Tradicionalmente, la ludopatía se ha asociado a las timbas de póker, las máquinas tragaperras o a los casinos y bingos. La llegada y masificación de Internet, igual que ha cambiado las relaciones sociales, el consumo de cultura o el acceso a la información, también ha transformado el perfil del ludópata promedio.

Ahora se juega, sobre todo, por Internet. A través de webs de casas de apuestas o de sus aplicaciones. Como alternativa, salones de juegos donde el premio se puede cobrar en metálico, no hay que registrar una tarjeta de crédito (que muchos jóvenes ni siquiera tienen) y además da pie a la socialización en torno a la apuesta. No obstante, hay un tercer escenario peligroso para jóvenes que pueden convertirse en potenciales ludópatas: las máquinas de apuestas individuales que habitan muchos bares. Nadie les pide el DNI, nadie les conoce, ni siquiera necesitan frecuentar un mismo entorno, pueden ir rotando, sobre todo si viven en ciudades grandes.

En este sentido nos habla un Doctor en Psicología de APEAP (Grupos de Ayuda Para el Tratamiento de las Adicciones Psicológicas) que prefiere mantener su nombre en el anonimato. Según él, en los últimos años ha aumentado el acceso y la disponibilidad del juego gracias a Internet, lo cual acarrea un aumento del propio juego. "Hace diez años la ludopatía se centraba en tragaperras, bingos y casinos. Ahora es online, sobre todo de apuestas deportivas. Muchas más personas han perdido el control por su adicción." Asimismo, nos explica que hace unos lustros era muy habitual ver personas que habían perdido el control con las apuestas hípicas, y hoy es un problema prácticamente desaparecido. El porcentaje de ludópatas de casino ha descendido, el de las tragaperras se ha mantenido, y el del juego de azar online ha aumentado.

También nos lo confirma y explica Juan Lamas Alonso, director técnico de FEJAR (Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados). Por las diferentes asociaciones que componen la asociación han pasado más de 15.000 usuarios, y a través de todo ese tránsito, nota una evolución clara:

La edad media se ha rebajado. En los últimos cinco años hemos pasado de recibir personas de entre 30 y 40 años, con adicción a máquinas tipo B y tragaperras, a un perfil mucho más joven, de entre 20 y 30 años, de los cuales la mitad practicaban el juego online."

En esa evolución también entra el tipo de apuesta. Mientras que el auge del juego online lo acapararon las partidas de póker, con el paso del tiempo esta modalidad descendió en la misma medida que fue incrementándose la popularidad de las apuestas deportivas, que hoy son absolutas protagonistas. Buena parte de la "culpa" es de la Ley del Juego puesta en vigor en 2012. Desde ese momento, los jugadores españoles que entrasen a jugar a salas de póker online sólo podían enfrentarse a otros españoles, lo cual bajó el número de jugadores y por lo tanto la cantidad potencial de dinero a ganar. Por otro lado, los impuestos que Hacienda pide a final de año no se cobraban respecto al saldo final, ni siquiera respecto al saldo ingresado en una cuenta bancaria, sino sobre el saldo máximo que se llegó a tener (y generalmente, que no tardó en perderse). Resultado: el interés cayó en picado. Concretamente, un 62% en los primeros nueve meses. El deporte en general y el fútbol en particular pasarían a ser los grandes beneficiados.

El gran problema

Como nos explica el doctor de APEAP, el mayor problema de las apuestas online es que provocan un gasto económico mucho mayor en menos tiempo que los formatos clásicos. "En una tragaperras el tiempo suele ser más limitado por el horario del establecimiento, y no se puede apostar si no es físicamente, y hay un límite natural para la cantidad de monedas invertidas. Con las apuestas online, la cantidad es prácticamente ilimitada.

Normalmente, se suele pedir ayuda entre tres y cinco años después de haber perdido el control. Ahora, con la proliferación de los juegos de azar online y las apuestas deportivas, como el daño es mayor en menos tiempo, el tiempo medio ha bajado a entre uno y dos años."

En los bares

No obstante, las apuestas online son territorio casi en exclusiva de mayores de edad, por jóvenes que sean. Por web o por app, las páginas de apuestas tienen mecanismos de seguridad para comprobar la edad de los usuarios que se registran. Ahí la única grieta de acceso es la suplantación de la identidad de un adulto, normalmente el padre. Se utiliza su DNI para hacerse pasar por él, y a partir de ahí puede ni enterarse de lo que ocurre bajo su nombre. Fuentes del sector nos confirman que sí se han dado casos, pero que su volumen porcentual es bajísimo y que las casas de apuestas no pueden hacer mucho más.

