Por suerte, de un tiempo a esta parte las clásicas comedias y almibaradas comedias románticas, tanto en formato de película como de serie de televisión, han ido dejando paso a otro tipo de enfoques. Evidentemente, la fórmula sigue funcionando como un tiro a nivel comercial (no hay año en el que no veamos un par de series y un puñado de películas presentando los mismos tropos de siempre) pero parece que más allá de los desarrollos almibarados y finales felices, otro tipo de producción ‘romántica’ es posible.

En la química entre Rob y Sharon, actores y guionistas, está una de las claves

Me vienen a la cabeza películas como la trilogía ‘Antes del’ de Richard Linklater, la dura ‘Blue Valentine’ o la española y reciente ‘Hermosa juventud’ pero hoy toca hablar de algo totalmente opuesto a los proyectos nombrados, una serie británica que llegó sin hacer mucho ruido y descubrí pasados varios meses después de su estreno, cayendo enamorado al instante.

Catastrophe, protagonizada y escrita por los comediantes Rob Delaney y Sharon Horgan, es la clara simbiosis entre la comedia negra y la romántica. Imaginad, por ejemplo, la socarronería de producciones como House o Frasier, llevada un paso más allá, salpicando una romcom de corte relativamente tradicional en la que se nos cuenta la relación de una pareja desde su primer encuentro.

De su título, Catastrophe, se pueden sacar muchas ideas sobre lo que encontrar: aquí nada es de color de rosa, los finales felices no siempre lo son tanto y que se adhiera al género de la comedia no exime la serie de presentar escenas con una potente carga dramática. Una de las mejores características de Catastrophe es que todo eso, el lado más brutal e incómodo de una relación, es presentado con una pátina de humor y sátira que la convierten en un producto televisivo prácticamente único y sin comparación real en emisión.

Lo peor de Catastrophe es lo breve de cada una de sus dos temporadas

De hecho, son muchas las cosas que hacen de Catastrophe un producto diferente a ese género tan estereotipado que es el de la comedia romántica; podéis olvidaros de los tópicos personajes veinteañeros y sacados de una revista de modelos y también de las edulcoradas segundas relaciones de sexagenarios: Sharon y Rob son cuarentones llenos de defectos, miedos y carencias. Y lo mismo ocurre en un impecable casting en el que cada personaje, por secundario que sea, termina enamorando o provocando cierta repulsión. Así, Catastrophe no sabe lidiar con medias tintas y, para bien o para mal, suele pasarse de frenada.

Que en el primer y nada romántico encuentro entre ambos, mientras Rob pasa seis días en Londres por motivos de negocios, Sharon quede embarazada es un claro ejemplo del tono y propuesta de la serie. A partir de ese momento: disputas, discusiones y reconciliaciones serán la norma, siempre salpicadas por el contraste entre las costumbres y maneras de un americano algo más tradicional y una irlandesa a lo que las normas y lo establecido no le terminan de gustar. Y así, de esta forma, los momentos puramente románticos serán una bienvenida excepción que, de verdad, nos llegarán al corazón.

No hay que olvidar, además, lo arriesgado del planteamiento. No ya por el hecho de romper tópicos, de presentar un embarazo como algo no deseado y aterrador o de tocar temas como el Alzheimer o el alcoholismo si no, también, en el plano de la estructura. Sin entrar en spoilers diré que cuando todo indica que la trama puede seguir un camino y alargarse durante un número considerable de temporadas, los guionistas y actores deciden romper con lo establecido y cambiar las tornas. Es un salto abrupto, que puede llegar a molestar pero que, como todo lo que pasa en Catastrophe, termina teniendo mucho más sentido, tanto narrativo como cómico, del que pudiera parecer.

El título, por cierto, sale de un pasaje de ‘Zorba, el griego’: “Soy un hombre, así que me casé. Mujer, hijos, casa, todo. La catástrofe completa”. Una síntesis perfecta de lo que una de las mejores comedias románticas de la televisión busca representar, ofreciendo el socarrón punto de vista de dos de los personajes mejor escritos y con más química de los últimos años. ¿Lo malo? Es muy probable que sus seis episodios por temporada se os queden muy cortos.

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