Cómo nos lo ha hecho pasar Robert Zemeckis en el cine
Robert Zemeckis - Gaio.ninja

Entre los cinéfilos, la memoria selectiva es a veces un tanto puñetera, y aunque muchos recuerdan películas que hoy son legendarias por una razón u otra, un hito en su desarrollo emocional, les cuesta acordarse de la persona más responsable de que fuera posible su realización, del nombre de un director de cine como, por ejemplo, Robert Zemeckis, que si bien no cuenta con unos rasgos de autor muy marcados y suele ser académico y mercantil, nos lo ha hecho pasar de fábula en la oscuridad de las salas de cine. Su primera obra conocida es The Lift (1972), un prometedor cortometraje estudiantil en blanco y negra, sin diálogos y con música de jazz sobre una curiosa cuita tecnológica. Y a este le siguió otro corto en las mismas condiciones, A Field of Honor (1973), de humor slapstick muy pasado de rosca.'Back to the Future' es la película más importante de Zemeckis por lo que supone para la memoria emocional de varias generaciones de cinéfilos

La oportunidad de rodar un largometraje le llegó con I Wanna Hold Your Hand (1978), sobre la locura con los Beatles en los años sesenta del siglo pasado, con una excelente interpretación de Will Jordan como el presentador televisivo Ed Sullivan; una película juvenil, atolondrada y, en fin, bastante irrelevante. A continuación rodó Used Cars (1980), un filme que puede encuadrarse en toda aquella pestilente hornada de comedias de Hollywood que mantuvieron al género en coma durante una década. Pero Zemeckis se redimió con Romancing the Stone (1984), una divertida historia de aventuras y romance con una gran química entre Michael Douglas y Kathleen Turner, que presagiaba las buenas maneras en la acción del mito cinematográfico que estaba por venir.

El éxito que llegó en un Delorean

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'Back to the Future' - Universal Pictures

Si digo que Back to the Future (1985) es la película por la que el nombre de Robert Zemeckis debería ser más recordado, por lo que supone para varias generaciones de cinéfilos, y la que marcó en su carrera un antes y un después, no creo exagerar ni un tanto así. Verla es un gozo absoluto, tanto por la prodigiosa mezcla de aventuras, ciencia ficción y humor como por el sólido ritmo, la poderosísima banda sonora de Alan Silvestri y los buenos ratos que nos hace pasar la extraña pareja que forman Michael J. Fox y Christopher Lloyd. Si uno no se emociona en el punto cimero de la escena del baile ni se agarra al asiento durante la secuencia en la que Marty McFly y Doc ponen en práctica su plan de retorno, no tiene ni idea de lo que está viendo.La trama de 'Back to the Future 2' se debe a que Crispin Glover se negó a ser de nuevo George McFly si no le ofrecían más dinero

En el caso de Who Framed Roger Rabbit (1988), el director demostró su habilidad para la mezcla de animación e imagen real, pero algunos excesos e inverosimilitudes del guion la echan a perder. Sin embargo, y como no podía ser de otra manera, Zemeckis se rehizo y arribó a las carteleras Back to the Future 2 (1989), en la que todas las virtudes cinematográficas de este realizador volvieron para ofrecer una historia más enrevesada que la original, elevando el ritmo y multiplicando las escenas emocionantes, y todo con una trama propiciada por el error monumental que cometió Crispin Glover al negarse a interpretar de nuevo a George McFly si no le ofrecían más dinero: los caminos de la grandeza artística están pavimentados con adoquines circunstanciales.

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'Forrest Gump' - Paramount Pictures

Y como esta segunda parte nos dejaba atónitos con un impresionante final abierto, la esperada Back to the Future 3 (1990) vino a cerrar el ciclo, más calmada, con innovaciones temáticas de Silvestri, las mismas bromas referenciales y repitiendo la estructura y momentos concretos de las anteriores, como el despertar conmocionado de Marty con una voz maternal al oído o la persecución tras salir a toda pastilla del local de moda; un broche de oro para esta trilogía que supo aprovechar todas sus posibilidades sin insatisfacción alguna.La otra gran obra de Zemeckis es la oscarizada 'Forrest Gump', incomparable adaptación de la novela de Winston Groom

Y no se merece poco reconocimiento el cambio de registro de la tétrica Death Becomes Her (1992), una entretenida comedia negra y screwball, llena de deliciosa escenas surrealistas, en las que Bruce Willis borda uno de los mejores papeles de su carrera como el débil Ernest Menville, y con una banda sonora de Silvestri, compositor de cabecera de Zemeckis, que tiene poco que envidiarle a lo que habría hecho de ella el apropiado Danny Elfman.