La verdadera vía de acceso a los menores de edad se encuentra en los bares con las mencionadas máquinas de apuestas. Son consideradas como apuestas deportivas presenciales, aunque sean telemáticas. Pese a que su funcionamiento es como las páginas web con una impresora sobre la que imprimir boletos, no cuentan en el volumen de apuestas online. Según Juan Lamas Alonso, de FEJAR, su peligrosidad de cara a la generación de ludópatas es muy alta.

Las máquinas presenciales de apuestas deportivas, normalmente en bares, suponen un problema mucho más grave que el juego online, ya que se socialzia el juego en edades mucho más tempranas. Se crea una cultura del ocio en torno a las apuestas deportivas."

También hay que destacar otro agujero de cara a la prevención y sobre todo la rehabilitación de ludópatas menores de edad: las asociaciones no pueden ofrecerles un tratamiento. De ello se encarga, a través de diversas especialidades y organismos, la Seguridad Social.

Además, aunque legalmente no puedan jugar, para los menores de edad es muy fácil llegar a la máquina sobre la que escoger una apuesta e insertar monedas o billetes. Que exista una máquina en una ubicación física, tan cercana y popular como un bar cualquiera, es un problema. Según Juan Lamas Alonso, "el camarero o el dueño del bar no va a ir a hacer de policía pidiendo el DNI a todo quien se acerque a la máquina".

En APEAP tampoco tratan a menores, pero sí tienen constancia de casos. También admiten que muchos de sus pacientes, mayores de edad, aluden a la adolescencia cuando se les pregunta por la fecha de inicio de la adicción.

Consecuencias

En los mejores casos, cuando se pide ayuda a tiempo, no pasan de dejarse buena parte o la totalidad de los ahorros por el camino. No son infrecuentes pero tampoco todos los deseables. Como nos explican fuentes relacionadas con la rehabilitación de la adicción al juego, en muchos casos lo dramático es que no solo se pierde todo lo que uno tiene, sino también lo que no tiene, bien porque lo ha robado o lo ha pedido.

Nos cuentan casos como el de un joven que con 21 años ya estaba en terapia, con toda su familia arruinada. Consiguió cuadriplicar sus 600 euros ahorrados, pero no tardó en perderlos. Utilizó el DNI de su padre para pedir uno de esos peligrosos micropréstamos convencido de que sería capaz de conseguir el dinero de vuelta sin que nadie en su familia se enterase de su adicción, pero el plan no le salió como esperaba. Resultado: más de 3.000 euros de deuda (con intereses creciendo exponencialmente semana a semana) para una familia que en total ingresaba 1.400 al mes.

Con casos como ese se explica que otro de los dramas de la ludopatía es que acaba salpicando a toda la familia, que se acaba viendo engullida por el pozo sin fondo que supone económicamente la adicción de uno de sus miembros. También se explica que en casi todas las terapias de rehabilitación acudan también esporádicamente los familiares más cercanos. Por lo general, a una sesión de las cuatro semanales que suelen tener.

Otro caso muy revelador fue el de un joven alicantino que se trasladó a Valencia a estudiar. Vivía en una habitación compartida costeada por sus padres. En la segunda mitad de su primer curso, con los 18 acabados de cumplir, se aficionó a las apuestas deportivas. Para cuando acabó el curso se acostumbró a salir menos, a comer menos, a renunciar a cualquier gasto posible que le permitiese apostar más. A veces ganaba dinero, pero a la larga siempre lo perdía hasta que llegase la transferencia mensual de sus padres. Cuando empezó el segundo curso se gastó el dinero de la matrícula apostando y no le quedó más que fingir. Mientras tanto, seguía apostando. La historia terminó cayéndose por su propio peso cuando el boca a boca entre quien le conocía de la facultad conoció su historia y acabó llegando a oídos de sus padres, que vivían a 120 kilómetros. Al menos no se endeudó.

También se han detectado casos de menor gravedad pero preocupantes, especialmente entre menores de edad, que han hecho de los bares con máquinas donde apostar su nuevo centro de reuniones. Por supuesto, en torno a las apuestas. La sangre no ha llegado al río (lo cual equivale a que no ha hecho falta llegar al nivel de pedir ayuda en un centro), pero sí es un síntoma preocupante: el acceso es demasiado fácil y no se persigue con suficiente contundencia el juego prematuro.

