En la educación básica, todos hemos vistos alguna vez la tabla periódica de los elementos. Una ordenación de las sustancias que forman el mundo que conocemos. Pero son menos los que conocen la difícil historia de Dimitri Mendeléyev, su creador, quien tuvo que luchar contra todo tipo de tragedias, personales y familiares, en busca de respuestas. Y bueno, hay que admitir que el viaje, aunque fue duro, al final mereció la pena, ya que a día de hoy Mendeléyev es reconocido como el genio que fue y sus conocimientos son enseñados todos los días a lo largo del mundo.

Desde Siberia

Año 1834. Dimitri Ivánovich Mendeléyev fue el menor de una familia con diecisiete hijos situada en Tobolsk, Siberia. Aunque casi todos sus hermanos ya se encontraban independizados, la ceguera de su padre, ocurrida el mismo año en el que nación, condenó a la familia a no tener dinero para vivir dignamente. A pesar de los esfuerzos de su madre de dirigir la fábrica de cristal familiar, un incendio y la muerte de su padre terminó por forzar la salida de los Mendeléyev de Tobolsk. María, su madre, decidió brindarle un futuro a su hijo y apostó por invertir sus ahorros en la educación del joven Dimitri. Así, Mendeléyev se presentó en la universidad de Moscú con un currículum educativo básico pero brillante y una nueva oportunidad.

Pero fue rechazado. Cuestiones políticas, probablemente, le cerraron las puertas de la que era su formación. No obstante, Mendeléyev no se rindió y continuó sus estudios en el instituto pedagógico de San Petersburgo, donde mostró desde el comienzo una increíble dedicación. Los últimos años de carrera sin embargo, fue diagnosticado de tuberculosis, lo que lo confinó a la cama de la enfermería durante largos periodos. Es curioso que su enfermedad estuviese mal diagnosticada, y, a pesar de la molestia, en 1855 se graduó como el primero de su clase, presentando una de sus primeras memorias sobre la naturaleza química de los cristales.

Mendeléyev fue obligado a dejar su puesto de profesor por cuestiones meramente políticasDe ahí, su formación fue creciendo en prestigio y calidad. Consiguió, gracias a su trabajo, una beca para estudiar en Heidelberg donde estudió con gente tan importante para la química moderna como Kirchhoff o Bunsen. Con veintitrés años ya dirigía un curso en la universidad. Pero todavía no habían acabado sus penurias. Casado por obligación, Mendeléyev vivió infeliz hasta 1871 cuando se separó de su mujer. En 1877 se enamoró de la que sería su segunda mujer, aunque su primera esposa no le puso las cosas fáciles, negándole el divorcio durante cuatro largos años. Al fin, desesperado, obtuvo la separación legal en 1882, y por fin se reunió en un feliz matrimonio para el resto de su vida.

Pero la política siguió jugando con su vida durante algunos años más. Nunca fue admitido en la Academia Imperial de Ciencias por sus ideas marcadamente liberales. Además, en 1890 fue obligado a abandonar su puesto de profesor por pura decisión política, tras entregar una carta de los alumnos dirigida al Zar. El reconocimiento que tuvo fuera de Rusia nunca se correspondió con la atención de su país, donde se le reconocía pero se le desdeñaba por su mente liberal. Se codeó con el matrimonio Curie, recibió el doctorado Honoris causa de la universidad de Oxford y Cambridge, y estudio todo tipo de materia: eclipses, petróleo, cristales, ganadería... la cantidad de trabajos que presentó es extensísima. Finalmente, en 1907, Mendeléyev murió. A pesar de sus trabajos, muchos de los cuales fueron realizados para el imperio ruso, tardaron décadas en reconocer la genialidad de este científico.

Mendeléyev y la tabla periódica

Pero, aunque la cantidad de trabajos es increíble (y casi todos tienen aplicación actual), probablemente el descubrimiento por el que más se reconoce a Mendeléyev fue la tabla periódica. Otro científico de renombre, Lavoisier, ya trató de ordenar los elementos de una manera un tanto ruda, pero válida, separándolos por sus propiedades químicas y físicas entre metales, metaloides y no metales. Otros intentos de tablas periódicas también fueron puestos de manifiesto desde que en el siglo XVII se comenzara a usar el concepto de elemento. Sin embargo, en 1869, Mendeléyev presentó un modelo sencillo, lógico y que, a todas luces, era coherente con la naturaleza.

Tabla periódica en espiral. Tehodor Benfey, 1960. | Bastianow

Sus extensos conocimientos de los elementos químicos le permitió ordenar los elementos según su masa atómica. De esta manera, ordenó los sesenta y tres elementos conocidos por entonces, dejando huecos para los restantes. No fue al único al que se le ocurrió semejante ordenación, pues Julius Lothar Meyer propuso casi lo mismo y casi al mismo tiempo. Sin embargo, el peso creciente de Mendeléyev hizo que Werner diseñara la tabla que hoy día conocemos según las indicaciones del siberiano. La ordenación propuesta era prácticamente perfecta, agrupando los elementos en grupos y periodos comunes, de mayor a menor.

Esta manera nos permite predecir la existencia de otros elementos desconocidos hasta la fecha, las propiedades de los mismos y su naturaleza. Así lo hemos hecho hasta el momento, cuando hemos podido sintetizar algunos elementos predichos por la tabla periódica pero que no existen de forma natural. En definitiva, la tabla periódica, debida a Mendeléyev (y Meyer) nos permite conocer y controlar la materia con la que nos relacionamos todos los días. Y este es solo uno más de los logros de un científico que no solo asentó las bases modernas de la química, sino que nunca fue reconocido en su propio país. Como suelen decir, "en casa de herrero cuchara de palo".

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