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El origen de las fiestas de Carnaval

Por el 14 de febrero de 2016, 10:00

El Carnaval es una celebración que lleva tanto tiempo con nosotros que ya ni siquiera recordamos de dónde viene. Pongamos remedio a nuestra desmemoria.

El origen de las fiestas de Carnaval
Tomertu - Shutterstock

Las fiestas territoriales o por costumbre ideológica sirven como desfogue social entre periodos laborables, y hay quien las señala en el calendario a la espera de que lleguen y les libren del tedio, y quizá aprovechan para desmadrarse todo lo que no lo han hecho mientras se dedicaban a cumplir con sus obligaciones: esto ayuda a rebajar las tensiones acumuladas en una La esencia del Carnaval es la pura transgresiónsociedad.

Pero hay fiestas y fiestas. Unas nos resultan más simpáticas que otras a los que no consideramos sagrados más que los derechos; la tétrica solemnidad se la dejamos a otros, y preferimos celebraciones tan alegres como los Carnavales, en especial porque su esencia es la pura transgresión.

De dónde vienen las mascaradas

La etimología de las palabras nos cuenta buena parte de la propia historia de aquello a lo que se refieren. En el caso de ‘Carnaval’, pese a la desmemoria generalizada, algunos creen que procede de la construcción latina ‘carne-vale’ o “adiós a la carne”, y la Iglesia Católica había propuesto en el Medievo que provenía de ‘carnem-levare’ o “abandonar la carne”, ya que esta festividad se celebra en la mayoría de los casos justo antes del tiempo de cuaresma, durante el que la mayoría de la cristiandad se supone que se prepara espiritualmente para la Pascua, es decir, la conmemoración del mito de Cristo resucitado, y no consumen carne los viernes como forma de hacer penitencia.

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Carnaval de Colonia - Ilolab, Shutterstock

Sin embargo, del mismo modo que para tantas otras cosas, esta elección no es más que un intento de arrimar el ascua a su sardina. Lo cierto es que hoy coincidimos en que ‘Carnaval’ viene de Carna, diosa celta de las habas y el tocino, y mucho antes, de los homenajes indoeuropeos al dios Karna. O sea, que tiene mucho sentido, por un lado, que la Iglesia no la acepte como fiesta religiosa ni falta que hace, lo que contrasta con la pretensión de su propuesta etimológica, y por otro, su paganismo cuadra perfectamente en la actualidad con el carácter lúdico que esta festividad tiene en cada rincón del mundo donde se encuentra asentada.El paganismo del Carnaval cuadra perfectamente con su carácter lúdico de hoy en día

Fue recuperada durante la Edad Media en Italia, pero sus orígenes pueden remontarse a las prácticas del disfraz y la mascarada en las fiestas romanas dedicadas a Baco, el famoso dios del vino, y de las lupercales, en honor de Pan Liceo, y las saturnales, para el mismo dios que le da su nombre, aquellas a las que la Iglesia sustituyó con la Navidad.

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Carnaval de Río de Janeiro - Celso Pupo, Shutterstock

No obstante, también se las podía encontrar en Egipto para el toro Apis, e incluso hay historiadores que las señalan hace la friolera de cinco milenios en el propio Egipto y la antigua Sumeria, y no hallaríamos demasiadas diferencias entre estas celebraciones y las que deleitaban a la población del triunfante Imperio Romano. No así en lo que la mojigatería religiosa católica las convirtió, un simple desfile de gente disfrazada y con máscaras, sin la manga ancha y el despendole generalizado de los romanos, cosa a la que ha vuelto a tender hasta hoy en día, cuando Carnavales como el Venecia, el de las Islas Canarias, el de Colonia, el colombiano de los Negro y Blancos y el grandioso de Río de Janeiro llenan sus calles de júbilo, ruido y color.Los Carnavales de Venecia, Canarias, Colonia o Río de Janeiro llenan sus calles de júbilo, ruido y color

Hay que decir que todavía podemos hallar la esencia de las bacanales romanas, de las saturnales y hasta de culturas precolombinas y afroamericanas en las distintas versiones del Carnaval, que de todos modos está tan extendido por el mundo tradicionalmente católico porque partió de la conquistadora Europa, primer continente por el que se había extendido, y arribó al americano por los portugueses y los españoles que, desde el siglo XV, se echaron a la mar, llevando consigo tan simpática fiesta.

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