Europa y América. A la vez, tan similares y tan diferentes. Cultura occidental compartida con una asimilación de principios políticos tan distinta. Una realidad en versión aumentada durante la actual carrera electoral norteamericana cuya gran estrella, en el bando los buenos (o menos malos), es sin duda Bernie Sanders.

La figura que encarna Sanders puede parecer anecdótica dentro del sistema político de EE.UU. Es un progresista independiente, autodeclarado socialista, que lucha contra el resto. Por un lado, un partido republicano cada vez más conservador e histriónico gracias al efecto Trump; por otra parte, un partido demócrata dominado por el stableshment financiero.

La falta inicial de apoyos económicos por parte de grandes corporaciones supuso un bache arduo de superar durante los primeros compases de su campaña. Un obstáculo que comenzó a superar gracias a una intensa labor de comunicación a través de las Redes Sociales. Porque su público objetivo inicial fueron sin duda los jóvenes.

Bernie Sanders durante su visita a Nueva York. Fuente: DemocraticUnderground
Bernie Sanders durante su visita a Nueva York. Fuente: DemocraticUnderground

No obstante, a medida que avanzó la campaña demócrata, su equipo fue realizando considerables esfuerzos para llegar a otros grupos sociales como la comunidad negra y latina. Eso sí, teniendo siempre en cuenta la victoria anticipada de Hillary Clinton entre estos sectores. Una realidad que retroalimenta la escasa exposición mediática de una vida dedicada a la lucha por los derechos civiles como la de Sanders.

Experiencia en las trincheras

Un episodio que muy pocos conocen sobre el Senador de Vermont, más allá de su apoyo general en causas favorables a la comunidad negra o gay. Un pedazo de historia que vuelve a nuestros días gracias a una fotografía de 1963.

El Chicago Tribune publicó una fotografía procedente de sus archivos en la que un jovencísimo Bernie Sanders de 21 años, estudiante de la Universidad de Chicago, era detenido por dos policías durante una protesta por la segregación escolar. Una prueba gráfica de la gran batalla de un barrio negro de Chicago que salpicó la prensa local y nacional.

Bernie Sanders fue detenido en 1963 durante las protestas contra la segregación racial en las escuelas de Chicago. Fuente: ChicagoTribune
Bernie Sanders fue detenido en 1963 durante las protestas contra la segregación racial en las escuelas de Chicago. Fuente: ChicagoTribune

Para el año 1963, las aulas del barrio de Englewood estaban abarrotadas. Para hacer frente al problema, las Escuelas Públicas de Chicago comenzaron a transformar un viejo comercio y almacén entre las calles 73ª y Stewart en una especie de escuela con una capacidad prevista para 1.200 estudiantes. En enero de ese mismo año, aún con el edificio sin terminar, 453 alumnos debían transferirse a un lugar que en absoluto cumplía los mínimos estándares legales para acoger una escuela, a tan sólo unos metros de las vías del ferrocarril.

Claro está, la reacción de los padres no se hizo esperar y decidieron sacar a sus hijos de aquel intento de escuela todavía sin bautizar. Levantaron piquetes contra la controvertida decisión del Estado de Illinois, a pesar de los intentos de los administradores escolares por convencer a los progenitores. El proyecto pasó de restaurar un viejo almacén a instalar aulas portátiles para cientos de alumnos ¿Un espacio escolar en un lugar sin bocas de incendios y frente a las vías del tren? Es cierto que lograron su cierre durante el primer semestre, pero el enfrentamiento volvió a reanudarse. Las Escuelas Públicas de Chicago afirmaban que la implantación de este tipo de aulas era una solución frente al aumento de matriculaciones en el barrio. Lo cierto es que era una mera y chapucera improvisación para mantener a los estudiantes negros fuera de las aulas blancas con el ratio profesor-alumno (nº de alumnos por cada profesor) más bajo. De hecho, los esfuerzos segregacionistas en absoluto cesaron, aún con el cierre definitivo del viejo almacén. Y es que la nueva idea pasó por instalar 25 aulas portátiles a tan sólo unos cientos de metros del enclave original, en un terreno limitado por un terraplén.

El consejo de padres logró el apoyo del Congreso por la Igualdad Racial (CORE) y las protestas se endurecieron. Durante el 1º día hubo 67 detenciones, tanto blancos como negros se echaron al barro frente a los camiones de la construcción, desafiando las órdenes de la policía. Los acontecimientos alcanzaron popularidad a nivel nacional y Benjamin Willis, supervisor de las Escuelas Públicas de Chicago, intentó desacreditar a los padres asegurando que el conflicto estaba orquestado por “agitadores externos” que no los representaban.

Finalmente, la junta escolar votó por cerrar las aulas portátiles y distribuir a los alumnos negros en tres escuelas primarias distintas. Una decisión que no agradó a los padres, aunque las protestas se calmaron. Se evitó que 800 niños permaneciesen en estas aulas durante 2 años, sin instalaciones adecuadas, al borde de un barranco y junto a las vías del tren sin ningún tipo de vigilancia. Una pequeña victoria de la que Sanders fue partícipe y que da cuenta, sin duda, de su compromiso con los derechos sociales.

¿El principio del fin?

Volvamos al presente. Las abrumadoras victorias de Clinton en estados clave para la nominación demócrata, han dado el pistoletazo para la derrota final de Sanders. Es un hecho que muchos daban por hecho antes incluso del inicio de la campaña electoral y muy a pesar de las cuatro victorias consecutivas en los últimos caucus. Además, los 467 superdelegados demócratas de Clinton puede que tengan un peso casi definitivo frente a los 26 del neoyorquino.

Quizás uno de los factores determinantes de su previsible derrota es el hecho de ser una figura semi-desconocida fuera de su Estado, a pesar de historias como ésta. Además, tiene en frente a la mujer más poderosa de EE.UU, con una carrera en el primer plano político desde su papel como Primera Dama durante el gobierno de Bill Clinton. A pesar de ello, es seguro que el ideario de Bernie Sanders tendrá un papel más relevante en la política norteamericana durante los próximos años. ¿Quizás se cumpla la inverosímil opción de un puesto en el posible futuro gobierno de Clinton? Se abren las apuestas.

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