Mantitas antirradiación para “proteger” a tu bebé: la pseudociencia ataca de nuevo
Suzanne Tucker | Shutterstock

Hay que ver lo prostituida que está la palabra "tecnología" en estos días. Y no puedo quitarle razón cuando leo como productos como la balmabag y balmababy de la compañía Balmaprotect, quienes hablan sin ningún tipo de reparo de su tecnología Zero-GHz360. Pero vamos a poner contexto, antes de profundizar. Esta empresa se dedica a vender "soluciones [...] para protegernos de algo contra lo que no podemos luchar, las radiaciones electromagnéticas". En concreto, mantitas y bolsitas antirradiación para proteger de las ondas de radio a los bebés y medicamentos. ¿En qué se basa la tecnología que usa la balmabag? ¿Realmente funciona? ¿Realmente es necesaria? Para los que quieran una respuesta inmediata os decimos, sin lugar a dudas: no.

La "tecnología" tras balmabag y balmababy

Vayamos al primer punto. El primero de los productos vendidos por la compañía es una especie de bolsa para guardar medicamentos (especialmente los "medicamentos" homeopáticos, según aseguran), y protegerlos de la radiación electromagnética. Por otro lado, la balmababy es una mantita para embarazadas y bebés con las que proteger al infante de las mismas radiaciones. Estos productos se basan en la premisa de que las radiaciones procedentes de los móviles, WiFi y otros aparatos tecnológicos son perjudiciales y hay que protegerse de ellas. Para ofrecer dicha protección, la autodenominada tecnología Zero-GH360 (de la cual solo se especifica que usa fibra de plata) aprovecha una fibra metálica en el tejido para crear una jaula de Faraday.

Vayamos al segundo punto, ¿es esto posible? Supongamos que es cierto (no tenemos razones para dudar que usan fibra de plata en el tejido), efectivamente, la fibra de plata podría actuar de jaula de Faraday. Una jaula de Faraday no es otra cosa que una malla hecha con un metal (o sustancia conductora, imprescindible) que "atrapa" cualquier emisión electromagnética, actuando como una jaula protectora. Esa es la razón por la que, por ejemplo, se suele perder señal en el ascensor y similares. Volviendo a balmabag y balmababy, para que funcione, la fibra ha de ser continua y estar cruzada, formando una malla. Cuanto más interrumpida esté la malla, más ineficaz es ante el campo electromagnético. Por tanto, se entiende que la bolsa en sí misma forma una malla casi perfecta (aunque sea irregular).

La mantita, sin embargo, tiene un problema. Y es que solo protege por un lado. Pero las ondas electromagnéticas procedentes de móviles, WiFi, etc, son omnidireccionales y provienen de todas partes. Por tanto, flaca defensa hacen si solo pueden proteger desde una dirección. Por otro lado, la bolsa, que sí podría ser protectora, se puede poner fácilmente a prueba: si colocamos un móvil dentro de la misma y llamamos al número este no debería sonar por encontrarse dentro de la jaula de Faraday. Si suena, es que dicha jaula no está funcionando y, por tanto, tampoco protegiendo de las malvadas ondas electromagnéticas.

El error de la OMS

Ahora vayamos a otra cuestión importante. Más importante si cabe. Balmaprotect ofrece sus productos, balmabag y balmababy, para proteger de algo que, en realidad, no resulta perjudicial hasta la fecha. Al menos según las evidencias científicas. En más de veinte años de estudio todavía no se ha identificado ni confirmado ningún efecto inmediatamente perjudicial en las emisiones de radio (como las de la radio, la tele, el WiFi o el móvil, entre otras). Lo máximo que se ha detectado ha sido que a ciertas distancias estas ondas calientan los tejidos. Y los calientan de una forma parecida pero mucho menos energética (infinitamente menos, de hecho) a cómo lo hacen las radiaciones de microondas. Esto, lo único que quiere decir, es que transmiten energía. Al igual que lo hace el Sol, una bombilla térmica o mil millones de cosas más.

