Una investigadora premiada por la Unión Europea con dos millones de euros ha sido despedida del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) por presunto fraude científico, según publica el periodista Manuel Ansede en El País.

La bióloga molecular Susana González, que trabajaba en el ámbito de la epigenética, fue despedida por la entidad dirigida por Valentín Fuster el pasado 29 de febrero. Aunque en la información revelada por Materia la científica niega las acusaciones, la investigación interna del centro, junto con las dudas lanzadas por PubPeer, contradicen estas afirmaciones.

Del caso de Doñana a las sospechas en Barcelona

El caso de González, a pesar de no haber sido confirmado, no es el único que ha hecho sobrevolar las sospechas de fraude científico en nuestro país. En el año 2012, el periodista Rafael Méndez destapó una historia parecida en El País. Un investigador de la Estación Biológica de Doñana, perteneciente al CSIC, fue denunciado por mentir y falsear resultados. La acusación fue confirmada posteriormente, ya que la investigación realizada por el Consejo reveló que Jesús Ángel Lemus había mentido o errado en 24 trabajos publicados en 17 revistas científicas.Un investigador de Doñana fue despedido tras haber mentido o errado sus resultados en 24 trabajos

En las últimas semanas, el periodista Leonid Schneider ha señalado en su blog al Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) de Barcelona. Las sospechas se centran en la científica portuguesa Sonia Melo, que realizó su doctorado bajo la dirección de Manel Esteller, una de las máximas figuras de la investigación en España. De acuerdo a la información publicada por Schneider, el IDIBELL está estudiando internamente este caso, por el que Melo, que trabaja actualmente en Oporto, ha sido apartada de la financiación de la European Molecular Biology Organization (EMBO).

Las sospechas sobre este presunto caso de fraude científico comenzó a finales de enero de 2016, cuando un trabajo conjunto publicado por Esteller y Melo fue retirado de la revista Nature Genetics al contar con imágenes duplicadas. Las reticencias sobre la investigadora se extienden también a otros centros donde realizó estancias tras finalizar el doctorado, como el MD Anderson Cancer Center de la Universidad de Texas o el Instituto de Patologia e Imunologia Molecular da Universidade do Porto.

Actualización 7 de marzo, 10:44: Desde Hipertextual nos hemos puesto en contacto con el área de comunicación del IDIBELL en relación a este caso y su respuesta ha sido la siguiente:

En relación a tu consulta sobre el caso de Sonia Melo, te informamos que el artículo publicado durante su colaboración con el Dr. Esteller fue retractado de la revista Nature Genetics debido a las dudas sobre la conducta de la investigadora. Dentro del grupo del Dr. Esteller se está revisando cualquier otro resultado que pudiera estar sujeto a controversia, como es habitual en la práctica científica, en respuesta a las solicitudes de investigadores independientes que requieran de esta información. Este proceso es totalmente normal e interno del grupo, y responde a los protocoles de publicación y discusión científica habituales.

Adicionalmente, el Idibell dispone de la figura del Ombudsman para asegurar la calidad de la investigación científica y resolver conflictos entre investigadores de la institución. De ser necesario, esta figura puede actuar independientemente para resolver cualquier duda sobre la buena praxis científica, cosa que no se da en este momento ya que, como hemos dicho, el Dr. Esteller procedió a retractar de forma inmediata el artículo al desvelarse las dudas sobre la conducta de la Dra. Melo.

Es importante recalcar que la responsabilidad de la gestión de los resultados de una publicación científica recae normalmente en el primer autor de ésta, y que la labor del autor sénior (último firmante), es dirigir, coordinar y revisar el trabajo, con lo cual cabe dentro de lo posible que los errores publicados pasaran inadvertidos por su filtro. Así pues, la actitud de Manel Esteller ha sido ejemplar reconociendo un posible error y retirando el trabajo con celeridad una vez expresadas las dudas sobre el mismo.

¿Se persigue el fraude científico?

Una jornada organizada entre la Fundación Rafael del Pino y el CSIC abordó la problemática del fraude científico en España en 2013. Las conclusiones del evento fueron realmente preocupantes, ya que según los análisis, se ha incrementado diez veces desde 1975, poniendo en riesgo el progreso de la investigación.El fraude científico en España se ha multiplicado por diez desde 1975

Como explica Lluís Montoliu, del Centro Nacional de Biotecnología, "los científicos, como otros colectivos, solo tenemos, de verdad, nuestra integridad profesional y credibilidad. Si engañamos ya no hay vuelta atrás. No existe remedio. Podrás ser lo que quieras el resto de tu vida, pero ya nunca más científico. Los atajos se pagan muy caros en esta profesión". Sus valoraciones son una realidad en la carrera investigadora, como quedó demostrado con el caso de Lemus, en el que el CSIC decidió no renovarle el contrato.

De acuerdo a las fuentes consultadas por este medio, evitar "el plagio se enmarca dentro de los deberes del personal investigador, junto con los que se hacen extensibles dentro del artículo 15 de la Ley de Ciencia, la Tecnología y la Innovación de 2011". Esta "desviación", calificada así dentro del Código de Buenas Prácticas del CSIC, es rechazada por la comunidad investigadora. ¿Pero qué ocurre con el fraude científico?

fraude científico
EFE/Juan M. Espinosa (Marca España)

Según la misma fuente, "en los casos en los que se pueda apreciar fraude o estafa, o incluso aquellas figuras como la malversación de caudales públicos o aprobación indebida, estaríamos circunscribiendo el asunto al ámbito penal que no hacen distinción respecto del tipo objetivo y se centra en el puro, y no al puramente administrativo, marco en el que se regula al propio CSIC y a aquellos que tiene bajo su paraguas como personal funcionario o eventual durante el tiempo de su mandato". En ese sentido, el Código del Consejo también califica al fraude científico como "desviación", señalando que son "responsabilidad última del científico que las practica". Por ese motivo, el documento hace referencia a tres mecanismos para combatir el fraude científico, además de los recogidos en la propia legislación:

1. La obligación de los investigadores de someter a crítica mediante la revisión por pares, cualquier nueva aportación, así como la posibilidad de que otros investigadores, de forma independiente, contrasten los resultados obtenidos.

2. El compromiso de la comunidad científica, tanto nacional como internacional, de denunciar y combatir el fraude.

3. La coordinación de todos los agentes, tanto nacionales como internacionales, que participan en la investigación científica, en las tareas de vigilancia del fraude y en su persecución sistemática.

Las sospechas del fraude científico que sobrevuelan de nuevo son, sin embargo, casos aislados que no deberían ensuciar el trabajo de otros investigadores. Y es que según datos del Instituto Nacional de Estadística de 2013, el número de científicos en España superaba las 123.000 personas. Las historias mencionadas, de confirmarse, sí deberían sin embargo servir para promover una regulación específica en la que el plagio, el fraude científico y otras "desviaciones" similares fueran perseguidas de manera expresa. ¿El objetivo? Tratar en todo caso de favorecer el progreso de la investigación sin emplear atajos.