La otra gran obra de este director es, sin duda, la oscarizada Forrest Gump (1994), incomparable adaptación de la novela de Winston Groom, una historia maravillosa de poso conservador, en la que el equilibrio entre el humor y el drama que desgarra ha sido más impecable que en ninguna otra película de Zemeckis, y en la que deja claro su gusto por la utilización de efectos visuales para la creación de imágenes bellas y la recreación del espíritu del pasado estadounidense, como en I Wanna Hold Your Hand y la misma trilogía de Back to the Future. Y Tom Hanks está inconmensurable; sólo por su trabajo en la escena en que le revelan quién es en verdad el personaje de Haley Joel Osment merecía el Oscar que le dieron por su interpretación.

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'Contact' - Warner Bros. Pictures

Contact (1997) es su regreso a la ciencia ficción y al drama, apasionante para los que amamos la exploración espacial y muy emotivo también para el resto. What Lies Beneath (2000), en cambio, es su única incursión en el género de terror sobrenatural por el momento, un ejercicio de suspense que homenajea con claridad a Alfred Hitchcock, que brinda una gran oportunidad interpretativa tanto a Harrison Ford como a la impagable Michelle Pfeiffer, y que cuenta con una de las secuencias que causa la mayor tensión que yo recuerdo haber vivido en una sala de cine hasta ese día, con fría sencillez, sin ampulosidad alguna.Después de ver el hito de la animación con fotogametría que es 'Avatar', Zemeckis debía de haberse ido a llorar a un rincón

Hanks repitió con Zemeckis en Cast Away (2000), película que no debería perderse cualquiera que de veras quiera saber cuál es la experiencia de un náufrago, y no la minucia que es The Martian (Ridley Scott, 2015); porque si Zemeckis pone todo su empeño para hipnotizarnos con su obra más contemplativa y menos comercial de todas, Hanks nos da otro de sus recitales, exigiéndose al máximo a sí mismo.

Y fue con The Polar Express (2004) que comenzó la etapa en la animación de Zemeckis en la que usa la técnica de captura de movimiento, etapa que a algunos se nos hizo demasiado larga. Su tercera colaboración con Hanks, que aquí se multiplica en varios personajes, es una bienintencionada película navideña, muy lejos del gustazo irreverente de Death Becomes Her, que no destaca más que en la briosa disposición visual que es de esperar en este cineasta, y la escena en la que un billete vuela sin control llevado por el viento es el mejor ejemplo de lo que digo.

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'What Lies Beneath' - Dreamworks Pictures, 20th Century Fox

Beowulf (2007) es su adaptación del poema épico anglosajón, quizá el mejor filme de Zemeckis en esta etapa, por su oscuridad y su creativa planificación; y A Christmas Carol (2009), pese a su misma inventiva, se quedó en algo inocente, sin olvidar lo que alguien dijo refiriéndose a ella: después de ver Avatar (James Cameron, 2009), un hito en la misma técnica de fotogametría y estrenada poco después, Zemeckis debía de haberse ido a llorar a un rincón; y no creáis que yo pienso de una forma muy distinta.Quien de veras quiera saber cuál es la experiencia de un náufrago, que vea 'Cast Away', de Zemeckis, y no la minucia que es 'The Martian'

Por todo lo anterior, me elegré mucho cuando supe que el realizador volvía a su cine de imagen real con Flight (2012), pero mi alegría se desinfló un poco cuando contemplé el resultado, pues, quitando quizá la misma y pasmosa secuencia del vuelo, el resto de la película no tiene mucho que ofrecer, ni siquiera con Denzel Washington. Y en The Walk (2015), basada en las memorias del equilibrista Philippe Petit, Zemeckis aprovecha bien todas las posibilidades de sus ingentes medios técnicos para elaborar una planificación visual que llega a ser hasta barroca en algunas ocasiones entre tanta ocurrencia, con enérgicos movimientos de cámara o de enfoque tridimensional, lo que indica que el director chicagüense está en buena forma a ese respecto. Pero hace falta algo más que sus habituales virguerías para impresionar a los espectadores; concretamente, verdadera tensión dramática y una emotividad menos superficial. Esperamos que nos las proporcione en sus próximas películas; ya ha demostrado antes que es muy capaz de ello.

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