La cocaína probablemente sea la droga dura más conocida del mundo. El uso de plantas de coca, de donde se obtiene la sustancia purificada, data de hace milenios. Y aunque sabemos mucho de su química y cómo afecta a nuestra fisiología, todavía hay muchos aspectos que permanecen en la incógnita. Especialmente cuando hablamos de nuestro cerebro. ¿Cómo nos afecta? Especialmente a largo plazo, una de las cuestiones más importantes y menos entendidas. Hasta ahora.

La cocaína y nuestro cerebro

Como ya hemos dicho, existen muchos datos al respecto de cómo nos afecta la cocaína. También cómo nos afecta en el cerebro. Los neurólogos saben que esta droga es un estimulante del sistema nervioso central y que, además, inhibe la recaptación de serotonina. Esto provoca una mayor duración e intensidad de nuestro "sistema de recompensa". El sistema de recompensa, mediado por varios neurotransmisores es el que se encarga de hacernos sentir bien, básicamente. Por tanto, la cocaína produce una sensación de bienestar, euforia y excitación.

El sistema de recompensa está mediado por varios neurotransmisores y es el que se encarga de hacernos sentir bienAdemás, también actúa sobre otras partes del sistema nervioso, reduciendo el agotamiento o, incluso, inhibiendo nuestro apetito o nuestro sistema inhibitorio (valga la redundancia). Pero lo que había pasado desapercibido hasta el momento es cómo la cocaína cambia nuestro cerebro a largo plazo. Es algo importante por una cuestión muy sencilla: la cocaína provoca efectos severos a la larga: adicción, depresión, psicosis... ¿Cuál es el mecanismo?

Para averiguarlo, un equipo de investigadores ha usado moléculas marcadas con el que hacerle el seguimiento a la cocaína una vez que llega al cerebro. Lo que hallaron es que la amígdala extendida, que es el centro de aprendizaje y motivación del cerebro, actúa como un relevo entre la activación del subículo ventral, el centro de "adicción" y el incremento de producción de dopamina, uno de los transmisores principales en el sistema de recompensa. Con el tiempo, al aumentar la activación de la amígdala extendida, el cerebro se vuelve insensible a la cocaína, provocando dichos cambios sobre la amígdala y sus conexiones con el subículo, lo que puede explicar varios de los efectos a largo plazo.

Qué es la cocaína

La cocaína es en realidad una sustancia alcaloide, es decir, un compuesto secundario producido por Erythroxylum sp.. Como ya hemos dicho, esta planta lleva usándose desde hace milenios, no como planta recreativa sino para un uso medicinal y religioso. La cocaína, como muchos otros alcaloides, en realidad tiene como función proteger a la planta. Pero como ocurre con otros alcaloides, también, estas sustancias tienen propiedades que nos resultan atractivas.

galletas Oreo
Valerie Everett (Flickr)

Así ocurre con la nicotina del tabaco o la cafeína del café. Las hojas de coca se procesan y se extrae las sustancia, la cual puede tratarse como cristal o machacarse como polvo. Incluso puede obtenerse sin ser tratada con un ácido para fumarla después. Según el formato, el uso y la composición la cocaína tiene diversos nombres, los cuales también varían según el lugar donde nos encontremos.

La importancia de una droga

Pero ¿qué puede interesarnos del funcionamiento de la droga como para "colocar" a unas pobres ratas y estudiar su cerebro? Conocer los mecanismos con los que actúa la cocaína sobre el cerebro nos permite, en primer lugar, ayudar a tratar sus efectos a largo plazo. Esto ayudará a desintoxicarse más fácilmente a los usuarios que han abusado de esta droga. Pero además, también podría ayudar a muchos otros. Como otras drogas, la cocaína interviene de manera irreversible en el complejo sistema de recompensas.

Es un mecanismo del que solo conocemos partes. Para poder desvelar su funcionamiento hemos de meternos en lo más profundo del cerebro y desentrañar los entresijos de su funcionamiento. Hacerlo nos permitirá no solo tratar a personas con drogodepencias, sino esclarecer muchas otras patologías que hay detrás de problemas de hiperactividad, déficit de atención, psicosis y otros males del cerebros varios. Y es que, por suerte o por desgracia, las drogas siempre han estado en primera línea de batalla de las guerras contra las enfermedades de la mente.