La primera entrega de American Crime Story se enfocó en el famosísimo juicio por asesinato de O.J. Simpson. The People vs. O. J. Simpson se titula la primera temporada de esta franquicia creada por Ryan Murphy; de la cual acaba de emitirse su último capítulo dejando una muestra más de que la realidad supera a la ficción y que Murphy y su equipo saben hacer grandes títulos para la televisión.

The People vs. O. J. Simpson tiene grandes puntos a su favor, por un lado nos muestra la cara más fea de la corrupción, de la procuración de justicia y el poder mediático, en este caso en Estados Unidos. Nos muestra, por ejemplo, que la opinión pública, con no poca ayuda de la televisión amarillista, puede hacer pedazos un caso sólido y, que se creía casi en la bolsa, de la fiscalía. Nos muestra, también, que los discursos más loables como el de la igualdad y el respeto por los derechos civiles de cualquier persona, en este caso de las personas de raza negra, pueden ser utilizados para abanderar casi cualquier cosa con fines más bien mediáticos, oportunistas, para sacar ventaja de esto ante el jurado.

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A esto debemos agregar que la serie nos lleva a la mitad de los años 90. El juicio de O.J. terminó en 1995 y, como todos sabemos, fue absuelto del crimen del que fue acusado: el asesinato de su exposa Nicole Brown y de Ronald Goldman, un amigo de esta última. En la serie, la recreación de esta lejana época es impresionante; esto fue gracias a Jeff Mossa responsable del diseño de producción. Podemos ver la moda característica de esos años, la tecnología, el poder mediático en formatos que hoy nos parecen lejanos, las oficinas en las que se fumaba, los celulares como ladrillos, las televisiones con cinescopios, y así un montón de detalles peculiares.

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Pero no todo es forma en American Crime Story, también hay mucho de fondo; estamos hablando de un drama de alta confección, como suelen ser las creaciones de Murphy. La historia que se desprende de la vida real es manejada a través, no del propio O.J. sino de todos los implicados en el caso. Esto lo hace con grandes personajes realizados por un reparto más que excepcional: por un lado tenemos que el protagonista es interpretado por Cuba Gooding Jr, y además participa John Travolta como Robert Shapiro, la genial Sarah Paulson como la abogada fiscal Marisa Clarck, Courtney B. Vance como Johnnie Cochran y David Schwimmer como Robert Kardashian.

Además del gran trabajo de Gooding Jr. que por momentos es impactante, John Travolta hace un excelente papel como el abogado del inconmensurable ego (al menos así lo retratan). Por otro lado tenemos a Paulson que es garantía, y si bien no deja de sorprendernos en sus anteriores trabajos con Murphy en American Horror Story, en varios capítulos de esta serie su actuación nos pone los pelos de punta y nos lleva a la desesperación al interpretar a la abogada fiscal que pasa de tener un caso sólido a uno que se le escurrió de entre las manos a golpe de periodicazos, programas de televisión y opiniones sobre si su género, y su vida personal, son competentes para su labor profesional.

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Si hay algo que cautiva en la serie es precisamente el nivel humano de los personajes, de la trama y que nos da la razón cuando decimos que la realidad tiene un lado mucho más oscuro y denso que la ficción; que esta última entretiene, asusta y enoja por un momento pero la realidad golpea, enfurece y espanta mucho más con sus consecuencias. Sin duda una de las razones de Murphy para volcar su franquicia de "American Horror" a las historias reales. Por cierto, la siguiente temporada estará enfocada en el huracán Katrina.

Por último, para resumir podríamos decir que cada uno de los 10 capítulos de la serie tienen su propio encanto y en verdad vale la pena darle una oportunidad a esta serie. La serie tiene un equilibrio macabro sobre los procederes humanos y sobre la lucha de poder, es una historia redonda con grandes personajes interpretados con maestría.