aún el puntillo de genialidad de Allen; a veces sus giros y las reacciones de sus personajes son un tanto arbitrarios, y da la sensación de que cualquier estado de cosas dura poco o que todo ocurre con una rapidez inusitada. Pero esto quizá sea consecuencia de lo que Dunham ha construido: un retrato de la inestabilidad emocional de unos jóvenes que se encuentran básicamente perdidos en las circunstancias de la edad adulta.Pensar en 'Girls' como "una serie de chicas" es una idea completamente ridícula, no comprenderla en absoluto

Parece innecesario diferenciar unas temporadas de otras, salvo para seguir el curso narrativo, porque el estilo, el nivel y la clase de hechos que se suceden no varían demasiado y ni mucho menos se yerguen como barreras entre ellas, aunque mediada la segunda se va oscureciendo. Los múltiples enfrentamientos de los personajes tienen unos diálogos de cierto grado, las numerosas escenas sexuales son siempre creíbles, el humor extravagante puede arrancar carcajadas sin risas enlatadas y hay cierres con una composición que despierta emociones luminosas, como precisamente el de la segunda temporada o el de la quinta, que acabamos de ver.

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Hay escenas hilarantes, como la del episodio piloto en que los padres de Hanna (Peter Scolari y Becky Ann Baker) descubren en qué estado les ha ido a ver su hija, o aquella en la que su abuela dice lo que opina sobre el matrimonio en “Flo” (3x09); y grandes ideas como las de juntar al impredecible Adam Sackler (ídem Driver) y al misántropo Ray Ploshansky (Alex Karpovsky) en “Boys” (2x06) y que interactúen con el par de caracteres que tienen, o un minuto al desquiciado Jasper (Richard E. Grant) con la taquilálica Shoshanna Shapiro (Zosia Mamet). Y Dunham y los demás guionistas, como Sarah Heyward, Jason Kim, Jennifer Konner o el popular Judd Apatow, demuestran lo bien que conocen a sus personajes en episodios como “Beach House” (3x07).'Girls' arranca carcajadas sin risas enlatadas y hay cierres con una composición que despierta emociones luminosas

No faltan piezas aunque sea ligeramente raras o especiales, como el capítulo circular “One Man’s Trash” (2x05) o “The Panic in Central Park” (5x06) y su escapismo. Y, como no podía ser de otra manera, Girls también cuenta con momentos dolorosos, como lo que ocurre en “Sit-In” (4x05), que va al grano tras la confirmación al final del episodio precedente de lo que nos olíamos durante lo que iba de temporada. Sin embargo, parece que Dunham se niega en redondo a los dramones, e incluso en la mayoría de las escenas más emocionales y difíciles inserta pequeños detalles de naturalidad cómica que las desinfla un poco y las hace más realistas y llevaderas.

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Por otro lado, pese a su descontrol ocasional, es Adam el que de veras sabe juzgar con perspicacia al resto de personajes, y uno se queda muy a gusto cuando suelta verdades como puños por su bocaza. Esa es la razón de que pueda ser considerado el mejor personaje de la serie, alguien muy distinto a cada una de las cuatro protagonistas, sin el envaramiento de Marnie Michaels (Allison Williams), ni la cínica inmadurez de Jessa Johansson (Jemima Kirke), ni la frivolidad de Shoshanna ni, claro, el intelectualismo de Hannah; es inteligente y posee una excelente puntería emocional, aunque no siempre sea infalible.El impredecible Adam Sackler y el misántropo Ray Ploshansky son algo así como la conciencia de la serie

Y Ray casi no le va a la zaga en esto, y además de sus juicios certeros de otros personajes, se disfruta mucho también cuando se deja llevar por su ira y su misantropía y le arroja a los demás palabras indiscutibles, o cuando hace lo mismo con absoluta calma y la ternura de un huraño desengañado que encuentra un poco de luz entre el oscuro hastío. Y mientras que otros como Elijah Krantz (Andrew Rannells) no se nos antojan más que una comparsa con escaso desarrollo, se diría que Adam y Ray son algo así como la conciencia de la serie.

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Habiendo concluido la quinta temporada, ambos seguirán siéndolo al menos durante la sexta y última, que se estrenará en 2017. Después, Dunham tendrá que pensar si de veras quiere y puede convertirse en la Woody Allen femenina o conservar su propia voz, y nosotros, ávidos espectadores, a qué otra serie dedicaremos nuestras horas sin esta ración de jóvenes neurosis neoyorkinas, que no podrán tener más que un final abierto. Porque así es el curso de la vida hasta que acaba, una sucesión de vaivenes emocionales, con algunas treguas, y laboriosidad continua; y a juzgar por lo que nos ha mostrado en Girls hasta ahora, Dunham lo sabe muy bien.