Hace ya cinco años desde la catástrofe de la central de Fukushima. Sin embargo, los problemas todavía no han acabado. Según los datos de un reciente estudio publicado en la Environmental Science and Technology y llevado a cabo por investigadores del ICTA-UAB y del Departamento de Física de la UAB, la central podría tener una fuga por la que se sigue escapando estroncio y cesio radiactivos. Estos componentes procedentes del proceso de la planta han ido acumulándose hasta alcanzar niveles mayores que los registrados con anterioridad en las costas japonesas. Los niveles más, altos, explican los investigadores, apuntan a una fuga continua de agua contaminada por estroncio y cesio radiactivos.

De 10 a 100 veces peor

Según los datos aportados por el equipo de la UAB, los niveles detectados, que incluyen recientes datos tomados hasta junio de 2015, muestran una radiactividad en agua de mar de entre 10 y 100 veces mayores que los niveles registrados antes del accidente. La investigación analiza los datos de concentraciones de estroncio 90 y cesio 134 y 137 en la costa de Japón desde el accidente hasta septiembre de 2013 y una perspectiva global hasta 2015. Los datos apuntan a que existe un fuga continua de agua cargada con los isótopos radiactivos la cual alcanza hasta los 110 km de distancia y los 500 m de profundidad con respecto a la central de Fukushima.

TEPCO
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No obstante, las concentraciones más altas de estos contaminantes se encuentran, tal y como se muestra en los análisis, a menos de 6 km de distancia desde la central. Estos son 9, 100 y 50 veces mayores en estroncio 90 y cesio 134 y 137 respectivamente, en comparación a los datos previos al accidente. Estos iones podían detectarse con anterioridad debido a diversos ensayos atómicos realizados en el océano pacífico en los años 50 o 60. Sin embargo, ahora, está claro que su origen se encuentra en los depósitos de aguas radiactivas procedentes de la central.

Recogiendo las aguas radiactivas

Como consecuencia del terremoto y posteriores tsunamis, la central de Fukushima quedó dañada irreparablemente el 11 de marzo de 2011. Desde entonces, los vertidos a la atmósfera y las aguas de materiales radioactivos fueron continuos hasta la puesta de medidas por parte de la Tokyo Electric Power Company. Desde entonces, junto a las autoridades japonesas, la compañía se ha encargado de controlar el flujo de aguas contaminadas que entran y salen de la central. Para ello, almacenan el agua radiactiva utilizada como refrigerante de los reactores con la intención de descontaminarla de forma parcial. Mientras se mantengan en contención, el agua no debe suponer problema alguno. Sin embargo, debido al estado de la central, parece que una fuga está poniendo en peligro la operación.

Trabajadores en la limpieza del desastre en Fukushima.  Reuters.
Trabajadores en la limpieza del desastre en Fukushima. Reuters.

El resultado, por tanto, muestra la necesidad de controlar de forma continua el estado de las aguas del PacíficoEl resultado, por tanto, muestra la necesidad de controlar de forma continua el estado alrededor de la central, así como las aguas del Pacífico con la intención de monitorizar posibles fugas. Una fuga de estas características, además de su potencial peligroso, al emitir sustancias radiactivas al medio, puede suponer un problema serio por problemas materiales y su deterioro. Los isótopos radiactivos vertidos pueden tener una vida media de entre varios días a decenas de años, según su tamaño y naturaleza. Además, a pesar de ser más "tenues" que otros elementos radiactivos, siguen suponiendo un peligro para la salud tanto humana como del ecosistema.

Este estudio continúa el trabajo iniciado tras el accidente de 2011 por algunos investigadores de Bélgica y de Japón que colaboran en la actualidad en la investigación la cual está enmarcada en el proyecto europeo FRAME, liderado por el Dr. Pere Masqué, de la UAB. El objetivo final es estudiar el impacto de las fugas recientes de la central nuclear de Fukushima en el medio marino y mostrar la necesidad de control permanente en casos tan graves como es el de la central nuclear de Fukushima.