“Pues un poco hasta los…, pero es lo que hay, qué voy a hacer”. No se puede decir tanto en tan poco. Es lo que me responde María cuando le pregunto por su trabajo como captadora de una ONG, una de las conocidas. Tiene 24 años y dos ciclos formativos, uno de grado medio y otro de grado superior. Para no dar más pistas sobre su identidad no quiere que se publique en qué exactamente, pero según ella, “un ciclo que tiene todo el mundo, por mucha demanda que haya es lo que hemos estudiado la mitad de mi generación que no fuimos a la universidad”. Desde los 21 ha trabajado como dependienta en una panadería, en una tienda de ropa y poco más. Ahora lleva unos meses como captadora, y la frase que inicia este párrafo es con lo que ella resume este tiempo.

El día a día

“Al principio te hacen hacer un curso de seis horas por la mañana, luego sales a comer y por la tarde a captar gente. Si no tienes buenas habilidades sociales, olvídate, no pasas el filtro. Y aún así es muy difícil. Imagínate cobrar una mierda por ponerte en mitad de la calle con la carpeta, da igual que haga sol y estemos a 40 grados que llueva en enero, y parar a personas que no conoces de nada para pedirles dinero, que al final es lo que hacemos.”

De una forma u otra, todos funcionan como comisionistas que tienen que superar un umbral mínimo de captación. En los peores casos, ni siquiera hay un sueldo fijo.Cuando le pido que especifique lo de “cobrar una mierda”, desgrana su sueldo: 400 euros fijos al mes por 20 horas semanales (de lunes a viernes) y el compromiso de captar 25 socios mensuales, es decir, algo más de uno al día de media. A partir de 25 socios cobra una comisión por cada uno de ellos, variable en función de la aportación anual que hagan, y que sólo se hace efectiva cuando pasa un tiempo y el socio sigue dado de alta. Si no llega a ese plazo mínimo, la comisión desaparece.

“¿Y si no llegas a esos 25 socios?”, le pregunto. “Pues si tienes 23 o 24, les da igual, más o menos. Si tienes 15, como no te pongas las pilas para el mes siguiente, te echarán. Y si sólo puedes acabar el mes con cinco socios o así, que eso lo he visto yo, a la calle directamente.”

Luego le pregunto por el proceso de selección: ¿en qué consistió? ¿Qué porcentaje de admisión hubo en su caso? “Nosotros fuimos unas 20 o 22 personas a la sede, casi todos de entre 20 y 30 años. Hicieron dinámica de grupo, luego entrevistas individuales con las condiciones, y de los que quedamos, una prueba a pie de calle. Luego creo que quedamos seis o siete.”

La pirámide

María, antes de despedirse de mí, me dijo que si quería más testimonios hablara con un amigo suyo que estuvo en un puesto similar, José Antonio. En cuanto hablé con él supe dos cosas: que acabó mal en aquel puesto, y que la ONG en cuestión (mucho menos conocida) tenía más de sistema piramidal que de captación de socios.

El caso de José Antonio es el más sangrante: sin sueldo fijo, sólo ingresos por captación, instrucciones perversas y un sistema piramidal en toda reglaJosé Antonio es de una ciudad-dormitorio del sur de Madrid y fue a parar a aquella ONG con su sede en el norte de la capital hace algo más de dos años: “llego a la sede y me encuentro al jefe con pinta de tener mucha pasta, se sacó el último iPhone del bolsillo, me estuvo hablando de cómo aunque fuese una ONG se podía ganar mucho dinero si se trabajaba bien y que él había podido comprarse un BMW gracias a eso… Claro, yo me emocioné, me lo creí.”

“Apenas hubo proceso de selección, más tarde entendí que como no pagaban ni un duro, no tenían que seleccionar a nadie, todo iba sobre la marcha. El primer día me sueltan con un chaval un poco más mayor que yo, pero no mucho más, me subo a su coche y me cuenta que se hizo jefe de equipo por facturar más de 1.800 euros en dos semanas. Vamos al centro de Madrid, el tío un hacha vendiendo, se supone que me pusieron con él para que aprendiese y viese que era fácil vender, pero yo me acomplejaba, sentía que hacía el ridículo intentando imitarle, era horrible.”

¿Y los pagos? “Lo primero que te dicen es que vas a hacer dos semanas de prueba, y luego se te contratará y todo. Yo pasé la prueba, pero creo que no había que pasar nada, sólo aguantar y no coger la puerta e irte. Después, el contrato fue un contrato mercantil, yo no tenía ni idea de qué iba esto pero luego supe que con eso no cotizas nada. El sueldo era puramente por comisiones: tanto vendías, tanto cobrabas. Encima te decían que lo mejor para captar era hacer que la gente se sintiese culpable, hablarles de forma victimista en representación de otros, irte a El Corte Inglés de Serrano para que la gente que saliese con bolsas de comprar allí tuviese más difícil decirte que no por los remordimientos."

El sistema piramidal no tarda en aparecer de forma clara: "a mí me daban 20 euros por cada socio que captase, y mi jefe de equipo, el chico de antes, se llevaba tres euros por cada socio que YO captase. Me parece que su superior también, o sea, un sistema piramidal en toda regla. Y en una ONG. Como no tenía nada que hacer en esa época y me daba vergüenza seguir en casa parado seguí más tiempo, pero creo que es el peor trabajo que he tenido en mi vida, lo pasaba bastante mal."