Aquí también hay machismo

Las cifras de la ludopatía dejan un dato preocupante: las mujeres suponen el 33% de los adictos al juego de azar en España, pero sólo el 10% de los que acuden a un centro para rehabilitarse. Nos explica Juan Lamas que el machismo que todavía queda cronificado es el principal culpable:

Existe un mayor factor de la vergüenza a admitir que se tiene un problema con el juego, o con gastar dinero que no es suyo. A veces también por su sentimiento de madre. Hay cierto machismo social que sanciona más a la mujer que al hombre."

Es el único dato demográfico que puede llamar la atención, junto a un inicio cada vez más prematuro. Por lo demás, no hay un patrón para adictos al juego, cualquier grupo social es susceptible. Según los datos, el 92% de la población juega a algún tipo de juego de azar, bien apuestas online, bien quinielas, bien sorteos nacionales.

En opinión de Juan Lamas, el mayor efecto sociológico es la presión que recibe la sociedad a través, sobre todo, de la publicidad. A su juicio, "muy agresiva", en campaña constante para que todo el mundo juegue.

El doctor de la APEAP coincide con los porcentajes sobre hombres y mujeres y la ausencia de un patrón o perfil psicológico, y hace otro matiz: en materia de apuestas deportivas no han tenido ni un solo caso en el que el paciente sea una mujer.

También influye el hecho de que ciertos juegos de azar son más aceptados socialmente para los hombres, y otros lo son para las mujeres. Por ejemplo, las apuestas deportivas o las tragaperras están diseñados para hombres, de entre 18-35 años las primeras y más mayores las segundas. Los bingos están más pensados para mujeres.

Publicidad y medios

Actualmente, la regulación de la publicidad de juego online y casas de apuestas se limita a un código deontológico firmado entre operadoras y medios a través de Autocontrol. No obstante, según FEJAR, hay una laguna especialmente evidente: las redes sociales. Existe un vacío legal en ellas, que pueden ser utilizadas como ventana para los juegos de azar sin que se regule al mismo nivel que en otros soportes.

También afecta la publicidad, y casas de apuestas pagan a deportistas de élite para promocionarse. Caso de Pokerstars con Rafa Nadal, Neymar, Cristiano Ronaldo o Ronaldo Nazario.

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De hecho, los equipos de fútbol han supuesto un buen empuje a las casas de apuestas. En la liga española, la temporada 2004-2005 se convirtió en pionera en dar publicidad a estas empresas. Fue el Betis con Globet, una británica. En el repaso que hicieron el El Confidencial a la evolución de la publicidad en las camisetas de equipos españoles se puede ver la tendencia clara de crecimiento, que encontró sus días grandes entre 2008 y 2011: el 25% de los equipos de Primera División estaban patrocinados por casas de apuestas.

Imagen: Jasper Junien
El Real Madrid, patrocinado por Bwin entre 2007 y 2013. Imagen: Jasper Junien

Unibet, patrocinador del Valencia entre 2009 y 2011.
Unibet, patrocinador del Valencia entre 2009 y 2011.

El Sevilla, patrocinado por 888 entre 2006 y 2009. Más tarde también sería patrocinado por 12bet e Interapuestas.
El Sevilla, patrocinado por 888 entre 2006 y 2009. Más tarde también sería patrocinado por 12bet e Interapuestas.

Así, según FEJAR, "los menores acceden al juego por curiosidad, aumenta la prevalencia". En APEAP apuntan a que los juegos de azar y las apuestas son como cualquier otra conducta: se puede hacer un buen uso de ellas; entre el 4 y el 6% de la población acaba con problemas, lo cual significa que entre el 94 y el 96% logran controlar la situación. En un artículo de eldiario.es también se apuntaba otro dato interesante: la fuerte presencia de publicidad sobre juegos online susceptible de ser vista por niños. Por ejemplo, emitiendo anuncios en televisión en horario infantil.

En cualquier caso, los expertos coinciden en que hay tratamientos para cualquier adicción, y que pedir ayuda siempre es una buena idea. Cualquier adicción en general, y el juego en particular, son problemas que se pueden solucionar mediante la rehabilitación. Asimismo, en España echan de menos una mayor vigilancia de las administraciones públicas, concretamente en materia de prevención y tratamientos.