Tampoco puede dañar los medicamentos, porque no tiene energía para cambiar la composición químicaLo que está claro es que este tipo de radiaciones no son ionizantes, es decir, que no contienen energía suficiente para modificar la naturaleza de las sustancias: cambiar enlaces químicos o dañar el ADN. Por tanto, no pueden provocar cáncer ni tumores ni nada por el estilo. Tampoco puede dañar los medicamentos, porque no tiene energía para cambiar la composición química. No obstante, y ante la necesidad de estar seguros, la OMS, junto a otros organismos, están estudiando aún más (y mejor) los efectos que tienen estas radiaciones a largo plazo. No obstante, por ahora la OMS afirma, públicamente, que: "Hasta la fecha no se ha confirmado que el uso del teléfono móvil tenga efectos perjudiciales para la salud".

Entonces, ¿por qué Balmaprotect enlaza a dicho comunicado, si va en contra de su producto? Muy sencillo. Porque parece que los señores de la OMS no saben eso de que el lector medio de internet no pasa de las cuatro primeras líneas del artículo. Así, el segundo punto del artículo, en "Datos y cifras", recita: "El Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer ha clasificado los campos electromagnéticos producidos por los teléfonos móviles como posiblemente carcinógenos para los seres humanos". Esta frase es terriblemente malentendida y, en opinión de muchos, es un error terrible por parte de la OMS colocarla así, sin explicación y sin aclaraciones.

Decir que la OMS afirma que las ondas electromagnéticas son cancerígenas es tergiversar muchísimo esta fraseNo quiere decir que la OMS ni el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer afirmen que las radiaciones sean cancerígenas. O si no, el café, el mate, la carne, y mil millones de sustancias más serían cancerígenas y peligrosas. Lo que dice esa frase es, en realidad, que las ondas electromagnéticas siguen en su punto de mira y se sigue investigando las relaciones que tienen con el cáncer, a pesar de que hasta ahora no se ha encontrado nada. ¿Y por qué se tiene? Porque el número de móviles sigue en aumento y la población se sigue preocupando. Así que la OMS lo único que hace es no pillarse los dedos y hacer su trabajo. Pero decir que la OMS afirma que las ondas electromagnéticas emitidas por los móviles y WiFi son cancerígenas es tergiversar muchísimo esta frase.

Sobre las ondas electromagnéticas

Volvamos a todo lo anterior. Si aún así tenemos miedo a las ondas electromagnéticas, a pesar de que la OMS no considera todavía la existencia de patologías asociadas a las mismas (a pesar de que los defensores del síndrome de "hipersensibilidad electromagnética" se empeñen), varios de los estudios de la organización muestran cómo actúan y nos afectan dichas ondas. En concreto:

"El aparato sólo transmite energía cuando está encendido. La potencia (y por lo tanto la exposición del usuario a las radiofrecuencias) desciende rápidamente al aumentar la distancia con el dispositivo. Una persona que utiliza el teléfono móvil a una distancia de entre 30 y 40 centímetros de su cuerpo – por ejemplo, al escribir mensajes de texto, navegar por Internet o cuando se utiliza un dispositivo «manos libres» – estará mucho menos expuesta a campos de radiofrecuencia que quienes lo utilizan acercando el aparato a su cabeza".

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También afirman que "El empleo del teléfono en zonas con una buena recepción también conlleva una disminución del nivel de exposición, ya que de ese modo el aparato transmite a una potencia reducida*". Y concluyen que: "La eficacia de ciertos dispositivos comerciales ideados para reducir la exposición a los campos electromagnéticos no está demostrada". Dentro de este ámbito, sin duda, se encuadran los productos de Balmaprotect, los cuales utilizan un lenguaje científico para defender un producto del todo pseudocientífico que se aprovecha del miedo y la tecnofobia.

Si siglos atrás el miedo a los coches a motor hacía afirmar a la gente que moriríamos por falta de riego sanguíneo, con todo lo científico que suenan las palabras "presión sanguínea", "aceleración", "fuerza centrípeta" y otras zarandajas, lo cierto es que a día de hoy los coches son una herramienta común y segura. Los móviles, y las ondas electromagnéticas, por el momento, también. Llevan mucho más tiempo del que creemos con nosotros y todavía no se ha podido probar su daño. No obstante, la OMS sigue tratando de buscar posibles problemas. Así que si los hay, tranquilos, que nos enteraremos. Entonces podremos poner soluciones reales y efectivas. Y no como las pociones mágicas que venden algunos.

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