Sobre cómo valora la actividad de aquella ONG respecto a las ONG tradicionales, tiene una hipótesis: "creo que el problema era que la ONG parecía más una excusa, un invento para sacar dinero, que una ONG real, luego supe que con otras no pasa lo mismo, que aunque sus condiciones no sean las mejores, por lo menos no son como en aquella.”

La calle

María me cuenta que entre los grupos de captadores que cubren una misma zona (el mismo tramo de una calle, una plaza, siempre bastante cerca los unos de los otros) se toman a risa la clasificación de los peatones que encuentran, que ya tienen estereotipos para casi todos y que, salvo los nuevos, ya nadie les sorprende, ya han visto pasar ante ellos a integrantes de cada uno de esos estereotipos.

"Lo peor es sentir que eres una molestia para las personas que te ven por la calle, te esquivan, te huyen o directamente te tratan mal."“Está el que te pone excusas que con verle la cara sabes que son mentira, pero al menos tiene el detalle de excusarse; el que ni te mira a la cara ni aminora el paso, el que te mira con cara de odio o asco, el que se pone sarcástico, el patriota que te dice que cuando todos los españoles ganen 1.000 euros o más se preocuparán por los refugiados o los africanos, el que intenta hacer como que no te ha visto… Luego están las señoras que se paran y a lo mejor se tiran media hora hablando contigo pero de hacerse socia, nada… Y eso es dinero que perdemos, mucho tiempo perdido… Al principio llegas a casa con ganas de llorar, desmoralizada, luego más o menos aprendes a vivir con ello… Como siempre vamos en equipos de cuatro, lo hablamos, paramos a merendar… y nos lo tomamos con humor, qué vamos a hacer.”

Otro punto interesante es si es una directriz lo que los peatones ya tomamos por costumbre: que nos suele parar la persona del sexo opuesto. “Se suele decir que dentro de los captadores, las chicas paran a chicos y los chicos paran a chicas porque se nos enseña así. Es mentira, en el curso nunca te piden eso, es algo que te sale natural en cuanto empiezas a trabajar… Si a un chico le para otro tío no le hace ni caso, o peor… Pero si le para una chica, es mucho más fácil que pare. ¿Qué harías tú?”

Tras este matiz, le pregunto si ha tenido experiencias desagradables en torno a algún exceso de confianza. “Yo no, la verdad. A veces sí que hay tíos que me dan dos besos, medio abrazo por el lado, o me cogen del hombro, o me frotan el brazo, se les nota que están faltos de cariño y yo sé que lo que necesitan no es hacerse socios de una ONG sino otra cosa, pero bueno… Mientras no se pasen, en cualquier discoteca te pasa lo mismo.”

En el caso de José Antonio, la experiencia fue peor: “soy un tío pacífico, nunca me he metido en ninguna pelea, pero a veces me daban ganas de liarme a puñetazos con gente que te trataba como basura, hablándote o simplemente mirándote y con algunos gestos… Eso era lo peor, era inaguantable, esa época para mí fue una mierda por todos esos.”

Dinero público

“Si te has dado cuenta, hasta hace unos cuatro, cinco, seis años, no veías a captadores de ONGs por la calle, y ahora hay un montón en cualquier capital de provincia”. Son las palabras de Natalia, una antigua empleada de una ONG religiosa de Valencia. “Antes de la crisis, las ONGs tenían financiación de sobra, pero cuando llegaron los recortes estaban tan cómodas, tan quietas, nunca habían tenido que hacer nada que no fuese rellenar un formulario público para obtener ingresos, que lo único que se les ocurrió fue poner chavales jóvenes a captar socios en plena calle para intentar compensar la pérdida.” Natalia, de paso, me corrobora todo lo que me han contado María y José Antonio, explicándome que en el caso de María incluso ha ido a parar a una que tiene mejores condiciones que la mayoría, y que el sistema piramidal de la ONG de José Antonio no es muy habitual pero sí se sabe que existe.

"Los recortes en subvenciones a ONG's les ha pillado por sorpresa, lo único que han sabido hacer ha sido mandar a chavales a captar a la calle por cuatro duros, por eso antes de la crisis nunca se veían captadores en la calle y ahora están en todos lados."Natalia sabe bien de lo que habla: “antes de la crisis, yo cobraba 1.800 euros al mes trabajando sin presión, con una diplomatura, sin apenas responsabilidades, en una ONG que llevaban unos curas que me trataban genial. Cuando las administraciones locales, autonómicas y nacional empezaron a recortar, me tuvieron que echar casi llorando. Antes de la crisis, montarte una ONG era un chollo con las subvenciones, no había un negocio como el que podías tener en la construcción, pero podías vivir muy bien sin preocupaciones. Eso en 2010 se acabó.”

Los datos le respaldan. Según datos publicados por la OECD, España ya está a la cola mundial en cuanto a contribución con el desarrollo. En 2014, la partida alcanzó el 0,14% del PIB. Antes se había presupuestado un demasiado optimista 0,17%. En cifras puras, 1.426,97 millones de euros frente a los 1.753,17 que iban a llegar. Lejísimos en todo caso de la histórica demanda del 0,7%.

En 2014, el presupuesto bajó un 20,3% respecto a 2013, pero aún más dramático visto en perspectiva: desde 2008, el año en el que la crisis ya había estallado y era innegable, el total ha descendido en un 70% aproximadamente. De cada 1000 euros que recibía una asociación u organización en torno a la cooperación y el desarrollo, siete años después le llegan 300.